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7 propuestas útiles para alcanzar la felicidad en pareja

por Jhovanny
viernes, 10 de octubre del 2008 a las 14:52

felicidad en pareja

                                                                  

7 propuestas útiles para alcanzar la felicidad en pareja

Jhovanny Marte Rosario

24 de septiembre, 2008

7:00 a.m.

 

(Manual práctico para casi casados y ya casados)

 

                                                                     

El matrimonio, como los injertos,

prende bien o prende mal.

Víctor Hugo

 

 

La población mundial crece de manera irreversible y de un modo desproporcionado con relación a los recursos naturales con que contamos  hoy en día los seres humanos. Hay un necio excedente  de habitantes. Pero ¿Qué tiene esto que ver con el amor? Pues muchísimo. A mayor cantidad de individuos asentados en un territorio, menor la posibilidad de poseer la propiedad de algo, llámese tierra, vivienda, amor o cualquier otra cosa. Esto evidentemente aumenta la subrepticia competitividad por la tenencia de algo entre los individuos. En el marco de esta realidad materialista y de pugna solapada, surge por lógica, la rivalidad en el campo del amor. Insisto, mientras más personas comparten un territorio, más probabilidad hay de que seas víctima de una infidelidad amorosa o de que te conviertas en victimario del referido desliz.

Basado en esta concienzuda premisa, ¿Qué puedes hacer tú en esta disyuntiva sentimental, en esta tierra de amenazas constantes, en este maremagnum de incertidumbre, para intentar mantener a tu pareja a tu lado y disminuir la probabilidad de salir desilusionado(a) en el amor? Pues, puedes hacer mucho y más de lo que piensas. Sé que es tarea difícil, pero no imposible. Los límites los pones tú. Además donde hay amor, no existen barreras que no se logren derribar.  Todo empieza en tu mente y muere en ella. Es un asunto de actitud, voluntad, y acción. Ahora bien, debes recordar que tu misión es tratar de reducir la posibilidad de infidelidad, ya que a la larga, todo dependerá del nivel ético de tu pareja, del concepto que tenga de lo que es amar, y de cuánto te ame, lo demás son simplemente intentonas unilaterales para evitar ser burlado en la relación.

Merced al cúmulo de mi experiencia personal en el arte de amar, y apoyado en lo que he visto que otros han hecho, hacen y de seguro seguirán haciendo en mayor o menor medida en el terreno del amor, es que emergen estas proposiciones que podrían servirte de mucho en la búsqueda de tu felicidad y la de tu compañero(a) sentimental.

Descubre mis 7 propuestas útiles y ponlas a prueba y al final saca tus propias conclusiones al respecto. Cada una de ellas representa un día de la semana, las que como un amuleto de la buena suerte, te ayudarán a mantener viva la llama del amor con tu pareja. No obstante, recuerda que estas propuestas te las sugiero a modo de buffet, en donde al final, eres tú quien decides lo que tomarás y/o dejarás, según lo que quieras lograr en tu vida sentimental. Suerte pues.

 

 

1- Primera propuesta: Ama en libertad, pero sin libertinaje.

Si te detienes por un instante a reflexionar en torno al sistema opresor que se nos impone desde que nacemos hasta la muerte, si eres una persona lo suficientemente perceptiva y realista, concluirás que con tu pareja deberías evitar la absurda práctica de creerte amo y señor de la vida del otro. Más abajo comprobarás lo que trato de advertirte.

Una de las dificultades de un matrimonio es tener que lidiar con los problemas no resueltos de la infancia de otra persona, junto con sus frustraciones personales, insatisfacciones espirituales y materiales y la enfermedad del siglo: el vacío existencial. No obstante, en donde hay amor, sobran las voluntades para enfrentar cualquier revés de la relación; cuando es algo distinto al amor que une a las personas, es muy probable que al menor brote de contrariedad  se le dé la espalda al otro. Esto no es difícil de comprobar, sólo hay que llevarse de lo que el sentido común nos diría lo que sería apropiado para la ocasión, fuera de ese recurso de lógico, lo demás es autoengaño. Pero bueno, veamos cómo es que se da la repetitiva escena de la vida de un ser humano, para de ahí sacar conclusiones sabias de cómo no debería tratarse la pareja en el matrimonio.

Veamos en escenario común en el que nos desarrollamos los seres humanos. Primero, cuando eres niño ya tienes a unos padres que te regañan y te castigan por la mínima travesura. Luego, en la escuela los maestros se encargan de constreñirte más con sus reglas de moral y cívicas, las que, en ocasiones, ni ellos mismos son capaces de cumplir. Entonces llegas a la iglesia y te encuentras que hay un dedo acusador que, desde un púlpito, te incrimina de un pecado que nunca has cometido, para luego aterrorizarte con la historia de las llamas del Infierno. Más tarde nos encontramos de frente con una sociedad que no pierde un segundo para criticarte hasta tu manera de caminar. Esta misma sociedad nunca sabe perdonarte un traspié, sin embargo, para reconocer tus virtudes y aciertos es en tantas ocasiones: ciega, sorda y muda.  Luego llegas al trabajo y ahí te reducen la libertad a usanza del sistema feudal (como a un siervo de la gleba).

Y a pesar de este berenjenal  de estresores en que te encuentras, tu corazón te da brinquitos de alegría cuando en el camino se te cruza lo que solemos llamar: nuestra alma gemela. Y es después de un tiempito que te surge la ilusión de formar familia con ese ser especial que te ha robado el sueño y que te deja sin apetito de vez en vez, y ¡zas! Te casas. Entonces ya dado este importantísimo paso en tu vida, cabe preguntarte, ¿En verdad extenderás a tu matrimonio toda  la mutilación de libertad anteriormente enumerada? ¿De veras serás un estresor más en la vida de otra persona que lo único que busca es tratar de alcanzar la felicidad plena a tu lado? Pues si amas con pureza a tu pareja no creo que vayas a ser de aguafiestas en su vida. Claro que no. Por lo tanto, mi propuesta es: ama a tu pareja en libertad. No celes sin fundamentos. No hostigues a tu pareja como detective por causa de tus infantiles inseguridades. El que duda de su pareja sin razones tangibles lo que demuestra es simplemente su inseguridad en sí mismo. ¿Será que no eres capaz de ganarte con amor limpio a la persona que tienes a tu lado? Creo que, por lógica, si no eres capaz de amar en libertad lo más juicioso que puedes hacer es no hacerle perder el tiempo al otro.

Amar en libertad es  permitir que el otro se desarrolle en la vida sin constreñimientos absurdos. Ejemplo común de esto son las siguientes frases de alguien que no sabe amar en libertad: ¿Para dónde vas? ¿Dónde estabas? ¿Con quién estabas? No irás para allá, si yo no voy. No  puedes ir a esa fiesta con esas personas. ¿Por qué llegas a esta hora? No me vengas con el cuento de que se prolongó la reunión. No te entiendo, le haces más caso a tus amistades que a mí… Y una retahíla de frases interminables que delatan las inseguridades que siente el otro hacia uno.

Vamos a estar claro en algo, una cosa es que tú muestres natural preocupación por el bienestar de tu compañero(a), y otra es que esa preocupación se convierta en una actitud militar: hostigante y preponderante. ¿Desde cuándo un matrimonio es una relación de madre a hijo o de comandante a raso que hay que reportar el mínimo detalle de lo que se hace y se deja de hacer en cada hora del día? Amar en libertad es darle el espacio que cada quien merece en la vida. Amar en libertad es  respetar el derecho a la privacidad. Hay que recordar que el matrimonio es parte  del sistema solar en la vida de dos personas, no el Sol alrededor del cual todos los demás planetas, planetoides, lunas y asteroides deben orbitar incesantemente. No planteo una relación de pareja desordenada, sin normas conyugales, ni con libertinaje, sólo indico que ambos deberían permitirse crecer como individuos que son. Propongo un ambiente familiar que reduzca el estrés espiritual que provocan los acosos innecesarios en el matrimonio. Sugiero un amor libre como el viento. Porque al fin y al cabo, lo más parecido al Amor es  la brisa, que viene y se va, y vuelve a visitarnos, sólo para quedarse silbando entre el follaje de los árboles de aquella pradera que más amplitud presenta: la Libertad.

 

2- Segunda propuesta: No trates a tu pareja como a un esclavo colonial.

Del modo que tu pareja comparte contigo su cuerpo y su alma en el lecho conyugal, de igual manera debes entregarte a la división de las responsabilidades que envuelven a un hogar. La carga es menos pesada cuando dos la llevan en los hombros. Como hizo el Cirineo con la cruz de Jesús de Nazaret, así debe colaborar el esposo con los quehaceres domésticos de la casa, a menos que el dinero le alcance para pagar una mucama. En este mismo orden la esposa debe ayudar con los compromisos económicos del hogar. Si ambos sueldos se ponen sobre la mesa para ser utilizados en el pago de las deudas, entonces, esposo y esposa pueden considerarse como pareja, de lo contrario, no. 

Lo ideal en un matrimonio sería que mientras uno cocina, el otro lave los platos sucios, que mientras uno barra, el otro trapee, que mientras uno tienda la cama, el otro bañe al bebé. De este modo no habrá en el hogar ni señor feudal ni siervo. ¿No se aligeraría más la carga  si esposo y esposa se ayudan mutuamente? ¿No tomaría más sentido la vida en pareja si ambos se comprometen a forjar el destino de la relación, juntos? ¿No se fortalecería más la unión si los dos trabajan en equipo? ¿No sería más inteligente esta forma de convivir bajo el mismo techo y en la misma cama?

Desafortunadamente la sociedad en la que vivimos, desde tiempo remoto,  nos ha impuesto un patrón de conducta distinto y un esquema de jerarquía muy diferente de cómo debería ser tratada esta institución sagrada entre un hombre y una mujer llamada matrimonio. Lo tradicional es que el hombre salga de la casa a trabajar y que la mujer permanezca en ella cocinando y atendiendo a los hijos. Obviamente, aunque este sistema de división desigual de roles en el hogar sea absurdo, es verdad que el mismo es un tanto irreconciliable con la realidad misma del milenio. No obstante, si en verdad se quiere avanzar en la búsqueda de la felicidad en pareja, la propuesta debe ser, que tanto el esposo como la esposa adopten una conducta colaboradora y participativa en el hogar, a la altura de sus sentimientos y a la altura de dos seres racionales y humanizados, de lo contrario, deben estar preparados para enfrentar una de las más graves de las pandemias del alma en una relación de pareja: la desilusión amorosa, y en consecuencia, el vacío existencial: mezcla de depresión y desamparo.   

 

3- Tercera propuesta: Sé un eterno detallista.

En la rutina diaria de este mundo de estresores, desde el amanecer hasta el anochecer, de lunes a domingo, y de de enero a diciembre, el corazón humano pueda que se vaya llenando de hastío y en consecuencia de desesperanza.

Entonces cabe preguntarte: ¿Qué puedes hacer tú para amenguar esa delicada y peligrosa posibilidad de sentirse vacío y solo en la vida, aun conviviendo con alguien bajo el mismo techo? Pues, podemos hacer muchas cosas geniales, una de ella es lograr que tu pareja se sienta un ser especial y amado en el universo. Y para esto debes empezar por tomar en cuenta sus sentimientos a través de los pequeños detalles. El verdadero significado de que el esposo  le regale un carro a la esposa no radica en lo costoso y bonito que sea el vehículo, sino en el gesto amable de abrirle la puerta a la dama para que ésta entre a él con más facilidad. La caballerosidad es uno de los mejores regalos que un hombre puede prodigarle a una mujer. De igual modo, el trato amable de la mujer hacia el hombre tanto en público como en privado, es uno de los mejores gestos de amor que una mujer pueda expresarle a un hombre. Si la gente se comprometiera a  adoptar en las relaciones humanas el modo cortés con que trata un camarero de un restaurante 5 estrellas a un cliente, estoy más que seguro que no habría necesidad de tener que legislar tantas nuevas leyes para tratar los crecientes y engorrosos casos de divorcios que día a día se presentan en nuestra sociedad.    

Si es en la implementación de los pequeños detalles es que radica unos de los grandes secretos de mantener una relación amorosa con vida, entonces, no olvides las fechas importantes de ambos tales como: la fecha de cumpleaños de tu pareja, y la del aniversario…Y en verdad te digo que el olvido constante de estas fechas no son pequeñeces en el matrimonio. Recuerda que el corazón humano va a cumulando resentimientos como le sucede al hierro con el moho. Y así un día (el menos pensado),  ese corazón abatido por el desencanto, desata la ira del despecho como una legión de seres malignos para arremeter contra los últimos despojos de lo que fue en vida, una  relación amorosa. Nunca cometas pues, el error de decir que para ti, cualquier fecha en la relación es importante. No es así ni nunca lo será,  porque del modo en que hemos instituido un Día de la Madre, un Día de los Fieles Difuntos, un Día de Noche Buena, un Día de la Independencia Nacional, un Día del Amor y La Amistad, también la pareja instituye históricamente un día especial para esto y un día especial para aquello. Es inevitable; cada pueblo escribe su propia historia como también cada pareja escribe la suya. Y aunque es cierto que el hombre puede enviarle a su mujer un ramo de flores el día más común del año para expresar su amor por ella y de este modo recordarle que ella es alguien muy especial para él, no pases por alto que ya ambos por el hecho de unirse en X fecha o nacer en X fecha ya han reservado en el calendario de sus vidas un número personal de fechas especiales y por tanto, insustituibles.

Siempre me he preguntado ¿Por qué sólo cuando se anda de novios damos serenatas, enviamos flores o nos escribimos cartas de amor? ¿No debería ser esto un gesto permanente del corazón? ¿O es que sólo se ama un rato y  lo demás es pura convivencia humana entre dos individuos comprometidos sólo con el goce de la carne y uno que otros compromisos sociales? En verdad digo, que la única panacea que cura todos los males existenciales del ser humano es el Amor. El amor verdadero. El amor compartido. El amor limpio y sincero. Ese tipo de amor es lo que le da sentido a esta vida, sin él fuéramos simple cosas orgánicas, perdidos en un desperdicio de Universo.

 

 

4- Cuarta propuesta: haz algunas locuras sanas con tu pareja.

No es un secreto de que todos llevamos un eterno niño dentro de nosotros, y que ese niño desea de vez en cuando jugar y hacer travesuras, por las que a veces, la sociedad nos tacha de locos o inmaduros. No obstante, si esto impregna la vida de pareja de más sentido, entonces, ¿Qué esperas para hacer que tu niño y el de tu pareja se diviertan un poco? ¿Qué esperas para echar una pelea de almohada con tu pareja? ¿Qué esperas para salirte de la cama y hacer el amor con tu pareja en otro lugar: en el piso, en la azotea, en otra casa, en cualquier otro lugar que les recuerde a ambos que el lecho conyugal no es el único lugar para amarse en cuerpo y alma?

Vayan a la playa y hagan un hoyo y entiérrense hasta el cuello. Naden, corretéense, arrójense agua y arena, y si es posible hagan el amor en la playa.  Cuando ambos estén lavando, tírense agua, háganse cosquillas y terminen rodando en el piso, haciendo el amor. Saquen un fin de semana y váyanse lejos, a las montañas, a un resort, a un restaurante, a un motel, y brinden por el amor que los unes, por la dicha de estar juntos, por la gracia divina de haberse conocido, brinden por los buenos y malos momentos que han tenido, y por los que les faltan. Tú, te viste de ella, y ella se viste de ti. Tú te haces el caballo y ella que se te monte a horcajadas. Ella te lee un cuento infantil y tú la interrumpes para hacerle preguntas tontas. Hagan palomitas de maíz y vean muñequitos en la tele. Tomen el micrófono y túrnense canciones en el karaoke o hagan un dúo, aunque el gato se asuste. Cuando esté lloviendo salgan a mojarse y a tumbarse en el lodo. O que tal si una noche, juegan a que no se conocen y se van a una discoteca y ahí, él empieza a cortejarte y tú a sonreírle y charlan un ratito, y luego él te invita a bailar y tú le cedes tu mano, después de bailar y beber por un rato, ambos se  intercambian los números telefónicos, al final de la aventura,  él te lleva hasta el umbral de la puerta de tu casa y allí: tímidos, indecisos, temblorosos, con la respiración pesarosa, se dan el más cálido de los besos para dejar sellado una nueva etapa en el amor.

A todo esto yo te pregunto, ¿Por qué hay que ser aburridos? ¿Por qué permitimos que nos consuman las cosas triviales de este mundo? ¿Por qué en vez de criticarnos tanto, no nos dedicamos a inventar una forma divertida de convivir en pareja? Creo que lo que nos hace falta no es un milagro que reviva el amor, sino ser un poco más creativo y entusiasta en la relación amorosa. La clave del amor radica en inyectarle más creatividad a la relación. Echarle ganas al asunto, como bien diría un mexicano.  Eso sí, debo sugerirte que si en esto no vas a ser original y entusiasta, mejor no lo intentes, ya que lo que lograrás será fastidiar el momento.

Hay tres cosas que el ser humano nunca podrá disimular en sociedad: cuando está embriagado, cuando está aburrido y cuando evidentemente está enamorado. Y es que cuando se ama de verdad todo brota del pecho de un modo natural y genuino.

 

5- Quinta propuesta: Combina las técnicas del kama Sutra con algunas del sexo tántrico.

Así como para pintar un cuadro, componer una poesía, entonar una canción, tallar una estatua se necesita arte, de este modo hacer el amor requiere de la misma dosis de pericia. Existe una enorme diferencia entre lo que es: tener sexo y hacer el amor. Muchos tienen sexo, pocos saben hacer el amor. Hacer llegar a alguien al clímax en el acto sexual no es tarea difícil, el reto consiste en lograr satisfacer el cuerpo y el espíritu de ese alguien, a tal punto que esa persona quiera repetir el acto sexual contigo una y otra vez. Lo primero que debemos aclarar es que debe existir una química especial entre tú y la pareja, si no existe esta química, lamento decirte que por más que luches en querer satisfacer a tu pareja, tu intento será en balde. Hay cuerpos que se saben acoplar uno con otro, pero sus almas se repelen, por lo que en un tipo de relación como esta en los amantes sólo se dará un goce de la carne, pero jamás una satisfacción plena del acto amatorio. Pero a veces se da al revés: hay química espiritual, pero en la cama no hay arte para hacer el amor. A todo esto quiero preguntarte: ¿Crees que lograrás convencer a tu pareja de que le amas tratándola en la cama como una cosa o como un objeto sexual? ¡Claro que no! Repito, hacer el amor y tener sexo son cosas muy distintas. Los animales tienen sexo por instinto, para poder perpetuar la especie, pero no se saben expresar amor. Los animales están llamados a aparearse, los humanos a amarse en cuerpo y alma. Esa es la naturaleza de uno y el otro, fuera de esto, todo lo demás es bestialidad, deseo carnal, instinto, lascivia de súcubo, lubricidad de prostitución.  

Si en verdad deseas tener éxito en el plano sexual con tu pareja, te propongo que establezca un circuito estrecho de comunicación en torno a lo que a ambos le gusta hacer en la intimidad y lo que le desagrada. Sé  que, en ocasiones, para no hacer sentir mal a nuestra pareja, cometemos el error de no expresarle que esto o aquello que hace o deja de hacer no me está satisfaciendo a plenitud, no obstante, con está actitud hermética lo que lograrás es agravar más la incómoda situación en la que obviamente tu consorte no debe ser mal visto directamente. Esposo y esposa deben ser amigos confidentes para todo aquello que pueda afectar la relación de manera negativa. Ambos deben ser lo suficientemente maduros para comentarse los inconvenientes. La sinceridad debe ser practicada en el matrimonio todo el tiempo. Por otro lado, es bueno que el hombre procure ser más conocedor de la anatomía femenina, es decir, conocer el mecanismo complejo y delicado de, por ejemplo, el clítoris, el punto G, o quizás algo más sencillo aún, los cambios psico-físicos que padece la mujer cuando le llega el período menstrual. En este mismo sentido, la mujer debe conocer las zonas erógenas del hombre (del suyo), me refiero a zonas específicas, ya que lo que funciona en uno, en otro no se da de igual modo. Sin embargo, es bueno recordar que ni la mujer ni el hombre deberían vivir de supuestos eróticos respecto a su pareja, en otras palabras, ni tú ni tu pareja deben fungir como adivinadores de lo que le gusta y no le gusta a uno o al otro en el acto sexual.  Es probable que a ti te guste el sexo oral o el cunnilingus, mas no así a tu media naranja. Tal vez por una experiencia desagradable del pasado, quizás por un convencimiento personal, del modo que sea, las posiciones con respecto a lo que se debería hacer y no hacer en el sexo debe ser dialogado de manera madura con el fin de buscarle una solución en beneficio de ambos. Cuando se da esta disyuntiva, los dos deben estar dispuestos a poner de su parte para poder superar el tranque. Es bueno recordar que, por ejemplo, todo trauma psicológico producto de una experiencia desagradable del pasado, como una violación, es superable, siempre que la persona muestre interés y voluntad en afrontar la situación.

Cuando en ocasiones el cuerpo nos pide un poco de acción erótica, y la pareja está indispuesta, es obvio que nos sintamos rechazados, y en consecuencia que llegamos a dudar de nuestra potencia sexual, o peor aún, de la integridad moral de nuestro consorte. ¿Será que ya no me ama? Nos decimos a veces. Y así volcamos toda la posibilidad de culpa en lo que podría no tener ni la más mínima cuota de falta en el asunto. Sin embargo, cuántas veces te detienes a meditar si la causa de toda esta indisposición sea por ejemplo, el descuido de tu propio cuerpo: el ovillo de vello púbico, el sudor de tu cuerpo, el escenario inadecuado, el horario inoportuno, el estado de ánimo del cónyuge, o simplemente el estrés causado por un mal día. Personalmente hablando, pienso que uno de los actos más desconsiderados en toda relación de pareja es, por ejemplo, insistirle a tu cónyuge que tengan intimidad  cuando tu pareja no tiene deseo de hacerlo. Para mí, hacer el amor es muy parecido a jugar una partida de ajedrez; deben existir dos personas que tengan ganas de jugar para que el juego sea lo suficientemente interesante. Uno solo que no quiera jugar es razón suficiente como para que no se dé el juego. Nadie juega bien si no tiene interés de hacerlo. De este mismo modo, nadie hace el amor bien si no siente el deseo de hacerlo. Exigirle a tu pareja que intimiden cuando ni el cuerpo ni el alma están dispuestos a la entrega del acto, es en cierto modo desconsiderarla, o dicho de otro modo más llano, es no tomar sus sentimientos en cuenta. Cuando el burro no quiera beber agua no lo arrastre al abrevadero a hacerlo, porque no lo hará ni que lo mates a puros palos. El amor no se exige, se conquista, así como el acto sexual no se pide, se logra de manera espontánea.  Todo es posible cuando lo mueve el interés.

El acto sexual es un momento venerable y debe concebirse como tal y practicarse con la parafernalia de una velada sublime. El cuerpo de tu pareja es un templo sagrado, pero con la salvedad de que este es el único templo en el que el sacrilegio es aceptado, por ser una profanación bendecida por el amor de ambos. Es natural que, cuando la pareja esté recién casada, haga el amor varias veces en una semana, porque la hoguera del deseo está en su punto más ardiente (fiebre del momento), pero como todo en la vida se aplaca, esa llama impetuosa, va, como es natural a atenuarse un poco, como pasa con todas las cosas terrenas de esta vida. Ahora bien, es ahí donde tú y tu pareja deben intervenir para avivar la libido de ambos y evitar que ésta se disipe en el abismo de la desgana sexual.  Es ahí donde deben poner algunas técnicas innovadoras del Kama Sutra y del sexo tántrico. Es ahí donde ambos deben comunicarse sus inquietudes e insatisfacciones, abiertamente, como dos verdaderos adultos, para entenderse y apoyarse uno con otro, con el fin de buscarle una solución salomónica al impasse erótico.   

Siempre he creído que los extremos son peligrosos para todo en la vida. La felicidad radica en el punto medio de las cosas: ni muy dulce porque empalaga ni muy salado porque enferma. Por lo que les propongo que hagan el amor con naturalidad, sin falsear la potencia sexual. Cuando hay amor, no se necesita prueba superflua de vitalidad sexual. No olvides que lo que buscas es impregnar savia a las venas del deseo sexual de ambos para que las almas de cada cual puedan levitarse de sensaciones indescriptibles. El fin del acto sexual no es quemar calorías como se procura en los ejercicios aeróbicos, sino expresarse amor a través de todos vuestros sentidos.

Algo más, al correr del tiempo no vayas a cometer el pueril error de considerarte, con respecto a tu pareja, la última revolución en el acto sexual, la máquina sexual que todo lo que pasa por ti, lo dejas exhausto y satisfecho por siempre y de manera irreemplazable. En pocas palabras, no pavonees nunca de tu energía lasciva, ya que al final de cuentas, el ser humano aprecia más lo espontáneo y constante, y no lo falseado y efímero. Además para que no te vayas a chocar un día con una amarga realidad y luego a decepcionarte, quiero que sepas que en este mundo,  todos solemos ser reemplazables en el puesto laboral y en el corazón humano. Así que ama a tu pareja en la cama y fuera de ella con naturalidad y creatividad sin pregonarlo a los cuatros vientos, o acabarás fastidiando la carne y el espíritu de tu pareja. Innova.

 

6- Sexta propuesta: No peques ni de pensamientos ni de carne.

 Mi padre solía decirme: Nunca desbarates con los pies lo que tanto trabajo te ha costado construir con las  manos. Todos hemos sido testigos de relaciones amorosas que parecían perfectas y felices, y un día, el menos pensado, vemos, absortos, un camión de mudanza tragándose todos los enseres, ajuares y alhajas de lo que una vez fue: una familia unida. ¡Se acabó el amor! Pero ¿Cuál fue la causa? Todos nos preguntamos todavía sin poder creerlo. Luego nos enteramos de que la causa fue la infidelidad de uno de ellos. ¡Ay, los cuernos! ¡Cuántos matrimonios rotos por causa de ellos! ¡Cuántas ilusiones desechas por su culpa! ¡Cuánta dicha truncada por la deslealtad en el amor! De todos los pecados que se cometen, la traición amorosa, es la que menos sabemos arrancar del pecho, por ser una de las más viles y despreciables.

Un corazón, mientras esté herido, no sabrá jamás distinguir entre un santo y un demonio. No creo en el amor: es su frase favorita. Quien suele decir que no cree en la integridad moral de nadie en el amor porque todos son iguales, lo que en realidad está queriendo decir es que no cree en sí mismo, porque todavía no ha sabido superar la desilusión de un amor pasado.

Pero a ti te digo de todo corazón, que si en verdad amas a tu pareja, respétala a toda costa, y si esa persona en verdad te ama, te respetará a ti también. Recuerda que guardando tu voto de lealtad te estás considerando a ti mismo ante todo. Siempre he creído que cuando alguien le es infiel a otra persona, lo primero que hace es irrespetarse a sí mismo, ya que la primera reputación que sale manchada en la sociedad y ante la Ley Divina, es la de ése que descaradamente rompe su voto de fidelidad. Recuerda lo que predica el Nazareno, de que nunca debes hacerle al otro, lo que tú no quieres que el otro haga contigo. Además también toma en cuenta que la infidelidad es como una desacertada estocada que trata de inferirle un torero a un toro en la cabeza: le causa una herida dolorosa, pero no la muerte, por lo que hay una gran probabilidad de que el toro logre la venganza clavándole los cuernos al ofensor en el corazón. La vida es como un boomerang: todo lo que le arrojas, te lo devuelve. Así que aléjate del pecado y las llamas del infierno no arderán para ti. No ama quien engaña a su cónyuge. Ninguna infidelidad es justificable, en ninguna circunstancia. El amor no acepta las cosas a media. O eres frío o eres caliente, pero nunca tibio. O me amas o me odias, es sencillo.

Siempre he creído que quien no confía en su pareja es porque no confía en si mismo. Aquel que no se saca de la cabeza aquello de que todo el mundo es infiel, es porque es débil de carne y bajo de moral, y por tanto juzga a los demás desde la óptica de su propia naturaleza. No arrojes piedras a las ventanas de cristal de la casa ajena, si vives en una que tiene ventanas de cristal.

 

7- Séptima propuesta: Sé tú siempre.

Sí, sé tú todo el tiempo. El ser humano se enamora de la naturalidad de todo lo que lo rodea. Por tanto no procures dobleces para ti, no desdobles tu personalidad, no te afanes en vano por aparentar lo que no eres para agradar a tu pareja, ya que esto lo que hace es que, a la larga, los demás te tomen pena. Déjales las máscaras a los actores del teatro.

No obstante, sé tú mismo no significa que si tú consumes drogas, tu pareja deba aceptarlo, ¡Claro que no! Nada más absurdo. El ser humano nació bueno para que se hiciera mejor para el fin común; por tanto todo lo que no guarde relación con el código moral del grupo es simplemente abominable. No digo que debas ser un ser dogmático, sin ideas propias, sino que practiques el bien en toda ocasión. Sé tú significa expresarte con naturalidad, no con vulgaridad porque dizque naciste en un barrio pobre. Sé tú significa no usar máscaras en el amor, ser genuino en todo lo que haces. Lo reitero, la felicidad de todo en la vida estará siempre en el punto medio de las cosas. Justo en el mismo medio de las cosas.  

Ah, y recuerda esto siempre y grábalo en la tabla de tu corazón: La única garantía de que te tú pareja te sea fiel siempre es que te ame de verdad. Fuera de esto, todo lo demás es posible. Por lo tanto te propongo para tu salud mental y la de tu pareja, que ames sin paranoia. En libertad.

 

 

  

 

 

 

 

De donde yo vengo

por Jhovanny
domingo, 21 de septiembre del 2008 a las 20:53
guardado en

DE DONDE YO VENGO

De donde yo vengo

Jhovanny Marte Rosario

20 de septiembre, 2008

11: 10 p.m.

 

Perdonadme por decepcionaros, oh compatriotas,

pero es que la desesperanza no es una opción,

es un tiranía  que nos roba la alegría.

El autor.

 

De donde yo vengo

cojea la fortuna

Como un perro sarnoso y realengo.

Soy de una tierra donde la gente

Todos los días, más que vivir,

lo que procura  es sobrevivir.

 

 De donde yo vengo

el trajín te sobrecoge desde el amanecer,

hasta el rutinario anochecer.

Y aunque diga lo que se diga,

No es nada poético saber que muchos se van al catre

sin nada en la barriga.

 

De donde yo vengo

La gente ya no se casa por amor,

porque la necesidad y los apuros

han anestesiado hasta el pudor.

En la isla que otros me hicieron compartir 

la gente delata su pena al reír,

 que cuando no es un huracán que nos arruina la casa,

Es el  maldito político que viene y todo lo arrasa.

 

Y es que aquí, los únicos vocablos que se tararean como canción,

Son las palabras deuda e inflación.

Y aún así nos arrean cada cuatro años a la urna,

Para hacer de nuestra esperanza una burla.

 

Es por eso que aunque el patriotero manche mi nombre,

Nunca dejaré de repetir: Maldito, maldito

el hombre que confía en el hombre.

 

 

 

 

 

Eugenesia

por Jhovanny
lunes, 08 de septiembre del 2008 a las 03:25
guardado en

eugenesia

Eugenesia

Jhovanny Marte Rosario

6 de septiembre, 2008

9: 45 p.m.

 

 

Fue increíble el cuento que me narró Pití, el haitiano que trabajaba vendiendo maní toté en la calle. ¿Qué se habría hecho el Pití ese? Pití siempre le temía a la camiona como suelen llamarle los muchachos al autobús de Migración. ¿Lo habrán deportado?

Pues bien, Pití me dijo que cuando él era niño su madre le dijo que hubo una vez cuando en nuestro mundo sólo reinaba el color negro. Según lo que me contó, dizque la gente dormía de día y trabajaba de noche, las páginas de los libros eran negras y las letras blancas, el cuervo era blanco y la paloma negra , las nubes negras daban sombras y las nubes blancas las lluvias torrenciales, el Infierno quedaba arriba y era blanco como Satanás y el Cielo quedaba abajo y era negro como Dios, la oveja mala y rechazada era la blanca, y las negras (el número mayor) eran las buenas y aceptadas, la gran mayoría de profetas, reyes, filósofos, héroes legendarios, artistas, inventores, gobernantes eran igualmente hombres y mujeres negros, el tráfico ilegal de humanos era llamado trata blanquera, pero dizque que no eran atrapados para ser sometidos a tratos inhumanos en esclavitud indefinida, sino para llevarlos a escuelas filosóficas en donde, entre otras cosas,  se les enseñaría  el arte de amar a todo lo creado por la Naturaleza, y a apreciar la estética de la dignidad humana.

Pití me dijo que cuando el Diablo se enteró de este relato fue al Cielo y, airado, le vociferó a Dios, quien lo escuchaba con el entrecejo fruncido:

 ─¿Ves? ¡Te dije que le diera todo a la raza humana, menos la facultad de fantasear!

Me hubiera gustado ser chiquito para toda la vida

por Jhovanny
viernes, 08 de agosto del 2008 a las 05:34
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Niño para toda la vida

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida

Jhovanny Marte Rosario

3 de agosto, 2008

10:21 p.m.

 

 

 

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para seguir tumbando cerezas,

y mangos, y guayabas de cualquier patio,

en cualquier lugar.  

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

y así no parar de volar chichigua,

y verla hacer culebrilla en el cielo,

y entristecerme cuando se me reviente,

y llorar al verla perderse en el horizonte.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

aunque el miedo al cuco

me hiciera mear

la cama otra vez;

y mi madre no parase de regañarme

una y otra vez.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para seguir arrojando al techo

mis dientecitos caídos

 al Ratoncito Miguel,

y seguir escribiéndole más cartas

a los reyes magos.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para seguir jugando

a las escondidas,

y no parar de brechar

a las doncellas por las rendijas.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para seguir soñando a ser astronauta,

y creerme jinete montado

en mi caballito de palo.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

y no parar de mojarme bajo la lluvia,

y no parar de construir

carritos de cartón y ruedas

de jabillas.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para volver a revolcarme en el lodo

con mi perrito, y darle de comer,

y sacarle las pulgas,

y perseguir gallinas con él.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para seguir diciendo verdades inocentemente,

para volver al catecismo de Doña Ana,

y seguir creyendo en los ángeles de la guarda.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

y quedarme llorando en la escalera

al ver a papá marcharse al trabajo,

y luego esperarlo en el mismo lugar,

en espera del dulce que siempre

me solía traer envuelto en un papelito.

 

Me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida,

para no perder la fe en los demás,

y no tener tantos defectos humanos,

y tantos compromisos de adultos,

y tantas desilusiones en el amor;

pero ya ven, nadie es dueño del tiempo,

ni del Universo.

 

Porque heme aquí,

miradme ahora,

preso en un círculo infinito

de vicios y defectos humanos,

 con un hijo tan necio como lo era yo también.

Un hijo quien hoy no escucha mis consejos

 tal y como yo no escuchaba los de papá ayer,

 tal y como el futuro hijo de mi hijo

no los escuchará tampoco de él.

 

Y es que en vida, toda verdad nos parece

un fastidio y una gran estupidez,

la cual solemos apreciar

 como eterna sabiduría

ahí, cuando nos sorprende la vejez.

 

Aún así,

me hubiera gustado ser

 chiquito para toda la vida.

 

 

 

 

Mendigo de amor

por Jhovanny
domingo, 03 de agosto del 2008 a las 15:15
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Mendigo de amor

Jhovanny Marte Rosario

3 de agosto, 2008

8:28 p.m.

 

 

 

Voy por las callejuelas

de tu desdén con las manos

extendidas, limosneando

cualquier sobra de tu amor;

de ese que me supiste dar

las otras noches,

y de la que hoy sólo queda

un flébil suspiro.

 

 

Voy de bote en bote

tras cualquier desperdicio

de tus besos,

aquellos que perdí

cuando me dejaste

de sopetón:

¡No sé por qué aún!

¿Por hastío a caso?

 

Yo era feliz.

¿A caso no lo eras tú?

Te amé de corazón,

quizás tú ni siquiera

me quisiste de verdad,

tal vez por eso

te fuiste de este ya  roto hogar

sin siquiera decir adiós.

 

 

 

Voy por los parques

de este mundo,

en pos de tu grácil piel,

esa piel impredecible

e insaciable.

 

Voy dando tumbos

por las calzadas de la vida

tras los rastros

de las perdidas caricias.

¿En vano será?

 

Tal vez nunca te

vuelva a ver,

quizás te cases con otro,

oh, mi loca muchacha.

 

Mas algo puedo asegurarte:

Puedas que encuentres

a otro hombre que te ame

tal vez más que yo;

y que de hecho,

te comprenda más

que yo, y que

te acomode más

que yo, y que

te dé el hijo

que yo nunca te di,

–eso no es difícil de hallar–,

pero encontrar a otro,

que como yo, se convierta

en un descubridor de

los más hondos secretos

de tu bizarro frenesí,

y en un colonizador

de tus más arrebatas

fantasías sexuales,

eso, muchacha…eso,

 ni lo sueñes.

 

 

 

 

Pinceladas sobre el verdadero político

por Jhovanny
lunes, 14 de julio del 2008 a las 13:57
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EL VERDADERO POLITICO

Pinceladas sobre el verdadero político

Jhovanny Marte Rosario

16 de mayo, 2008

1: 30 p.m.

 

"Aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti."

Yves Montan

 

            El verdadero político es un servidor del pueblo que nace y se hace con singular destreza. El político carismático es un personaje que ha aprendido y maneja el histrionismo de una manera magistral en beneficio de su pueblo. Es hombre de exquisita doblez, porque sabe cuando ponerse una máscara y cuando quitársela para recurrir a otra,  una estratagema, según lo ameriten las circunstancias, con el fin de beneficiar a su gente. Dicen que el imperio de la política es el imperio de la mentira, pero nuestro verdadero político no es un personaje mentiroso por defecto, más bien por necesidad patriótica. Por su puesto, esto sin obviar descaradamente la frase del Nazareno que expresa: "Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libre." El verdadero político sabe manejar bien el arte de la mentira, sin embargo no abusa de tal recurso como lo hace la mayoría de políticos mediocres y raheces.  El verdadero político suele recurrir a la mentira cuando es necesario para preservar la Patria-Estado, porque todos sabemos que no hay Estado sin Patria ni Patria sin Estado.  El verdadero político es un individuo que ha nacido en las entrañas del pueblo, por tanto conoce el dolor del mismo a tal punto que se conduele de su gente procurándole obras de asistencia social a grandes escalas beneficiarias.

 

            El verdadero político es como un oasis en un desierto, entre tanta abundancia de:  lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, soberbia, nuestro político, quien es además un tanto etéreo, se muestra: humilde, templado, caritativo, paciente, diligente, generoso, casto. Lo cierto es que nuestro político ha llegado a este nivel de alta conciencia porque él ha sabido controlar sus emociones y domar sus pasiones humanas. Nuestro político no es una divinidad, ni tampoco aspira a serlo, sino un personaje que ha llegado al cénit de la humanización, y esto lo hace distinto a la gran mayoría, y por decirlo así, un ser eminentemente ataráxico, es decir que ha conquistado la imperturbabilidad de ánimo y de temeros. Sin embargo, nuestro gran político no es un hombre estoico a ultranza, sino un ente de voluntad férrea para auto controlarse en todas las dimensiones sicológicas. Es hombre dueño de sus ímpetus carnales, árbitro de sus flaquezas humanas, y amo de sus más atroces de las aprensiones terrenales. 

 

            El verdadero político no excluye las religiones del mundo, las utilizas estratégicamente para los beneficios del pueblo. El político de verdad cree en un dios, pero no en una deidad de pasiones humanas como la han concebido por siglos los seres humanos. El político de verdad es un hombre enigmático en su credo religioso. En público, se declara un ferviente creyente de Dios, pero no sigue la parafernalia religiosa de la masa que raya en lo absurdo porque su mentalidad luminaria no se lo permite. El verdadero político reconoce que la humanidad precisa de la fe en un dios para amenguar sus vacíos existenciales, por lo que respeta íntegramente la forma sana como el hombre adora a sus ídolos religiosos. Sabe que la verdad es de todo y de nadie, por eso no repudia al judío, ni al cristiano, ni al islámico, ni al budista, ni a ninguna otra filosofía de vida, siempre y cuando no perjudique la paz del mundo. El verdadero político sabe que en materia de teología existen tres inmensas verdades: la tuya, la mía y la verdad, por eso, el verdadero político no suprime ninguna propuesta de fe religiosa, más bien analiza cada una de ella para mejorar su visión entorno a la vida y al destino de la humanidad. Para el verdadero político el taoismo, el budismo, el hinduismo, el shintoismo, el cristianismo, el confusionismo, el islamismo, y cualquier otro conjunto de creencias espirituales responden a todo un entramado de vivencias culturales de un pueblo y por ende todas tienen un fin supremo en la humanidad: llenar de beatitud el corazón del ser humano. De ahí que el verdadero político sea un hombre de un subrepticio sincretismo religioso, ya que en el cielo de su óptica filosófica caben todas las propuestas visionarias sobre la espiritualidad de la raza humana y su rol en el Cosmos.  

 

            El verdadero político estudia bien a sus adversarios como lo hace el médico forense con el cadáver. Cada detalle, por baladí que luzca, le da una gran importancia. Se afana en conocer las debilidades del contrincante para saber por dónde hacerle mella,  atenuarlo y finalmente excluirlo del escenario político. Sin embargo, el verdadero político no es hostigador, ni viola los derechos inalienables del ser humano, siempre que éste no atente con la vida de la Patria. El verdadero político no pierde de vista de que el hombre es un ser bueno por naturaleza, pero que el medio y la necesidad tienden a corromperlo, y por tanto llegan a ser malos y en muchas veces en enemigos de la paz social. Estos son las verdaderas bazofias del terruño amado, por lo que a estos individuos el verdadero político  debe encontrar el modo, o de rehabilitarlos para que lleguen a ser hombres de bien y servidores de la Patria, o de sencillamente aplicarles todo el peso de la Ley. Para el verdadero político la consigna debe ser para este tipo de gente: "O te unes a la Liga del Bien Patriótico o pagas con el ostracismo social."  

 

          El verdadero político se rodea de los mejores hombres de la sociedad, como se rodea el león de las bestias más fuertes del reino animal: elefantes, jaguares, serpientes, tigres, leopardos, panteras, cocodrilos, águilas… El verdadero político sabe rodearse  de todo un imperio de mentes sagaces y espíritus aguerridos. Elige a los mejores escritores, a los mejores científicos, a los mejores estrategas militares, a los mejores religiosos para que colaboren mancomunadamente con él y su proyecto de gobierno. Para tal caso emula la rígida eugenesia del concilio de ancianos espartanos, quienes tenían la difícil tarea de examinar a los niños recién nacido en el Pórtico, si éste no era lo suficientemente bello y bien formado, se le consideraba una boca inútil, por lo que se lo llevaban al Apóteta, al pie del monte Taigeto para arrojarlo al barranco. Nuestro político modelo sabe ganarse con su diálogo ameno y promisorio a estos hombres y mujeres brillantes. Sin embargo, si las palabras no le son suficientes, entonces, los convencen con el poder avasallador del dinero para que trabajen para el bien de la nación. Porque el verdadero político sabe que, en sentido general, el hombre es corrompible debido a su carácter hedonista y su actitud venal. Por otro lado, si las palabras melosas con sus prebendas, sumadas al poder del señor dinero no funcionan, entonces el verdadero político arremete contra el enemigo del Estado para luego arrinconarlo del poder público de algún modo; cuando no defenestrar al adversario de una vez y por todas. Y es que todo nativo debe poner su talento al servicio de la gloria de la Patria, de lo contrario se le debe considerar una fuerza retardataria y por consiguiente, infructuosa; que es lo mismo decir: enemigo ignominioso del progreso nacional. El verdadero político entiende perfectamente que en el ámbito político existen pocos amigos de la Patria, y una pléyade de hombres ansiosos de hacer fortuna a ultranza, por lo que para estos individuos el verdadero político debe agudizar el olfato a su mayor punto, con el fin patrio de no dejarlos sentar en las oficinas del palacio presidencial.  

 

            El verdadero político sabe diferenciar bien entre: utopía social y realidad social. Sabe ceñirse bien a lo real, pero sin dejar de intentar algo de fantasía, ya que de las ilusiones es que se alimenta el alma del pueblo; y porque el verdadero político sabe que los proyectos son primeros sueños y después virtual realidad. Por lo que, ambas cosas las sabe manejar a la perfección, de tal modo que al final de cuenta se pueda satisfacer los anhelos de la burguesía y los ensueños del pueblo. Desde el poder no es muy complejo ser parte de la corrupción si el político sabe legalizar sus fullerías sin dejar rastros, pero el verdadero político no cae en la trampa de los tentáculos de la vanidad y la degradación, por lo que se mantiene con su honra inmaculada. Sólo el falso político  se corrompe y hace que otros se corrompan, siempre y cuando su firma no aparezca en documentos oficiales que lo lleguen a comprometer de un modo bochornoso; para tales fines se vale de segundos corruptos y corruptores del tren burocrático y de aquellos individuos de las bajas esferas sociales, porque para tales actos de corrupción el falso político, zorro e inescrupuloso, no suele dejar pistas de depravación en su gestión. Sabe jugársela como lo hizo Poncio Pilato con los fariseos y el pueblo cuando quería que fuera copartícipe de la sentencia de muerte del Nazareno. El falso político deja que los verdugos del Estado se enriquezcan de a poco, pero dentro del marco de la legalidad que el mismo grupúsculo ha diseñado, porque también robar es un arte, pero como son actos ilícitos deben ser bien balanceados. Entorno al falso político gravita a todo vapor un sistema putrefacto de maldad y bajeza.  

 

          El falso político perfuma todos sus discursos de adjetivos amañados para hipnotizar a la masa, la cual tiende a contentar ladinamente con refrigerio, música y el espectáculo del momento. ¡Placeres a granel! El verdadero político elige con admirable meticulosidad las palabras exactas para sus discursos y nunca excluye de su vocabulario las siguientes: paz, patria, Dios, libertad, progreso, héroes. Es un orientador del pueblo, los educa con sus palabras, los guías por la senda del bien, de la unidad y del amor mutuo. El verdadero político no espera estar en víspera de elecciones electorales para tratar de comprar la conciencia del pueblo con prebendas, pavimentación de calles, remozamientos de parques, otorgamientos de títulos de propiedades y viviendas, porque todo esto es parte prioritaria y constante de su agenda de gobierno. El verdadero político invierte un buen porcentaje del presupuesto nacional en el pueblo, porque sabe que no tan sólo de palabras vive un pueblo. El esfuerzo del pueblo y su apoyo hacia el político debe traducirse en beneficios tangibles para el conglomerado. Sin embargo, el verdadero político no es un sujeto derrochador, para tal caso hace reunir a su equipo económico con el propósito de verificar cómo está la realidad financiera de la nación y la del mundo. En base al examen de esa realidad económica y financiera, el verdadero político pasa al segundo plano de su gestión gubernamental, las prioridades del pueblo. El político cuerdo no tan sólo construye las infraestructuras importantes en el momento, sino que las hace equipar de lo necesario y hace entrenar bien al personal que las dirigirá, tomando en cuenta los más altos estándares de servicio al cliente.

 

            El verdadero político asiste a las homilías de la religión oficial de la nación. Escucha con atención todas las palabras de las autoridades eclesiásticas, por si le tocase decir algo, saber por dónde empezar. En este tenor un político sabio nunca desaprovecharía la oportunidad de ofrecer y cumplir una obra comunitaria para equi sector por que así le fue revelado en su sueño de líder patrio. Sin embargo, el verdadero político nunca busca que se le otorgue algún aura de iluminado o guía espiritual, sino simplemente servir al pueblo desde todas las aristas sociales. El verdadero político reconoce que la Iglesia es un poder influyente en la mentalidad del pueblo, por lo que mantiene siempre unas relaciones armoniosas y de cooperación con la misma. De igual modo, no desdeña a las sectas religiosas, sino que las apoya y las incorpora a su mesa redonda de colaboradores públicos. 

 

           El verdadero político nunca pierde la oportunidad de pactar estratégicamente con otras naciones poderosas. En el marco de los conflictos internacionales funge como intermediario de problemas, pero con un sesgo natural al más poderoso. Como conocedor de la Ley de Causa y Efecto sabe que el poder de cualquier imperio no es eterno, por lo que se sostiene de él, pero no pierde de vista al potencial imperio sucesor, de tal manera que con estos también se relaciona de un modo sagaz. El verdadero político ve el mundo como un terrero con niños beisbolistas de diferentes estratos sociales: uno de esos niños es dueño del bate y la pelota, otros dueños de los guantes y el papá de uno de ellos es el propietario del terreno donde se suele jugar; con todos ellos hay que estar un buenos términos de amistad y reciprocidad, de lo contrario se acabaría la diversión. No obstante, el verdadero político sabe que no de toda grupo internacional se debe formar parte, aunque sí corroborar desde afuera con la paz mundial. El mundo está fragmentado en bloques que protegen unos intereses específicos y otros que exigen reformas sociales, políticas y económicas de corte revolucionarias, por lo que el verdadero político no debe integrarse públicamente a ningún grupo a la ligera, sino después de haber consensuado con los pensadores de su gabinete sobre qué es lo que más le conviene a la Patria en el momento.    

 

            El verdadero político invierte en educación, ya que para poder competir con las demás naciones se necesita de los prodigios de la inteligencia humana. Sabe que del ignorante primero se burlan de él y luego lo esclavizan. El verdadero político sabe que el analfabetismo es una ignominia nacional, que a la larga le causarán estragos a su propio poder, por la razón de que el político no ha sido capaz de formar a su pueblo para honra de todos. El político sabe que un pueblo que es mentalmente pobre es un pueblo que cae en el caos y en el atraso. El político sabe que un pueblo bárbaro es producto de un líder de mentalidad cavernaria cuando no rapaz.  

 

            El verdadero político invierte en salud, y en este punto el político sabe que un pueblo débil en lo corporal es una nación poco productiva y poco apta para defender el suelo patrio de los invasores. Por eso el verdadero político se dedica a trabajar intensamente en programas efectivos de asistencia médica para su gente. No escatima esfuerzos para lograr que todos los habitantes tengan acceso a medicina de buena calidad. Además el político hace que los mejores científicos investiguen las mejores formas de cómo contrarrestar los brotes de enfermedades que surjan en el medio. Invierte en la ciencia  médica para que en conjunto con otros científicos del planeta conciban curas para las enfermedades más mortíferas del planeta, ya que el político no es tan sólo líder de una tribu, sino de todo el conglomerado externo, porque lo de afuera tiende a perjudicar lo de adentro, ya que en el fondo somos una sola tribu, cohabitando bajo un mismo techo.   

 

            El verdadero político invierte en alimentación, porque sabe que el ser humano hambriento baja su capacidad de razonamiento a su más mínima expresión. Sabe que un pueblo con hambre puede constituirse en la peor amenaza para la sostenibilidad de su hegemonía. El verdadero político comprende que si implanta políticas fiscales desfavorables para el pueblo atentando de este modo con la canasta familiar, sabe que esta flagrante traición al pueblo nunca le será perdonada. El verdadero político está al tanto de que un pueblo pueda que con el tiempo olvide uno que otro yerro administrativo, menos que atente con el estómago de ellos. El hambre y la falta de recurso para enfrentarla es una de las razones incuestionables de la delincuencia.

 

          El verdadero político invierte en tecnología y hace que la misma llegue a todos los estratos sociales, poniendo mayor énfasis en que este beneficio llegue a la clase marginada. Y es que el verdadero político sabe que ningún nacional de ser excluido de la red de la Informática, porque el podría estar excluyendo a un genio en potencia del área. El verdadero político reconoce con gran sapiencia que la tecnología es una catapulta para poner a la nación al nivel de las demás con el fin de superarlas. Es de lo que valora la interné como la magna biblioteca del tiempo moderno, pero sin sobrevalorarla en su justa medida. Aunque el verdadero político reconoce que el mundo gira entorno a la filosofía del maniqueísmo computarizado, y que en apariencia el mal parece estar ganándole al bien, no deja de priorizar la transformación del currículo escolar de la Nación, modernizando las aulas de las escuelas con la computadora como instrumento de gran envergadura instructiva.   

 

          El verdadero político invierte en sus fuerzas armadas, porque sabe que las guerras nunca nos abandonarán. El verdadero político sabe que no hay un país en el mundo que se le escape a las amenazas y abusos de otras naciones prepotentes. Sobre todo si el terruño amado es portador de gr