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Algo malo va a pasar hoy

lunes, 09 de julio del 2007
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Algo malo va a pasar hoy

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

7 de julio del 2007 (6:30 p.m.)   

 

                       

 

La superstición es a la religión

lo que la astrología es a la astronomía,

la hija loca de una madre cuerda.

Voltaire    

 

 

—Pedro, tengo un presentimiento. Algo malo va a pasar hoy —dijo ella, nerviosa. 

—¿Oh sí? ¿Y por qué lo dices, Querida? —inquirió él sin dejar de hojear el periódico. 

—No sé, Pedro, sólo que mi sexto sentido me dice que algo malo va a pasar hoy —explicó ella. Acto seguido sorbió un trago de café, afeando la cara por lo caliente que estaba éste.

 —Bueno, sólo espero que no sea a mí a quien le caiga el maleficio —comentó él de forma socarrona. 

—No te burles, Pedro. Hablo en serio. Dime, ¿Qué fecha es hoy? 

 —Pues, a ver… 6 de junio de 2006. —¡Lo ves! ¡El 6, 6, 6 es el número de la Bestia!

 —Oh, por Dios, Querida, qué tonterías dices. Hoy es un día común y corriente como cualquier otro.  

—¡No! ¡No lo es! Mi corazón no me traiciona, algo malo va a pasar hoy. Cree me, Pedro. El corazón me está dando unos brinquitos extraños. 

—¿De verdad? Entonces haz una cita con tu cardiólogo, Querida. 

—Pedro, no me tomes el pelo, por favor. Te digo que algo malo va a pasar hoy y algo malo va a pasar. Escucha bien señor incredulidad, como estoy segurísima de que algo malo va a pasar hoy, no saldré a la calle ni por asomo. 

—Muy bien, Querida. Para empezar a exorcizar tu superstición, ve a la habitación, pon música clásica o haz yoga. Eso te relajará un poco. 

—No es mala idea. Haré yoga. De cualquier modo, sé que algo malo va a pasar hoy. La fecha no es pura casualidad.  

Ella se retiró con una mirada paranoica. Él por su parte siguió leyendo el periódico. Tanto lo leyó que se quedó dormido en el sofá, roncando como oso invernando en su cueva. Una hora y pico después, despertó de sobresalto, fastidiado por un prolongado timbrazo de la puerta, entonces, sulfurado, fue a abrir la puerta. 

—¡Oh, doña Eulalia ¿Cómo está usted? ¡No la esperábamos hoy! 

—No seas inepto, Pedro duraste demasiado para abrir. Dime ¿Dónde está Isabel?

 —¿Isabel? 

—¡Aquí estoy madre! Estaba haciendo yoga en la habitación. 

Madre e hija se dieron un efusivo abrazo. Pedro entonces recordó la conversación  anterior que sostuvo con Isabel, aclaró la garganta y le dijo a los oídos: 

—Querida, tu corazón no te engañaba con lo del 6, 6, 6. 

Lobo bajo una luna llena

jueves, 05 de julio del 2007
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Lobo bajo una luna llena.

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

3 de julio 2007 (7: 06 a.m.)  

 

 "La lujuria nunca duerme.

No me importa, yo soy insomne."  

 

A Clary:

Una mujer hecha de amor puro

y gran erotismo.   

 

 

Esta noche / mujer,

recorreré la estepa

de la pasión

tras los oleres

de tu piel. 

 

Beberé de la pócima

de tu luna llena

y me convertiré

en un lobo feroz.

Tu hombre lobo. 

 

En la fase creciente

de tu entrega,

empezaré el recorrido

de la lujuria

bajo el sortilegio

de tu boca.  

 

Clavaré los colmillos

de las ganas

en el cuello

de tu desnudez

hasta, sudoroso,

desgarrar el alma

de tus apetitos

insaciables.

 

 Penetraré

en lo más profundo

de la cueva

de tus placeres,

arrebatado

del plenilunio

de tus gemidos.  

 

 Entraré al bosque

de tu frenesí

y saldré de él,

una y otra vez,

embriagado

de tus jadeos

hasta invadir 

los escondrijos

del pecado. 

 

Apresaré los conejos

de tu libido

en los serros

de la locura,

y cuando ambos 

ya hayamos llegado

al solsticio

del mutuo orgasmo/

yo, mujer

te aullaré

como lobo

bajo una

luna llena. 

¿Por qué te fuiste?

miércoles, 04 de julio del 2007
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¿Por qué te fuiste?

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

17 de junio de 2007 (7:11 PM)  

 

 

 “El mundo lo mueven las pasiones,

a mí me mueves tú.” 

 

 

 

¿Por qué te fuiste?

A ver, dímelo.

Si aún los gusanos 

de las ganas

están antojados

de corroer

las hojas

de tu piel.

 

Si todavía el huracán

de mi boca

apetece morder

 la manzana

de tus besos.  

 

¿Por qué te fuiste,

y no te llevaste

los murciélagos ciegos

de nuestros ayer?

 

Te debiste haber

llevado las ratas

de los recuerdos

que convulsionan

por doquier;

mi alma.

Y con ellas

los peces muertos

de este río agonizante 

 llamado lamento.

 

 

Debiste nunca

dejarme entre

las telarañas

de la ansiedad

junto al polvo 

del despecho. 

 

¿Por qué te fuiste?

A ver, dímelo.

Si mis manos

quedaron hambrientas

de tu piel.

Si mis pupilas oscuras

sólo saben ver

en el sol de tu desnudez.

Si todavía la tierra

de mi frenesí

reclama la lluvia

de tu sexo.  

 

Dime.

¿Por qué te fuiste

y abandonaste

las golondrinas

de mi fuego interior 

en el frío

de un nido vacío? 

 

No ves que

aún ladran

 los perros

de las ganas

por morder

los huesos

de la pasión.

No te das cuenta

que todavía

los buitres

de la libido

pugnan entre

las carroñas

de un amor

inconcluso.

No notas

que las pirañas

de mis manos

todavía quieren

devorar las entrañas

de lo que hicimos

en el lecho.

No escuchas

a las sanguijuelas

mudas

del deseo

mordiendo 

las paredes

de tu escasez

de ropa. 

 

Dime y no mientas: 

¿Por qué te fuiste?

 Tú, tú…

debiste haberte

 ido en otra ocasión.

Quizás en otra vida.

Tal vez en otro morir.

o...mejor aún !nunca!          

¡Al carajo con tu amor, mujer!

martes, 03 de julio del 2007
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¡Al carajo con tu amor, mujer!

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano) 22 de febrero del 2007 (5: 30 a. m.)

 

 

 “El verdadero odio es el desinterés,y el asesinato perfecto es el olvido.”

Georges Bernanos 

 

 

Pensaste, mujer que tu amor nunca olvidaría,

y ya ves lo pronto que se me fue la melancolía.

Dijiste que sin ti de tristeza moriría,

y como un sol naciente, hoy/ me irradia la alegría.

¡Al carajo con tu amor, mujer! 

 

Presumiste de ser en mi alma imprescindible,

y contradicho quedó, mujer, porque fuiste sustituible.

Te pensaste de mi desierto, la única agua refrescante,

y fíjate que ahora, no preciso de ti ni siquiera un instante.

¡Al carajo con tu amor, mujer! 

 

Me hiciste pensar que en materia de pasión,

en todo el universo, tú eras la única opción.

Pero demostrado está /que en un tiempo prudente,

la vida enseña que más pa´lante vive gente.

¡Al carajo con tu amor, mujer! 

 

Sí, mujer, te creíste de mi religión, la única diosa,

y de mi corazón, la gran cosa.

Mas con el tiempo/ toda honda herida y la locura,

poco a poco, mujer, poco a poco se cura.

¡Al carajo con tu amor, mujer!    

La piedra

viernes, 29 de junio del 2007
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La piedra

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

                     28 de junio de 2007 (12: 38 p.m.)

  

                              

“La ley debe ser como la muerte,

que no exceptúa a nadie."

Barón de Montesquieu

                            

Él trató de convencer a la plebe de que depusieran su actitud de lapidar al Ladrón de Ovejas, un mozuelo de otra región, quien fue atrapado con las manos en la masa, esquilando una oveja que había perdido algunos días atrás Zacarías, el hombre que poseía el ganado ovino más grande del pueblo. 

Se colocó entre el ladrón y la eufórica muchedumbre la cual, enardecida, reclamaba se le aplicara todo el peso de la ley al infractor. Fue ahí cuando este hombre, inflado de cierto aire de justiciero, levantó una varita a la altura del tórax y señalando a todos, sentenció:

 —Jesús ya lo dijo una vez y yo lo repetiré: “El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.” 

Acto seguido, se inclinó al suelo a escribir algo sobre el polvo con la referida varita. Sin embargo, justo antes de incorporarse, un hombre de complexión nervuda le encajó una pedrada en la espalda que lo dejó tumbado en el suelo, retorciéndose de dolor. Luego, el agresor, con una mano puesta en la cintura, blandió su índice en el aire e increpó: 

—Yo no estoy libre de pecado, pero de que te lo mereces te lo mereces. ¡Buen desgraciado! Te conozco. 

—¿Por qué le pegas a ese pobre forastero que sólo procura misericordia para el ladrón? —interrogó una anciana de voz tembleque, compungida. 

—Pues, una, para que se le quite el complejo de Nazareno y dos, para que no se confabule con la maldad de su propio hijo…  

Ignorancia supina de Eros

martes, 26 de junio del 2007
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Ignorancia supina de Eros

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

24 de junio de 2007 (8: 30 p.m.)  

 

 Apuesto por los sentimientos. El público está harto de tanto sexo sin sentido y de tanta violencia gratuita.

Richard Attenborough  

 

Sé aplacar la lujuria

de cualquier

Psique enamorada.

Sé cómo saciar la carne

de una mujer.

Sé transportarla 

hasta el Cielo

y luego bajarla

al mismo Infierno

llena de lascivia.

 Sé manejar a la perfección

el complejo mecanismo

del punto G

de ella. 

Sé desflorar

el más frágil

de los hímenes

sin causar dolor.

Sé la técnica

para hacerla

convulsionar 

de éxtasis.

Conozco el territorio

de su libido.

Sé revolverme

entre sus

tersas colinas.

Sé cómo escalar

con la lengua

su monte de Venus.

Sé cómo hacerla

gemir de sensación

en la cama.

Sé por dónde

enciende su clítoris.

Sé cómo dejarla

jadeante,

sudorosa

y satisfecha

en el lecho.

Sé hacerle el amor

a una mujer.

A cualquiera. 

Sé doblegarla.

Conozco cada rincón

de su piel.

Todo lo he aprendido

sobre su sexo.

Me he aprendido 

muy bien

el mapa de su anatomía. 

 

Pero…

podría alguien

enseñarme/

cómo es que

se le hace el amor

al alma

de una mujer.

¿Sabe alguien

acaso

cómo es

que se copula

el corazón

de una dama?

¿Lo sabe alguien?      

 

Sinforoso y Campión

viernes, 22 de junio del 2007
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Sinforoso y Campión

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

12 de junio de 2007 (9:29 a.m.)  

 

A mi amigo guitarrista Pablo Mata 

 

“La última vez que estuve dentro de una mujer

fue cuando visitaba la Estatua de la Libertad.”

 Woody Allen  

 

 

 

Ese día te despiertas lleno del espíritu diabólico de la carne llamado libido. La mañana está fresca. Los pajaritos recrean el alma con sus canturreos melodiosos. Y tú, tú te levantas con la intumescencia del miembro ensanchando la tela fina de la pijama como velamen henchido de viento. Te despereza con brazos y bocas abiertos ampliamente. Saltas de la cama con agilidad. Te despojas del arrugado ropaje de dormir para que tu amiguito de mil batallas pueda empinarse con gran ampulosidad a campo abierto. Te rascas la enmarañada melena y te pones frente al espejo, y adoptas la clásica y atlética postura de una estatua griega y con una sonrisa a flor de labios contemplas tu falo, erecto, y te sientes feliz de tu virilidad. Y, ja… como un acto de condescendencia, guiñas los ojos y subes el pulgar como símbolo de victoria y dices, ufano: “¡Buen día, Campión!”  

Y como estás de cumpleaños –el número 28-, deseas premiarlo con algo significativo y digno de la ocasión. Es ahí, pues que clavas la mirada al lecho conyugal en donde yace, dormida aún, tu mujer. Ella, quien a pesar de estar desgreñada y con el mal olor mañanero, tú sencillamente la consideras como una bella durmiente: grácil y jugosa. Y como bala impelida te arrojas a la cama, te zambulles debajo de las sábanas e inicias el ritual de apareamiento. Tocas, susurras palabritas de amor, cortejas, sin embargo, sólo recibes a cambio una sarta de gruñidos e improperios. “No te preocupes, Campión que lo tuyo viene en camino.” Piensas para tus adentros. Y continúas con el asedio erótico: tú acaricias, ella refunfuñe, tú ruegas con arrumacos y ella llanamente te repite que no, que la dejes en paz. “Amor, por favor, déjame amarte un poco.”  Le imploras en un acto casi de humillación suicida, pero un “No” estridente e incisivo se escucha salir de la boca de tu mujer, quien, desnuda, se tira de la cama, enojada. “Caray, Laura es que ya no me amas como antes. Además hoy es un día especial para mí ¿Lo olvidas?” Insinúas de rodillas en la cama, pensando que tal vez con expresar lo  del  cumpleaños vas  a sensibilizar  el corazón de ella, sin embargo, como una bocanada de fuego sale directamente del diafragma de ella una frase que te mutila la ilusión: “Tengo la menstruación.” Y tú como detestas la sangre, desistes, alicaído, de tu propósito voluptuoso y con él, el vigor de Campión se va en picada como un castillo de naipes, y Campión queda tan fláccido como un globo desinflado.   

Te resientes con ella, con la vida y con el Creador de la misma. Te vas al baño, con el entrecejo fruncido y ya debajo de la ducha, piensas: “¿Me masturbo?”  Ases a Campión con cierta lástima para manipularlo pero la voz de la conciencia interviene y te dice: “Santo Dios, Sinforoso ¿Qué pretendes hacer? Tú y Campión merecen algo más digno de la ocasión.” En consecuencia obedeces a la voz y lo sueltas. Abres el grifo de la ducha y un chorro de agua fría cae como avalancha  en tu cuerpo, Campión lo siente en lleno y se encoge como un niño tímido arrojado  en un rincón. 

 Terminas el aseo corporal, te secas, empolvas a Campión, te vistes y sales de tu casa sin siquiera despedirte de la culpable de tu frustración, tu mujer. No obstante, y a pesar de tus esfuerzos mentales por controlar las ansias locas de Campión, él te hostiga a cada trazo de la calle como niño caprichoso que jala de la blusa de su madre para que le compre una paleta de fresa con coco. Las entrepiernas se te calientan como la caldera encendida de un tren que marcha a todo vapor. Y cada fémina que pasa por tu lado excita más la hoguera del furor en ti.  Pasas por el frente de la lujosa mansión de Doña Bernardina, la viuda cincuentona quien da la vida por poseerte y allá está ella, acodada en la ventana de su habitación, en espera de que pases para guiñarte los ojos y decirte lo de siempre: “iuju, hola Bombo, ¡Qué  lindo luces hoy!” Te ve, tú volteas la mirada en dirección contraria y en un santiamén ella te sale al paso y te detiene de un brazo y te dice: “Tengo uvas frescas en la nevera que quiero compartir contigo, Bombo. Ven, entremos a mi casa que estoy sola.” Campión se te revoltea y quiere salir de su caverna como Lázaro resucitado, pero antes de que tu vayas a proferir alguna palabra de debilidad, la voz de tu interior se alambica y te recuerda: “¡Carajo, Sinforoso es tu cumpleaños no lo vayas a arruinar con esa doña regordeta. Tú y Campión merecen lo mejor de este mundo. Olvida ese saco de arrugas y busca algo que valga la pena.” Te contienes haciendo grandes sacrificios y después de agradecerle el gesto, sigues tu rumbo, al tanto que tu mirada avivada, recoge todas las imágenes eróticas de chicas que aparecen por doquier como publicidad de algún producto. 

Llegas a Sexie-Diva, la tienda de ropas interiores para la que trabajas y el panorama de lencería y los carteles de modelos en tangas y sostenes súper sexy, te enajenan los sentidos. Campión vuelve a alborotarse. Y tu forzada continencia bulle como chorro de agua caliente de un geiser. Empiezas a ver a tus compañeras de trabajo como odaliscas de un harén y tú a considerarte como el sultán de ellas. Las saludas con aire donjuanesco con la esperanza de que tal vez una de ellas corresponda a tus requiebros, pero nada acaece. Y desde atrás de las góndolas pletóricas de bikinis y corsetería  de variados colores, las espías de soslayo con gran discreción. Campión por su parte sigue inquieto, mientras empuja las braguetas de tus pantalones insistentemente. Tú te ocultas detrás de un mostrador para que la erección ya irreverente no te vaya a denunciar de un modo bochornoso. Pasas un rato en la misma pugna intestina entre la avispada libido y lo conveniente moralmente para la ocasión. Sentado en un taburete y con los pies puestos sobre los travesaños de hierro del asiento, juntas las piernas, al tanto que tus compañeros de trabajo te rodean para entregarte, entre el habitual ¡Cumpleaños feliz, Sinforoso!, un regalo, el que destapas, ansioso y luego de desenvolver un manojo de papeles crepes, surge del fondo una flamante revista porno de Play Boy, acompañada de una muñeca inflable con vagina de silicona. Sonríes forzadamente. Agradeces el presente, metes todo en la caja otra vez, sonríes con hipocresía, te pones de pie, para guardarlo en un pequeño armario, pero Campión te hace pasar la madre de las vergüenzas. Todos se ríen a mandíbula batiente, tú te resientes con Campión, pero pronto el enojo se te va, porque al fin y al cabo es más lo que él suma a tu felicidad que lo que le resta.  

Terminas tus faenas en la noche, llamas a tu mujer para comunicarle que llegarás un poco tarde a la casa porque dizque al jefe se le ocurre convocar una reunión fuera de agenda. Te diriges rumbo a un prostíbulo que queda a unas escasas cuadras de donde trabajas a complacer a Campión. Llegas y una de las prostitutas se te pega como sanguijuela antes de que entres al antro, te lleva a una habitación de mala muerte, al tanto que Campión revive dando cabriolas como cabra montaraz. Sin embargo, la voz de la conciencia cala de nuevo en tu mente y te reprocha: “¡Pero bueno Sinforoso! ¡Te estás poniendo loco! Ya sé que quieres acción, pero por favor, Sinforoso ¿Con una perra que puede llegar a pegarte una maldita enfermedad venérea? ¡No! ¡Es una locura! ¡No lo hagas!” Para entonces ya ella está desnuda en la cama. Todo te huele a dulce pecado. “¡Bah, Carajo, al diablo con la moral! ¡Al diablo con el matrimonio!”  Dices, y te desabotonas la camisa, te metes las manos en los bolsillos de los pantalones y descubres, pasmado, que no tienes ni un centavo para pagar el servicio amoroso. Un velo de angustia y de vergüenza se encarama en tu rostro. Empiezas a abotonarte la camisa para irte, pero ella, conocedora de estos casos ignominiosos y de desesperación se compadece de tu situación porque, en el fondo, le gustas mucho. Entonces te jala a la cama. Campión ruge como león por la dicha inmensa y el virtual placer que sentirá en breve. En un santiamén ambos quedan en trajes de Adán y Eva. Llueven las caricias, los besos y  los mordiscos, y todas las estrellas del universo parecen rutilar en ese solo lugar de volcánica sensualidad. Y cuando ya la cueva oscura está lista para albergar el lobo malo, surge de los labios de la meretriz la pregunta de rigor: “¿Tienes condón, amor?” Tú, tragas en seco y empiezas a hurgar en los bolsillos de los pantalones, en los de la camisa, en los zapatos, en tu billetera, en los calcetines, en la cartera de ella, debajo de la cama, entre el colchón, en todo lugar, pero no encuentras nada, más que un par de cucarachas pasar corriendo entre la hendidura que se forma en la unión de la pared y el piso. “Sin condón no hay sexo.” Advierte ella con firmeza, al tanto que se tapa la desnudez con la sábana. Entonces te dan ganas de llorar, pero no lo haces porque eres un hombre, y te le lanzas como kamikaze a súplicas puras para que te complazca de cualquier manera, pero ella lo objeta con la faz arisca. Le pides que te espere un momento y sales a la calle como todo un Cid Campeador en búsqueda del condón, pero como no tienes ni en que caerte muerto, acabas por hacer un trueque con un proxeneta, das tus zapatos y tu reloj de pulsera a cambio de un condón. Regresas a la habitación, te cansas de tocar la puerta, pero nadie contesta. Ella no está. Y te quieres morir y, pateas y destrozas el preservativo y te marchas con el brillo de las lágrimas asomado en tus ojos. 

 Llegas a tu casa, cabizbajo. Entras a tu habitación sin importarte ya lo que tu mujer vaya a decir. ¡Total, ella es la responsable de tus infortunios! Alguien enciende la luz. Es ella misma, quien a pesar de la larga espera te dice, sonriente: “Feliz cumpleaños mi vida. Lo de la menstruación es mentira para poder entregarme a ti por completa en esta noche.” Tú esbozas una sonrisita ladeada en tu boca. La miras de arriba abajo con cierta ojeriza y le respondes. “Laura… son casi las tres de la madrugada. Ya no es mi cumpleaños.” Sin embargo, ella sabe que tú lo que estás es enfadado y quiere resarcir el daño, entonces te despoja de la ropa, te besa, te acaricia, te arroja en la cama y se te sube a horcajadas, pero ¿Sabes qué? Con todo el jaleo y las vicisitudes anteriores el que está hastiado de toda esa mierda es ahora Campión que simplemente no te funciona. Es decir que se acaba la fiesta y cada quien a dormir…    

A ratos me dan ganas de...

martes, 19 de junio del 2007
guardado en

A ratos me dan ganas de…

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

19 de junio de 2007 (6: 14 a.m.)  

 

“Por favor ¡Detengan el Mundo que me quiero apear!”

Enrique Nemeses      

 

 

A ratos me dan ganas de…

convertirme en huevo,

abalanzarme contra una piedra

y acabar de una vez por todas

con la  existencia,

mi existencia.

 

 A ratos me dan ganas de…

transformarme en ola

para terminar desvanecido

en la arena de una playa,

de cualquier playa… 

 

A ratos me dan ganas de…

ser burbuja,

traspasar la exosfera,

 acercarme al sol

más que Mercurio

y reventar en mil pedazos.

 

 A ratos me dan ganas de…

tener la voracidad De Cronos,

y comer las lenguas de los políticos,

y las manos de los que matan,

y el corazón de los que engañan. 

 

A ratos me dan ganas de…

vivir solo en otro mundo,

y caminar desnudo por doquier.

O quizás,

 retroceder el tiempo,

llegar al génesis de las cosas,

al Jardín del Edén,

arrebatarle la manzana a Adán,

machacarla en el polvo,

matar al primer hombre,

Poseer a Eva,

y cambiarla por el silencio. 

 

A ratos me dan ganas de…

Callar y no decir nada sincero,

Hablar con hipocresía,

Como los demás, 

Con el santo papa. 

 

A ratos me dan ganas de…

nunca haber nacido,

para no formar parte

de este teatro barato

al que llaman vida, 

de seres indiferentes

y sicópatas. 

 

A ratos me dan ganas de…

volar hasta el Cielo

para decirle a Dios,

muy encarado:

¡Mire! ¡Deje ya de esconderse

entre las nubes y baje

a poner orden a lo que creó!

 

A ratos me dan ganas de…

apagar el sol con la mirada,

detener el planeta con la mente,

 exterminar todo ser viviente

sobre la faz de la Tierra

y empujar el ínfimo rastrojo

de lo que respire

a un agujero negro,

a la nada.

al vacío,

y

que

 todo

quede

en

            cero.        

Sobre el blog

Literaturaquisqueyana

Literaturaquisqueyana es un espacio creado para compartir Literatura con aquellas personas que realmente se identifican con la magia de la palabra.

La palabra libera, la palabra nos conduce a un éxtasis de satisfacción personal, la palabra nos brinda catarsis, la palabra nos envuelve en un paroxismo vivificador, la palabra nos transporta a dimensiones etéreas, la palabra enamora el corazón. La palabra mal usada puede que mate, pero es nuestra decisión de que ocurra lo lóbrego, porque el control de las emociones que causa la palabra es nuestro.Así como la palabra puede fusilar sentimientos, también puede que dé vida, vida en abundancia.

Aquí podrás acceder a la palabra que mitiga ¿Qué? !No sé! Lo que tú permitas. Aquí la palabra logrará que surja algo de ti ¿Qué? Ya lo dije una vez !No sé! Es una experiencia personal, una mística entre tú y la palabra.

La meta de esta página es y será uno solo: empapar el alma de literatura pura y desinteresada. La Humanidad se ha encargado de ponerle un precio a la palabra ajena. !Han hecho de ella un mercado ignominioso! Pero como paga han recibido un numen anquilosado; por eso a la mía nadie le pondrá un precio porque no está en venta. Así de simple para que nazca espontánea y pura.

Que tu estancia en este lar sea de tu agrado.

Un cálido abrazo,

el autor,


Jhovanny Marte Rosario


Santiago, República Dominicana.


jhovannymarte@yahoo.com

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