7 verdades crueles en el amor
7 verdades crueles en el amor
Advertencia: Material literario no apto para personas que estén ciegamente enamoradas, ni para gente sensiblera.
La realidad es a la fantasía, lo que es la noche para el día: dos fenómenos que se repelen y dos verdades que son apariencias.
Pensamiento del autor.
1- Pregunto: ¿Es realmente la persona que tenemos al lado exactamente lo que siempre habíamos deseado como pareja? Seamos honestos en esto. La mayoría de personas, por no decir todos, antes de tomar la decisión de casarse con alguien ya han tenido dos o tres fracasos amorosos. Todo lo que ocurre fuera de esta realidad es una excepción extrañísima. La especie de personas que se llegan a casar con el primer novio o con la primera novia sin llegar a ser infiel es una especie en peligro de extinción, sino ya extinta. Más aún, es difícil en estos tiempos que la mujer de hoy en día, por ejemplo, llegue virgen al matrimonio, ya la conservación del himen para ofrendárselo en bandeja de plata al afortunado Romeo es un asunto desfasado, por no decir un milagro social. Nada de esto puede considerarse una inmoralidad o un acto de rebeldía; sino simplemente que el mundo se va adecuando, como siempre ha debido ser: libre de toda payasada de humanos y de todo egoísmo personal.
Admitámoslo sin ironías, por lo general, nunca nos llegamos a casar con la persona de nuestros sueños. El amor es un asunto circunstancial. Ahí te veo, ahí te aprovecho. Sin embargo, le ocultamos este pequeño detalle a nuestra pareja para no llegar a herirla y en consecuencia, para no aguar la fiesta antes de que empiece la embriaguez del lazo conyugal.
No obstante, no dejemos que esta cruda realidad afecte nuestra visión en el amor, y más aún, nuestros objetivos sentimentales. Cuidemos lo que nos encontramos en el camino como un verdadero tesoro, sobre todo si la persona que corresponde nuestros sentimientos conserva y práctica los principios y valores humanos que nos conducen, si no a la felicidad, a algo parecido a ella.
Nunca exijas demasiado en el amor, pero tampoco seas en extremo conformista. Tú mereces lo mejor, no lo olvides. La perfección no existe en nadie, pero al menos tratemos de hacer vida de pareja con alguien que valga la pena como ser humano. Aunque el dinero suele comprar los cuerpos más bellos y fogosos, tú no te desalientes que aunque el grupo que negocia sus sentimientos es mayoría y no para de crecer, tú no te desalientes y no pierdas la esperanza en el amor fuera de este vil trueque de sentimientos. Recuerda que aunque la cizaña sea más que el trigo, esto no significa que todo está perdido, ni que todos seamos malditos.
En la loca ruleta rusa de la vida no siempre se le debe de pegar el tiro al más desaventajado, a veces las cosas se revierten a nuestro favor. Ten fe, pero como muy dice la frase popular: A Dios rogando y co el mazo dando. Aunque lo que tengas al lado no es exactamente lo que esperabas como pareja, no seas tan estricto (a) contigo mismo (a), mira que de cualquier yagua vieja puede salir tremendo alacrán. ¿Verdad?
Quiero compartir un consejito muy sabio para tu felicidad: Si quieres reducir el riesgo de infidelidad en tu pareja, a la hora elegir a tu pareja, haz un balance de cuerpo y corazón, es decir que debes seleccionar a alguien de belleza aceptable para ti, pero que tenga un buen corazón. En última instancia, la belleza del corazón será siempre lo más fiable para tu felicidad. ¿Por qué? Pues porque en un buffet la mayoría de los cubiertos van a pinchar las mejores carnes del manjar, pero los vegetales (lo mejor para la salud) son rechazados por la colectividad. Es decir que en sentido general la belleza física es procurada por casi todos y esto aumenta el riesgo de que otros quieran despojarte de tu pareja. Es como dejar un venadito muerto en medio de una docena de buitres hambrientos. La consigna es pues: ni muy bonito ni muy feo, sino aceptable. Pero recuerda, esto no es póliza de seguro en el amor, ya que sólo busca reducir la probabilidad de perfidia, lo demás es asunto de integridad personal.
¿Qué tú le das mucho amor y que no la engañas para recibir lo mismo? No seas ingenuo y no te creas el último vaso de agua del desierto, que siempre habrá quien se entregue más que tú a una relación. ¿Qué eres un experto en la cama y que la enloqueces con tus técnicas de amar? No seas tonto, siempre hay alguien más toro que tú, dispuesto a dar más por menos. Nunca te creas el creador único y definitivo del Kamasutra en el cuerpo de alguien. El mundo está lleno de seres que no dejan de forjar extravagancias exquisitas en el arte de amar. Aun así, para la fidelidad en el amor no hay garantías, así que cruza los dedos y espera hasta el final, pero que esto de la infidelidad no consuma tu espíritu, ni mucho menos te robe el sueño, simplemente ama con intensidad a quien tienes al lado hasta que esa persona no se canse de ti o te traicione o viceversa.
Si llegas a ser una víctima más del engaño, no cometas el error de perdonar, olvida a ese falso amor que jugó con tus sentimientos y busca tu felicidad en otro cuerpo, en otro corazón. No olvides que lo que menos tenemos en la vida es tiempo para malgastarlo por alguien que no te respeta y que en conclusión, no vale la pena. Tampoco vayas tachando a todo el mundo de traicionero, porque hay de todo en la viña del señor. Los cordones umbilicales no se cortan todos con el mismo bisturí. El mal no deja de atacar, pero el bien no se cansa de resistir. Para ese que juega con tu tiempo y sentimientos: Borrón y cuenta nueva. Nadie es indispensable en la vida y todos somos sustituibles. Recuérdalo siempre.
2- Ahora bien, posiblemente te llegues a preguntar: ¿Por qué ya mi pareja no es tan detallista como antes? ¿Es que ya no me ama? ¿Es que tiene a alguien más? La neta es que toda relación amorosa empieza tan ardiente como un horno encendido, pero luego se nos va apagando el hacho de a poco; es decir que la fiebre de enamorar y dejarnos enamorar se nos va bajando gradualmente hasta llegar a su mínima expresión, o más bien diría, al nivel en donde siempre debió empezar: el punto medio, el punto de equilibrio en donde van a parar todas las cosas este mundo.
El amor es la única edificación humana que, por lo general, el ser humano la empieza a construir de arriba hacia abajo. Primero la atracción física, luego el flechazo, más tarde el asfixie, para terminar como termina un volcán después de hacer erupción y vomitar todo de su entraña, aplacado. Si embargo, el verdadero fuego empieza con una llamita que si no la apaga el viento, puede llegar a consumir todo un bosque entre sus feroces llamas. El amor es neciamente al revés, empieza como un fuego devorador para terminar en una flébil llamita, la que a la mínima brisita, se apaga. Y es que todo lo nuevo provoca curiosidad y euforia al principio, luego la decadencia. A cada alba le llega su ocaso. Nada es eterno. Todo es perecedero.
Como es natural, todo lo nuevo es motivo de aleluya para el ser humano. Por esta razón no es raro vernos hoy vueltos locos y sin ideas por un nuevo amor y mañana comportarnos con marcada indiferencia con ese amor. No es raro, así es en cierta medida, la naturaleza humana: insaciable y paradójica. Por eso, la innovación en la pareja es una difícil tarea que debemos tratar de sostener todo el tiempo, pero esto intento de resucitar osamentas antiquísimas no constituye una certeza absoluta de que una relación, que va en aparente picada hacia su abismo, se salve. La única esperanza de que la relación continúe viva es que la pareja se ame mutuamente con entrega y sin trampas, de no ser así, seremos víctimas seguras del juego sucio de la infidelidad. Ojo con esto.
Recuérdalo siempre, el único oxigeno efectivo para que la relación amorosa siga respirando es el amor mismo, el amor mutuo de la pareja, lo demás es aire enrarecido para los pulmones de los sentimientos, es veneno, es peligro.
No obstante, aunque todo tiende a ser desgastable en la vida, en la práctica, debemos seguir conviviendo con nuestra pareja, para evitar quedarnos solos en nuestra postrimería. Sin embargo, todo aquel que pueda vivir solo sin resentir con el mundo, pues que lo haga, siempre y cuando esto signifique menos vacío existencial, es bueno. Porque hay quien puede ser más feliz solo que acompañado. Sobre todo cuando la persona está dedicada al Arte o la Ciencia. En la vida todo es posible. Aunque lo natural sea vivir en pareja, esto nunca llegará a ser una regla obligatoria, porque cada quien tiene derecho a buscar y percibir la felicidad del modo que más le convenga siempre que no perjudique a los demás.
Un ejemplo muy vivido por todos es el siguiente: Al principio de la relación, nuestra pareja se dirige a uno con palabras afables y es difícil que no recurra a las normas de cortesía para solicitarnos algo, o externarnos algún cumplido: (por favor, gracias, me disculpo, perdóname por lo que dije, ¿te gustaría…? ¿Ya comiste? Espero tu llamada. Soñé contigo anoche. Y un largo etcétera de detalles, los que nos envuelven el alma en una burbuja mágica.
Sin embargo, pasado un tiempo, la pareja entra en confianza con uno (el principio de la desdicha) y todo se vuelca en perjuicio del amor. Pasamos de la civilización a los tiempos primitivos, en donde hasta el sexo ya no se conquista, sino que se exige y en el peor de los casos ya ni se disfruta, por lo que cuando se procura la intimidad se llega por compromiso conyugal y nada más.
Por otro lado, nos quedamos esperando los regalitos de antes como se quedan esperando los niños a Santa Claus: cada año más desencantados. Las cartas de amor se convierten en mitos, las palabras dulces que nos hacían enrojecer las mejillas ya son historias muertas del ayer, de los besos ardientes de antaño que nos trasportaban a la luna se nos convierten en exhibiciones de piezas de museo con restricciones. Ya no nos invitan a salir, nos ordenan ir, cuando no nos saltan con la vieja historia de nunca acabar del derecho a la privacidad que cada quien tiene, nos exigen que se les dé espacio para realizarse como personas. En fin, ya la sábana con la que ambos solíamos arroparnos con complacencia, ahora nos resulta dizque muy pequeña y entonces se cumple la sospecha, cada quien tendrá su propia sábana y quizás, camas separadas. ¡Adiós a los besos apasionados! ¡Adiós a las veladas románticas! ¡Adiós a la magia! ¡Adiós al sexo con pasión! ¡Y bienvenida a la realidad de todo!
Es pues una realidad que con el tiempo muchas parejas llegan a detestarse como se odiarían una pantera y un tigre metidos en la misma jaula. Aun así, muchos permanecen juntos por compromiso social, a veces por los intereses económicos envueltos, otras veces por el "bienestar" de los hijos, o simplemente por miedo al cambio, y en última instancia para evitar la fatiga de tener que empezar desde cero con alguien más, para orbitar otra vez en la misma elíptica de escenas repetidas.
Como bien dije anteriormente, tú mereces tener a alguien que valga la pena a tu lado, pero si notas que ya la relación está rayando en estos espasmos amorosos mi mejor sugerencia es la ruptura amorosa y un cambio de 180° a tu vida. Total, la gente nace sola y se muere sola. ¿O acaso has visto un amor siamés? ¡Pamplinas! Grávalo en la tabla de tu corazón, el amor es situacional, no es destino, no nace, se hace. Y como muy bien dicen por ahí: mejor solo que mal acompañado, por su puesto, sin resentimientos ni vacíos existenciales.
3- ¿Realmente amas a quien tienes a tu lado, o más bien están juntos porque una fuerza mayor fuera del amor los mantienen juntos? Con el tiempo llegamos a confundir la costumbre con el amor. "Buena" alucinación. Pero con el paso de los años pasamos de ser amantes deseados, a ser amigos de cama y a veces un gobierno de facto, algo así como un invasor, que es lo mismo que fastidio disimulado. Duele saberlo, pero es la realidad. Adaptación es la solución.
Convivir prolongadamente con alguien pueda que provoque unos síntomas de empatía similar al que podría manifestar un rehén con un captor bonachón, con quien la víctima podría llegar a identificarse. Este es el clásico Síndrome de Estocolmo. Algunas parejas siguen juntas (sin amor) por agradecimiento, otras por la pena que le provocaría abandonar después de tanto tiempo a quien estuvo a su lado en las buenas y en las malas. El punto es, que todas estas situaciones crean un estado de confusión tal en la pareja, que es difícil saber si lo que se vive es amor o es un simple hábito, como el que suelen presentar los hermanos que no llegan a separarse del todo.
4- Creer en el Destino en el amor es la forma más ingenua de autoengaño. La Ley de Causa y Efecto es la lógica de todo lo que existe en el Universo. Fuera de esta razón de existencialismo nada se da. Si te cae una piedra en la cabeza es porque alguien la arrojó de algún lugar. Una casa no se desploma sola, alguna fuerza mayor hace que colapse: el tiempo que todo lo pudre o la mano del hombre que tanto construye como destruye. El azar no existe. Es pura imaginación pueril pensar lo contrario de la lógica de las cosas. De cualquier modo, no es tan malo autoengañarnos un poco con esto del destino en el amor, ya que de algo mágico debe alimentarse el corazón.
Un ejemplo claro de lógica es el siguiente: Si viajas a Canadá y te enamoras de alguien en ese país, que también te corresponde, no vengas luego con el cuento viejo del Destino. Simplemente viajaste a esa nación y las circunstancias provocaron el encuentro y punto. El Universo no conspiró para que se diera ese episodio en tu vida. Dios no intervino en las fibras de sus corazones para que surgieran de ambos la química de amor. Además Dios no es ni puede ser alcahuete de nadie, no debe interferir en los asuntos de los seres humanos para poder estar libre de culpa el día del Juicio Final. En algo estoy más que de acuerdo en el amor, y es en que la historieta de las almas gemelas no es, ni ha sido, ni jamás será algo real, pero al menos nos entretiene un poco y además evita que el corazón se oxide.
5- Los años convividos con alguien provocan bostezos a la relación, sobre todo cuando alguien se casa muy joven. En este caso los suspiros se multiplican para luego convertirse en un mal llamado: hastío. Siempre debemos estar preparados para lo peor en una relación, pero claro, sin dejar de intentar de inyectarle vida a la misma. Como todos sabemos, no siempre se gana en el amor, muchas de las veces se pierde. Por lo tanto, siempre conserva una coraza para los dardos críticos que te hostigarán por todos los flancos, y por su puesto, ten preparada una buena garganta para los tragos amargos de las desilusiones. Recuerda esto siempre: a la guerra se va a perder o a ganar. ¿Es guerra el amor? Para muchos es sólo una escaramuza, para otros un armagedón. Lo cierto es que todos entramos al juego de los sentimientos y cada quien recibe en el proceso lo que da, uno menos, otros más.
¿Qué es lo que hace de eso que nos parecía un sueño hecho realidad que se convierta en todo una pesadilla? Este fenómeno de desamor no es complejo explicarlo. ¿Qué le suele ocurrir a dos hierros que constantemente se friccionan durante varios años? Obviamente se carcomen hasta descomponerse. ¿Ocurre lo mismo en el amor? En sentido general, sí. O a caso ya se nos olvido el refrán español que dice: "tanto va el cántaro al pozo hasta que se rompe." ¿Qué significa esto? ¿Qué debemos constantemente cambiar de pareja hasta que nos llegue la vejez? Por su puesto que no. Lo que sí debemos hacer para, más o menos, evitar ser víctima del aburrimiento con la pareja es: Primero: estar consciente de que el descenso de la pasión en el amor es algo natural. Segundo: no quedarnos de brazos cruzados hasta esperar que la relación se convierta en una carga insostenible sentimentalmente, es decir, hacer cosas nuevas en pareja sin caer en extravagancias de las cuales deba uno arrepentirse luego, cometer algunas locuras espontáneas, retozar de vez en cuando es aprovechable en cierta medida…. Y tercero: dar libertad a la pareja para que se realice como ser humano. No encadenar, no poseer, no esclavizar, no obsesionarse con su persona, en pocas palabras no joderle la existencia al otro. De este modo los años en convivencia con otra persona no le harán mella a la relación.
Compartir espacio con otra persona no sería tan complicado si no existieran las obsesiones, el juego del triángulo amoroso y la monotonía en la actividad amorosa. El amor no es aburrido, uno es el aburrido que aburre el aburrimiento de otro aburrido. No seamos perezosos pues y convirtámonos en verdaderos artistas en el amor. De no ser así, mejor no nos enamoremos, de este modo ni llegaremos a frustrarnos tanto en esta vida y evitaremos que seamos la causa de que otros también se resientan del amor.
6- El amor no es material, pero la carne sí que lo es. Por esta razón y otras, inmanentes al caso, es ya común que mucha gente subaste sus sentimientos al mejor postor. Sacrifican el amor por intereses personales. Unos lo hacen por su carácter larvario y acomodaticio, otros por la más vil de las codicias, en este grupo entra la mayoría: Jovencitas que se casan con señores que podrían ser perfectamente sus papás o abuelos. Muchachas que se entregan a un extranjero por el pasaporte con el fin de "salir" de la miseria (en el caso de quienes nacen en países tercermundistas). Personas que se fijan exclusivamente en el atractivo físico de alguien, aunque ese alguien sea una verdadera mole de mediocridad y pobreza espiritual. En este sentido de indignidad nos vendría muy bien la siguiente pregunta: ¿Te quedarías con la pareja que tienes ahora si llegaras a ser millonario con un billete premiado de la lotería? O al revés: ¿Se quedaría tu pareja contigo si fuera ella quien se sacara el premio? La gran mayoría de las personas de seguro que dirían que por nada en la vida dejarían a su compañero (a). Sin embargo, estoy más que seguro que pasado un tiempito un porcentaje bien alto de personas manipularían la situación con mucha estrategia para divorciarse o separase de su pareja. Y luego… ¡la "buena" vida con alguien diferente! Te has puesto a pensar por qué un tipo de poco atractivo físico y probablemente poco intelectual, pero quien es rico lleva en su carro, a su lado, una mujer joven y bella. Nada más lógico. ¡El dinero le proporciona ese lujo! ¿Quién ha visto en las sociedades de este mundo a una jovencita bella y rica ir en pos de un señor pobre y quien le dobla la edad?
Este mundo está plagado de discriminación y prejuicios por todos los puntos cardinales. El materialismo se ha apoderado de los sentimientos. El capitalismo ha dañado el amor. La Tierra está llena de corruptos y corruptores, de manipulados y manipuladores, de sádicos y masoquistas. De lobos y zorras. De extintores de sentimientos, de locos y malditos. Pero dentro de esa gran mayoría torcida, existe esa maravillosa minoría que no se doblega ante nada, esos que no comercializan sus principios. ¿Estás tú entre los buenos de la película? No es raro que los amores subliminales de Romeo y Julieta hayan sido producto de una novela trágica de un escritor europeo y romántico. Cuando la gente escucha la palabra éxito la asocia por lo regular con dinero. Esto no es extraño en un mundo en donde hasta el oxígeno que se respira le gravan impuestos. Y es que nadie quiere habitar una casa de cartón ni encontrar en la mesa mendrugo y agua, y en el peor de los casos, nada. A todo esto mi progenitor solía decir que la peor enfermedad de este mundo es la pobreza y la vejez su agravante. No obstante, sé que la pobreza en un ser humano es relativa; ya que hay quienes tienen mucho y no son felices; y hay quienes no son del círculo de los adinerados y, sin embargo, su satisfacción por la vida es envidiable. En resumidas cuentas, en el punto medio de las cosas, siempre encontraremos la solución a todos los conflictos de nuestra existencia. Ni vendas tus sentimientos ni tampoco lo pongas en baratillo. Defiende tu dignidad a ultranza. Que se pierda todo menos tu derecho a la felicidad.
7- Todo queremos amar y ser amados, pero es más cómodo que te demuestren amor de mil maneras a tu demostrar que amas a alguien. El ser humano siempre busca un modo de evitar responsabilidades que signifiquen esfuerzos de toda índole. Toda mujer sueña con tener a un hombre que la haga sentir mujer, no que la haga aparentar mujer, del mismo modo el hombre busca a esa mujer que lo haga sentir hombre y no que lo haga parecer un hombre en todos los sentidos.
Estoy seguro que todos sabemos cuál es la forma de hacer sentir a alguien, como lo que debería ser y no como lo que debería aparentar; pero a todo esto surge la gran interrogante: ¿Estás tú en disponibilidad de pagar ese elevado precio en el amor? He ahí la cuestión de toda relación amorosa. No obstante, hay quien tiene esa disponibilidad de entrega a la pareja, pero resulta que la pareja no muestra con hechos palpables que ama, he aquí la disyuntiva, este tipo de pareja dispareja es una perfecta candidata para el inscribirse en el club de las parejas potencialmente arruinadas. ¿Por qué? Pues dime, ¿Cómo puede un solo lado de pinzas cortar un alambre? Nunca lo hará. Del mismo modo es el amor: un asunto de dos.
A mi parecer, en la gran mayoría de relaciones sentimentales se da que uno está enamorado, pero el otro no. ¡Fracaso a la vista! Y el amor es, como escuché decir por ahí, la cosa más exigente: a todo o no nada. Y es que también en el amor, no son todos lo que están ni están todos los que son. Hay de todo en la viña del señor, pero en nuestra viña sólo hay dos cosas seguras: seres que aman sin ser de igual modo correspondido, y seres que son correspondidos, pero que no aman. Y esto, en el fondo, duele. No hay dudas, hace daño. Para todo esto, prepárate. El juego es simple: o te adaptas al sistema o el sistema acabará por hacer que te suicides. Mantén los ojos bien abiertos para todo y, que tengas mucha suerte en el amor, aunque la única suerte que conozco es el amor mutuo que tan solo se alimenta del fruto de la entrega incondicional y el esfuerzo de perpetuarse por los siglos de los siglos.
El autor: Jhovanny Marte Rosario
Santiago, Re. Dom.
11 de abril, 2008
12:14 a.m.
www.literaturaquisqueyana.obolog.com
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