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Me invantaré una nueva religión

miércoles, 06 de junio del 2007 a las 18:38
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Me invantaré una nueva religión

Me inventaré una nueva religión

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

28 de mayo de 2007 (10:00 p. m.)   

 

 “La religión es el opio de los pueblos.”

Carlos Marx  

 

Me inventaré una nueva religión

en donde no exista la adoración.

Una que no se practiquen rituales,

ni cuyos adeptos sean abominables. 

 

Una religión sin misas ni  oración,

en la que no sea una angustia la salvación.

Una religión sin penitencia,

y en la que el amor sea la única creencia.

 

 Sí, me inventaré una nueva religión,

en la que sea de todos la asunción.

Una religión sin infierno,

y en la que el espíritu sea eterno. 

 

Una religión sin salvador,

ni  un execrable castigador.

Una religión sin iglesia,

ni un Lucifer ni gente necia. 

 

Sí, me inventaré una nueva religión,

en la que no exista la religión.

Una que no registre la verdad en un Corán,

ni que sea extremista como el musulmán. 

 

Una religión sin Sagradas Escrituras,

que no imponga al humano absurdas censuras.

Una sin símbolo ni cruz,

en la que nadie se considere la única luz. 

 

Una en la cual no se prohíba el café,

y en la cual el altruismo sea la verdadera fe.

Una religión sin venganza ni Juicio Final,

una sin toscos mandamientos ni catedral.

 

 Una religión sin profetas ni nombres,

en la se respeten a las mujeres y a los hombres.

Una religión en donde se escuche tu voz,

                      y en la que nunca oculte la cara el dios.                  

!Abre, Manuel!

martes, 05 de junio del 2007
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¡Abre, Manuel!

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

29 de mayo de 2007 (9:30 PM)   

 

 

“Es mejor acostarse sin cenar que levantarse con deudas.”

Benjamín Franlkin 

                      

 

—¡Abre, Manuel! Yo sé que estás ahí. ¡Abre, carajo! —vociferaba Claudio, al tanto que golpeaba la puerta constantemente con la mano.  

 

Manuel estaba adentro, pero esta vez no pretendía abrirle como en otras ocasiones; es que no tenía dinero ni siquiera para pagar los intereses acumulados de un mes. 

 

Afuera caía una llovizna persistente, la que motivaba a los compueblanos a entregarse a sus sueños con más placidez. A lo lejos se escuchaba una vaca mugir de vez en cuando.    

 

Manuel decidió levantar su hogar cerca del barranco entre cambrones y maleza porque las penurias no le habían dejado más remedio que esa posibilidad. Esa noche, el viento hacía zarandear las maltrechas planchas de zinc, las que tan solo eran sostenidas con algunos pedazos de bloques de cemento. 

 

»¡Abre, Manuel y da la cara, mala paga!  

 

Pero Manuel no hablaba. Se ocultaba detrás de unas cortinas raídas, mientras se mordisqueaba las uñas de las manos. La angustia que sacudía su corazón no le venía por el hecho de no tener dinero para cumplir con su deuda, sino porque tendría que sentarse a escuchar esa larga y monótona perorata de Claudio en torno a la palabra empeñada de un hombre, etc.  

 

 »Si no sales, Manuel, juro que tumbaré la puerta a patadas.

 

 —Vete al infierno, usurero de la porra —dijo Manuel a regañadientes. 

 

  De Claudio se escuchaba a rato el chasqueo de la boca como un látigo que restalla furioso en el aire. 

 

 De repente, unos pasos se escucharon aproximarse por el flanco derecho del rancho, machacando el mojado yerbajo. Fue entonces cuando Claudio cesó de berrear su enfado. 

 

 »¡Manuel ! ¡Manue!  ¡Abre, coño que son atracadores!  ¡Abre, Manuel! 

 

 —Jum, qué gancho —. Susurró Manuel. Acto continuo estiró, lenta y quejumbrosamente, la pierna izquierda, la que de tanto estar en la misma posición flexionada, le había provocado un calambre.

 

 —¡Abre, Manuel! ¡Abre por Dios que vinieron a matarme! —tronó Claudio en aparente desesperación. 

 

—Qué cuentazo. Dizque que le abra, como si yo fuera un pendejo —murmuró Manuel al tanto que se sobaba la pierna adormecida. 

 

Entonces se escuchó un grito desesperado. Un grito como cuando le hunden un puñal a uno en el estómago. Luego un balbuceo como si alguien estuviera tapándole la boca a un segundo. Aun así, Manuel, suspicaz, no movió ni un dedo.   

 

Un mutismo turbador se había enseñoreado de aquel lugar por un largo rato. No obstante, disuelto el pavor, Manuel decidió salir de su  escondite. Y casi a hurtadillas fue a fisgonear por entre las rendijas de las tablas. Miró de izquierda a derecha y como sólo logró divisar sombras vagas de ramas, dejó escapar un hondo suspiro de alivio. Pero, acuciado por la curiosidad, extrajo una caja de fósforos del bolsillo de la camisa y raspó uno, cuya luz amarillenta fue a rutilar en un hilillo de sangre que se escurría por debajo de la puerta. 

 

—¡Mierda! —se dejó oír Manuel, atónito por lo que acababa de presenciar. Acto seguido le quitó el pestillo al postigo, cuyo giro pesaroso hizo chirriar sus goznes enmohecidos.              

 

 Asomó la cabeza con los ojos entornados y, al no ver nada, volvió a prender otro fósforo. Esta vez logró notar en el suelo, un charcuelo de sangre y un cuchillo ensangrentado, entonces se dijo con cierto aire socarrón:    

 

 »Caray, es lamentable, pero ¿Me habrá librado de la deuda la muerte?             

La paranoia

lunes, 07 de mayo del 2007 a las 19:18
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La paranoia

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

21 de enero de 2005 (12:45 PM) 

  

  “Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.”

Profecía Hindú 

 

El solemne silencio del bosque era alterado tan sólo por el intermitente gorjeo de un pajarito. Por tal razón, Mario se inclinó al suelo, asió una piedra, se incorporó y sin mediar palabras se la arrojó, la que al súbito y mortal impacto, lo reventó. 

 

Claudia hundió su rostro en las manos para no verlo sufrir. Al tanto que el pajarito estremecía las escuálidas patitas, agonizante, bañado en su propio charcuelo de sangre. Entonces sin más vitalidad biológica, entornó sus ojitos, los volvió hacia arriba, chió y exhaló su espíritu, arrojado de costado en la hojarasca. 

 

 Ella volvió la mirada a Mario, luego al occiso, dejó escapar un suspiro de molestia, terminó de engranar la cremallera de su vestido, agarró su cartera y hurgó en ella, nerviosa. Él, desorientado, buscaba algo más con los ojos. Merodeó por las inmediaciones. Revolvió los tupidos arbustos, trepóse a un ébano verde. Volvió su mirada a los cuatro puntos cardinales cual radar activo. Descendió del árbol y siguió buscando ese algo como perro sabueso, mas nada avistó. El mutismo del ecosistema pareciera como si actuara en connivencia con las malas acciones humanas. 

 

 Mario, todavía en ascuas, se acercó a ella y le acarició el hombro izquierdo con la mirada perdida en lontananza, ella quien a la sazón se acicala el rostro con maquillaje, viéndose en un espejito, dijo: 

 

— ¿Por qué lo hiciste, amor? 

 

— ¿Qué cosa, mi vida? 

 

 —Lo del ruiseñor. ¿Por qué lo mataste?

 

 —Era un soplón. 

 

— ¡Estás loco! Era sólo una avecilla. 

 

— ¿Loco? El canto de un pájaro revela la presencia de algo. 

 

— ¡Bah! ¡Estás paranoico! 

 

— ¿Qué? No soy tonto. Si tu esposo se entera de que estamos juntos, ninguno de los dos viviremos para contarlo. 

 

La tarde, ya moribunda, daba paso a la sombra de la noche, mientras que el velo denso de los ojos de Mario se fue desvaneciendo concomitante al silencio reinante del ambiente. Consumado el pecado, ambos recogieron sus pertenencias. Entre ellas, un lienzo escarlata el que sirvió de lecho para saciar su voluptuosidad. Finalmente se marcharon tomados de la mano, casi a hurtadillas. Atrás dejaron a la intemperie: una botella vacía de vino tinto, rastrojos de uvas y un  pequeño cadáver...         

 

Constante histórica

sábado, 05 de mayo del 2007 a las 02:26
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Constante histórica

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

Un día de aburrido del 2004  

 

 

La desgracia, al ligarse a mí,

me enseñó poco a poco otra religión,

distinta a la religión enseñada por los hombres.

George Sand  

 

Sale el sol y se oculta,

muere la plebe y la gente culta.

Me levanto y me cepillo;

un verso más; otro estribillo. 

 

Un “baño”, el desayuno y al trabajo,

otro pobre desdeñado por ser de abajo.

El mismo saludo, amistad con máscara;

libros de lujo, otro amor vuelto cáscara. 

 

Más reformas fiscales en la República;

un pobre condenado en vista pública.

Un estudiante que se inyecta droga entre las venas,

prostitutas que ríen en burdeles sus penas. 

 

Cocinar, fregar platos, trapear pisos,

suspiros volatilizados por los vientos alisos.

Internet, pornografía, masturbación,

más sacerdotes trasladados por violación.

 

 Palabras, canciones, sermones,

otra bicicleta que les roban a los mormones.

Mosquitos; ratas, suegras y cucarachas,

millares de árboles talados con hachas. 

 

Carros chatarras, vecinas chismosas,

oficinas, papeles, secretarias putas y hermosas.

Se va lento el día, se va deprisa  la noche,

ron, cirrosis, cigarrillos, cáncer ¡salud en derroche!  

 

 Coches bombas que explotan en Medio Oriente,

más niños huérfanos y explotados por la gente.

Aquí, asilos llenos de  decrépitos olvidados,

allá, ludópatas y casinos en todos lados. 

 

Más odio, menos amor,

más aborto, más dolor,

Un  Nazareno que aún no cumple su promesa,

más doncellas violadas entre la maleza. 

 

Y entre toda esta humana demencia,

y toda esta falta de conciencia.

Se atreve alguien a decirme,

que nada ha pasado y que en paz puedo irme.   

Sobrevientes postumos

lunes, 23 de abril del 2007
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 Sobrevivientes póstumos

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

22 de abril del 2007 (12:30 PM)  

 

 

 “Los humanos no saben lo que poseen en la Tierra. 

Será porque la mayoría no ha tenido ocasión de abandonarla y

regresar después a ella.”

James Russel Lowell  

 

El niño se irguió y señalando con el dedo índice hacia el cielo cuajado de estrellas, inquirió: 

—Pa, ¿Qué es aquella bolita fea y como gris que se ve allá? 

El padre se inclinó al telescopio,  pegó los ojos a los cóncavos cristales para examinar el espacio sideral. Luego de una efímera inspección: se enderezó, dejó escapar un suspiro flébil y dijo, sin volver el rostro al hijo:   

 Era un planeta llamado Tierra, hijo. Allí vivieron nuestros antepasados una vez….  

Y A PESAR DE TODO !YO AMO A MI QUISQUEYA!

viernes, 20 de abril del 2007
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Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya! 

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

17 de octubre del 2004

 (7:58 AM)  

 

Vivir sin patria es lo mismo que vivir sin Honor.

Juan Pablo Duarte

 

Es cierto que nunca he salido de mi país

y que he existido entre la caña y el maíz.

Que jamás he surcado los mares en bote,

y que mi educación se la tragó un galipote.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya! 

 

Es verdad / no conozco a España ni su paella,

pero he comido sancocho en mi adorada Quisqueya.

Ignoro el río Po de la Italia  y la veneciana pasta,

mas he nadado en mi Yaque / y eso… me basta.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya! 

 

 

No tengo idea de cómo es la Gran Manzana,

mas sí de lo bien que ama una dominicana.

Desconozco la Torre Eiffel de la arrogante París,

pero en el Cibao me embullo con los coconetes y el mabí.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya!

 

 

 No hay dudas / somos en el mar una pequeña pecera,

no obstante, en materia de hospitalidad somos la cabecera.

Mi patria es una isla cuajada de sencillez,

gracias a los hombres y mujeres de gran intrepidez.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya! 

 

 

 Soy hombre de campo que no sabe nada de vals europeo,

pero con mi bachata y merengue gozo sin rodeo.

 Soy feliz en mi tierra / en esta boya de pacifismo,

porque aquí, no caen las bombas del terrorismo.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya!  

 

 

“No tenemos” petróleo, pero sí un rico folclor,

no hacemos Royce Roll, mas somos un pueblo acogedor.

 Es un hecho. !Jamás seremos de los extranjeros, su lazarillo!,

porque siempre los combatiremos cual hizo Enriquillo.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya! 

 

 

Oye / sin vil alarde ni crear apabullo,

yo por mi Quisqueya siento un profundo orgullo.

Porque aquí nací y me hice honrado hombre,

con nacionalidad y con un nombre.

Y a pesar de todo, ¡yo amo a mi Quisqueya!     

Y te pienso cada día más, amor.

martes, 10 de abril del 2007
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Y te pienso cada día  más, amor.

Jhovanny  Marte Rosario

(El Quisqeyano)

8 de abril del 2007 (11: 33 PM)

 

"En el mundo existen 7 maravillas,

pero en mi mundo la única maravilla eres tú, amor."

 

    Para una mujer pura magia: Clara M. J. 

 

 

Busco un vaso con agua y antes de beber,

me contengo para imaginarte como ayer.

Y te paseas en mi mente una y otra vez,

 nostálgico, me pregunto: ¿Tendrás tú sed?

Y te pienso cada día  más, amor.  

 

Al punto de comer la ración de mi arroz,

desisto de ello al creer escuchar tu voz.

Y te busco más allá del cercado de alambre,

al tanto que inquiero: ¿Tendrás tú hambre?

Y te pienso cada día  más, amor. 

 

Llueve y busco en el armario mi abrigo,

mientras el viento sacude las espigas del trigo.

Y al arreciar la rabiosa lluvia con más brío,

me asalta una terrible duda: ¿Tendrás tú frío?

Y te pienso cada día  más, amor.  

 

Cae la oscuridad y enciendo un leño,

y te recuerdo mientras me ataca el sueño.

Y en el trayecto de la chimenea a la cama,

yo me interrogo: ¿Dónde dormirás tú, Clara?

Y te pienso cada día  más, amor.

Hagamoslo y callemos el amor

domingo, 25 de marzo del 2007
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Hagámoslo y callemos el amor

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

20 de marzo del 2007 (11:35 PM)

  

 

 “los ángeles lo llaman dicha celeste,

los demonios tormento infernal,

 los hombres lo llaman amor.”

Heine

 

 

 Quitemos a nuestras almas las máscaras,

y al cobarde pudor las duras cáscaras;

dándole rienda suelta al corazón,

hasta que se desboque el potro de la pasión.

Hagámoslo y callemos el amor.

 

 

 

 Derramemos el vino del derroche,

sobre los mullidos lechos de la noche;

que toda una eternidad es poca,

para saciar la sed de la boca.

Hagámoslo y callemos el amor. 

 

 

 

Soltemos las galopantes ganas de la piel,

y bauticemos con erotismo este instante de miel;

consintiendo al malcriado niño llamado locura,

para apaciguar así con la entrega la carnal tortura.

Hagámoslo y callemos el amor.

 

 

 

 Ceguemos con el vendaje del amor,

el decoro y su tímido rumor;

arañando las sábanas del placer,

hasta que nos sorprenda  el amanecer.

Hagámoslo y callemos el amor.

 

 

 

Disfrutemos la entrega en cada postura,

viviendo en abundancia esta aventura;

como dos peces en un mar turbulento,

como volcán eructando en ese momento.

Hagámoslo y callemos el amor.

 

 

 

Mañana, disimulemos el desliz, la huella,

como se oculta de día una estrella,

domando entre gente la emoción,

como si fuéramos amigos/ de ocasión.

Hagámoslo y callemos el amor.

 

Sobre el blog

Literaturaquisqueyana

Literaturaquisqueyana es un espacio creado para compartir Literatura con aquellas personas que realmente se identifican con la magia de la palabra.

La palabra libera, la palabra nos conduce a un éxtasis de satisfacción personal, la palabra nos brinda catarsis, la palabra nos envuelve en un paroxismo vivificador, la palabra nos transporta a dimensiones etéreas, la palabra enamora el corazón. La palabra mal usada puede que mate, pero es nuestra decisión de que ocurra lo lóbrego, porque el control de las emociones que causa la palabra es nuestro.Así como la palabra puede fusilar sentimientos, también puede que dé vida, vida en abundancia.

Aquí podrás acceder a la palabra que mitiga ¿Qué? !No sé! Lo que tú permitas. Aquí la palabra logrará que surja algo de ti ¿Qué? Ya lo dije una vez !No sé! Es una experiencia personal, una mística entre tú y la palabra.

La meta de esta página es y será uno solo: empapar el alma de literatura pura y desinteresada. La Humanidad se ha encargado de ponerle un precio a la palabra ajena. !Han hecho de ella un mercado ignominioso! Pero como paga han recibido un numen anquilosado; por eso a la mía nadie le pondrá un precio porque no está en venta. Así de simple para que nazca espontánea y pura.

Que tu estancia en este lar sea de tu agrado.

Un cálido abrazo,

el autor,


Jhovanny Marte Rosario


Santiago, República Dominicana.


jhovannymarte@yahoo.com

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