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Añoranzas entre miseria

domingo, 18 de mayo del 2008 a las 00:18
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Añoranza entre miseria

                                                                 

 

Añoranzas entre miseria

Jhovanny Marte Rosario

12 de febrero de 2005

(6:48pm)

 

 

“La pobreza no viene por la disminución

de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos.

Platón

 

 

 

En tu memoria, compatriota,  René del Risco Bermúdez,

 porque tus letras están preñadas de nostalgia y ternura.

 

 

Mierda, Dominguito, a donde viniste tú a nacer: en el mismo barrio de mi natividad, con los mismos chismes y  el mismo ambiente decepcionante de toda la vida. De cualquier modo, yo nací aquí: en este barrio tosco y escandaloso. Aquí di mis primeros pinitos, mi primer beso, mi primer pleito a puñetazos, aquí perdí mi inocencia en los callejones, aquí aprendí a escribir las cinco vocales con “a, e, i, o, u, el burro sabe más que tú.” Aquí, Dominguito, ja, ja, ja, ja… tuve mi primer estrellón en aquella destartalada bicicleta de, “El Riquito,” como le decíamos a Jimmy,  el dueño de las dos única bicicletas en el barrio, las que nos solía alquilar por… a ver… creo que ya no recuerdo, ¡ah, sí, sí! Le pagábamos 2 cheles por 3 minutos de alegría en pedales. Sí, Dominguito, en este barrio bochinchoso tuve mi primera desilusión amorosa. En este barrio en donde murió mi padre. ¡Si lo hubieras visto agonizar! Sus ojillos estaban lleno de miedo. ¿Por qué? Porque no hay nadie que me discuta, que una cosa es retar a la Muerte y otra es verse arrastrado por Ella, a lo desconocido.

 

¡Cuán rápido pasa el tiempo! ¡Cómo cambia la vida, Dios mío! Casi no puedo creer que ayer, lo recuerdo nítidamente, ayer era tan solo una carajito embromón, y hoy, Dominguito, hoy  estoy vuelto un hombre de pelo en pecho, pero sin un techo propio. Viviendo en esta… miserable pensión de mala muerte, con vecinos tan hijo de la gran puta como sus juegos de dominó y  constantes borracheras. Todo este “modus vivendi” me hace pensar que sólo soy un personaje más de “La comédia humaine” de Balzac. Un azaroso más de este mundo de injusticias.  

 

La vida, Dominguito: entre tú y yo, no es más que un circo ridículo de mojigangas y chifladuras, y nosotros, sus más tristes payasos. Yo soy un ejemplo vivo de ello. Fíjate no más, ya han pasado varios años de duro trabajo y grandes sacrificios y nada aún. Soy la misma vaina de siempre. Rodeado de miserias e infortunios. Hace ya un año que debí egresar de la universidad estatal con el título de Doctor en Derecho, pero la estrechez en la que uno vive, no le da tregua al de la clase baja para encumbrarse en la vida a un punto cimero; y si supieras tú, Dominguito los majaguazos que debí dar y recibir para inscribirme en la universidad. A puros coñazos pude lograrlo. Sí, ¡Cogiendo lucha! ¡Rompiendo brazos!

 

Busco a tientas una razón lógica, infalible, que me diga el porqué de toda esta fatalidad. Sí, alguien que me diga, ¿Por qué aún no he salido de la hoya en donde me encuentro, a pesar de los ingentes esfuerzos que he hecho desde pequeño para zafármele a la penuria? 0 ¿Será que mi honestidad ha sido mi gran pecado? ¿Será que por privar en serio me he jodido yo mismo?

 

Este barrio, Dominguito es el testigo silente de lo que he trabajado y estudiado para ser alguien diferente a lo que soy hoy –el mismo individuo de hace casi veinticinco años-, ceñido al mismo cordón de miseria. ¡Qué sistema tan empobrecido me ha tocado enfrentar! A veces me pregunto si Dios nos ha enviado a cada quien a un lugar específico de este planeta, según los actos que hayamos cometimos allá arriba cuando éramos espíritus celestes. ¿O es todo esto aposta? Y lo digo, Dominguito, porque habiendo tanta tierra en este mundo, al Todopoderoso se le ocurrió enviarme a una isla divida en dos y con  vecinos tan pobretones como los de algunos lugares de África. ¿Ofendo a la Patria con esto? ¿Y de qué me sirve una bandera nacional si mis bolsillos están vacíos? ¿Cómo puedo entonar un himno nacional si el hambre no me deja coordinar bien las palabras? Sólo al capitalista le conviene que exista patria para poder usufructuarla como lo hace el becerro con las ubres de la vaca. ¡Malditos! ¡No saben lo que es coger lucha!

 

Yo,  sin exagerar en lo que digo, soy de  fucú como el par de tenis en el tendido eléctrico, junto a sus inseparables compañeras, las chichiguas reventadas, tostadas por el tórrido sol, enredadas entre los cables, esperando que alguien las baje como deberían hacer con los impuestos de este pueblo sufrido. Mucha razón tuvo mi padre, Dominguito cuando decía que la pobreza es una enfermedad. Quiero a mi Patria, Dominguito, pero la necesidad a veces empuja a un hombre a vender hasta un riñón para no dejarse morir. Lo sé, lo sé, Dominguito que vivir sin patria es lo mismo que vivir sin honor, pero también sé que vivir con patria y con el estómago vacío es lo mismo que tener un plato y no tener la yuca para llenarlo y llenarse uno.

 

Mira Dominguito, si un día de estos me ves, cabizbajo, desandar las calles del barrio, con las manos en los bolsillos, displicente, insatisfecho, confundido, en búsqueda de una respuesta cuerda (que no sea la misma que he escuchado desde que tengo uso de razón): “que somos los arquitectos de nuestro destino”, aunque sé que en parte lo somos,  de cualquier modo, si me ves así, vuelto una bazofia, no me acuses de ser pesimista, no me digas que estoy frustrado. No, no lo digas, que sólo soy un ser humano más, víctima del sistema torcido en que me tocó vivir.

 

¡Pura mierda, Dominguito, pura mierda!  Esta vida es un tollo. ¡Al diablo con esos filósofos que tratan de convencernos de que todo marcha bien en este planeta de sicópatas! ¡Al diablo con sus filosofías baratas! “Nihil tam absurdum, quod non dictum sit ab aliquo philosophorum”: No hay absurdo que no lo haya dicho algún filósofo. ¡Al diablo con el jodido Karma! ¡Al diablo con todos los que nos han prometido algo mejor y no lo han cumplido! ¡Al diablo!

 

 ¡Mírame, Dominguito! He leído un gran legajo de libros de manera patológica. Algo así como un refugio para guarecerme del mundo artero que me rodea. He leído el Quijote de Saavedra, Las aventuras de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, todos los cuentos de Juan Bosch, las poesías de Salomé Ureña, El hombre mediocre de José Ingenieros, La Biblia, El Corán, a Shakespeare, a Virgilio, a Ernest Hemingway, a Las mil y una noche, a Los miserables de Víctor Hugo, a Lope de Vega, a Liev Nikoláievich Tolstói, al poeta Charles Pierre Baudelaire, a Guy de Maupassant, a Luigi Pirandello, los tomos del Capital de Marx…he leído, Dominguito hasta Los Quince minutos y mírame,  aún vivo en la misma porquería de barrio.

 

Es risible que Anastasio, mi eterno rival, aquel que nunca se interesó por los estudios, hoy recorra las calles de este suburbio en un carro de lujo con música ensordecedora, en inglés, que ni siquiera él mismo sabe lo que dice. Sin embargo, yo que he sido el tipo de los libros, recorro las calles de mi pueblo en conchos descompuestos, los que si no corcovean, van arrojando una tóxica humareda por doquier. ¡Hasta el planeta vamos a joder por arrojar tanta mierdería! Yo Dominguito, que hasta alma de poeta tengo, yo que he aprendido a escribir cuentos, yo que no dejo de leer, sólo me ha tocado viajar en chatarras: apretujado como sardinas enlatadas. Desgarrándome las ropas con los esprines del maldito concho. Y hoy, sólo porque Anastasio fue a Nueva York, a lavar platos y cambiar sábanas en hoteles pletóricos de xenófobos, hoy lo adoran como a un afamado intelectual y apenas leía los paquitos de Condorito y las aventuras de Calimán. ¡Es absurdo, Dominguito! ¿No crees? ¿Cómo no ser ateo o hereje en este mundo? Dímelo tú, Dominguito, dímelo.

 

No obstante, mi consuelo es Julio, el soñador como una vez le puse, quien no sale de una deuda con los prestamistas y siempre se la pasa hablando de sus grandes planes de negocios. Que pronto se conseguirá una “tipa que viaje,” (no importa que tenga la edad de su madre), que un día de estos conseguirá un puesto en el gobierno, que en cualquier momento se irá en yola para Puerto Rico a ganar dólares, que se meterá en una mafia para traficar lo que sea: droga, gente, mercancías, que esto, que aquello… Julio siempre me ha dicho que no pretende morir pobre, y ja, parece que la vida nos ha jodido los planes, porque ambos lo que parecemos es a Don Quijote y Sancho Panza, dos locos sin manicomio.

 

Ya Ramón (el pollero), se mudó del barrio porque se pegó en la política y consiguió un carguito y de la noche a la mañana ya lo llaman “Don Ramón”, y ni siquiera la primaria terminó de cursar. Pensar que mete esas embarazosas eses cuando habla. ¡Ay, la política! ¡Qué plaga tan ignominiosa! ¡Cualquier vaina es un político en mi terruño! ¡Cualquier vaina, Dominguito! ¿Cómo no evitar ser comunista en esta isla empobrecida por los malos y rapaces políticos? ¿Qué diría, Duarte de toda esta pendejada? ¡Seguro que vomitaría hasta la hiel! ¿Cómo no manchar las paredes de la ciudad con graffiti  y mensajes de abajo el gobierno o de fuera a  los yanquis? ¿Cómo no hacerlo?

 

¿Sabes tú, Dominguito lo que es humillación? ¿Sabes tú lo que es un ludibrio? Pues nada más y nada menos que tener que escucharle la boca a Doña Chencha (la usurera); esa mujer sí que es interesada con sus chelitos. Cuando no le pago alguna deuda a tiempo, me reprocha como si yo fuese su hijo y pensar que ella conoce el cero porque le ha visto el culo redondo al perro. Esa señora prospera merced al pingüe beneficio que le deja su negocio ¡Ah, y gracias a su compraventa, en donde descansa en paz  mi televisor! He ahí a lo que yo llamo una verdadera degradación humana. Si Dante hubiese sido dominicano de seguro que le hubiesen sobrado las ideas para perfeccionar su Divina Comedia, porque aquí, Dominguito, desde que el sol sale hasta que se pone la vida es sólo bregar para sobrevivir.

 

¡Caray, cómo extraño los días de mi infancia, Dominguito! Aquellos en los que no solía tener estas preocupaciones y compromisos de adultos. Esos días cuando mis amiguitos y yo solíamos volar capuchines, los que la artera brisa nos solía reventar. Aquellos días de los trompos locos, las bellugas correcaminos, los fufúes intrépidos, los neumáticos andariegos que solíamos empujar con un pedazo de galón, al cual llamábamos guayos o aquellos neumáticos rodantes de carros que empujábamos con dos palos de escoba por los cuales llevábamos tantos chancletazos y  tantas pecosá. Sí, Dominguito, sí que nos divertíamos, mientras ronroneábamos con nuestras bocas el sonido peculiar de los autos de carrera, Fórmula 1. ¡Carajo! ¡Sí que éramos felices para entonces!

 

Mas hoy, Dominguito, ¿A dónde se habrán ido las tardes de alboroto cuando solíamos jugar a La plaquita o a Una, dos y tres pisacolá? ¿Qué fogón habrá consumido las tablas de aquel viejo ventorrillo donde tantas veces maté mis hambrunas con aquellos suculentos coconetes y los refrescantes mabíes? ¿Entre cuál sábana se acurrucaría mi primer idilio, aquel que pensé eterno? Aquella muchacha que sólo supo dejarles llagas a mi alma…, pero que de vez en cuando me transportaba a lugares mágicos con sus jueguitos eróticos.

 

¿Entre cuáles musgos quedarían atrapados los pedazos de mosquiteros con los que solíamos atrapar pececitos en el arroyo? ¿A dónde estarán aquellos amiguitos con los que solíamos robar mangos en el conuco de Sinforoso? ¿Habrán muerto algunos ya? ¿A qué vertedero irían a parar aquellas tapitas de refrescos que recolectábamos y machacábamos  y que luego apostábamos en contienda de bellugas? ¿Cuáles brisas borrarían las huellas de aquellos carritos cajebola que fabricábamos en nuestra propia fábrica conformada por todos los chamaquitos ingeniosos del barrio?

 

¿Entre cuáles caños quedarían varados los casquitos de muñecas o las pelotas hechas de trapos que forjábamos para soñar a los peloteros? ¿En qué vertedero se perderían aquellos tiradores con los cuales cazábamos las pinchitas y los saltacocotes? ¿Qué rocío roería los tirapós que casi mataban de susto a los viejos. ¡Concho! ¡Cuántos cocotazos nos dieron por tan terroristas bromas!

 

¿Cuáles gomas siameses de camiones  aplastarían los carritos que solíamos inventar con jabillas y cartones de Chocorica? ¡Nunca olvidaré las tardes que jugábamos a El que apara batea con pelotas de goma las que bateábamos con los puños cerrados y que tratábamos de atrapar con guantes de cartón hechos por nosotros! ¿Entre cuáles crepúsculos se fueron desvaneciendo aquellas noches que solíamos congregarnos en la esquina del colmado Don Pedro para narrar docenas de cuentos de todos los colores? Nuestros preferidos, Dominguito eran los de Pepito, esos tan rojos, que nos hacían reír a mandíbula batiente. ¿Dónde estarían las plumas de las gallinas que solíamos robar para los cocinaos? Ah, la esquina de Don Pedro, a donde iban a parar todos los chismes del mundo, a donde se ventilaban  hasta los cuernos que le pegaban a Rodolfo, el guachimán, aquél, quien para las navidades, nos amenazaba tanto con tumbarnos las latas que colocábamos casi en su frente para prepararnos té de jengibre o algún chocolate para matar el friíto navideño, al tanto que entonábamos todo tipo de villancicos: “De la montaña vengo para invitarte a cantar”, “ábreme la puerta, ábreme la puerta que allá adentro veo un lechón asao”, Por ahí María se va, una vieja se comió, por ahí María se va.”

 

¿Cuáles vientos arrastrarían los boches que nos solía meter la vieja Ana, la misma que murió —maldiciéndonos, creo— porque dizque no le gustaba que instaláramos  juegos de vitillas en su frente? ¿Entre cuáles brumas descansarían  aquellas noches de harturas en la fritura de doña Mamota, aquella mujer de ruda apariencia, pero que por dentro era un alma de Dios, y de eso hacen eco como testigos los pedazos de morcillas, las batatas fritas, los cocotes de pollos, los tostones, las mollejitas que ella nos sabía intercambiar por cada pedazo de madera que le lleváramos para cogerlo como leña para su anafe?

 

¡Ah, Dominguito!, ¿a  qué abismos irían a agonizar aquellos días de idilios, de cuitas de amor, de sustos en los patios oscuros cuando, a veces,  me atrapaban chuleando con las doncellas más frenéticas e impúdicas del barrio? ¿Qué gotas de agua borrarían las letras de las cartas que solía escribirle a la señorita Gertrudis, la maestra de Ciencias Naturales? ¡Mi amor platónico! Aquella quien siempre me reprochaba discretamente mis enajenaciones sentimentales, pero que un buen día me dio un besito furtivo en la boca. Esa que un aciago día quedó embarazada de Alejandro, el profesor de Educación Física, el mismo  quien nunca se enteró que era yo quien les desinflaba los neumáticos de su carro. 

 

¡Maldición! Dominguito ¡Qué sórdida metamorfosis esta! Porque aquí estoy yo, en el mismo barrio, soñando con un porvenir mejor que se ensombrece lentamente en las agujas asesinas del tiempo. En el mismo barrio, Dominguito, con un pasado que pervive en cada rincón de mi alma, con un pasado cómplice y mudo de tantas vivencias que jamás volverán.

 

Ja, ja, ja, ja, heme aquí, Dominguito, en este barrio, con docenas de libros apiñados en cajas de cartones. Soñando con ser algún día un petit burgeois para dejar de una vez y por todas la Zona Franca y dejar de piratear por las noches en el concho. Heme aquí, agitando este biberón. Cambiándote los pañales. Heme aquí, amancebado con una doncella a quien vi andar en el barrio en panti, con la barriga desnuda como un sapo ventrudo, a la misma que veía con la cara sucia,  esa misma que solía ver cargando agua en lata o en galones, a esa que solía vociferarle burlonamente: “Tres moñitos jediondo a gas es el pique que a mí me da.” Esa muchachita que tanto me veía arrastrando sacos de basura para arrojarlos a las cañadas. La misma que hace poco era una adolescente y ahora es la madre de Dominguito, tu madre, Dominguito, tu madre. 

 

      

 

 

Proscrito en el propio lar

viernes, 16 de mayo del 2008 a las 22:15
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Salomé

Proscrito en el propio lar

Jhovanny Marte Rosario

Santiago, R.D. 2004

 

A la memoria de  la ilustre poetisa Salomé Ureña de Henríquez

 

 

Salomé:

En Dominicana, es lastimera labor ser poeta,

cuando la trivialidad te pincha el alma cual saeta.

Aquí, se tiene más presente la comida y el día festivo,

que el progreso de la Patria y su destino.

 

Dedicarse a la Literatura en esta hedonista tierra,

es de frustrante como que deforesten toda la sierra.

Y es que aquí, a un plátano le dan más valor,

que a una poesía de Bécquer escrita al amor.

 

En mi terruño, aquel que a las letras se quiere dedicar,

ha de saber que será proscrito en el propio lar.

  Esto no es raro en una isla que todavía cree en galipote,

y en la calle te convidan a “bajarte un pote.”

 

Son muchos los que exhiben libros en los estantes,

mas son puro lujo porque aquí no se lee como antes.

Es gran hazaña ser aquí del Arte, un heraldo,

Cuando el "maestro" aún cree en el azar y en el resguardo.

 

Oh, augusta poetisa, 

vos misma sabéis que es difícil zafársele a lo mediocre,

cuando la rumba constituye para un pueblo su norte.

 Mas aquella nación que aborrezca la lectura cual torta salobre,

está condenada a ser en el mundo: avasallada y pobre.

7 verdades crueles en el amor

lunes, 12 de mayo del 2008 a las 12:14
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nada

                                                                   

7 verdades crueles en el amor

Jhovanny Marte Rosario

11 de abril, 2008

12:14 a.m. 

 

Advertencia: Material literario no apto para personas que estén ciegamente enamoradas, ni para gente  sensiblera.  

  

 

La realidad es  a la fantasía, lo que es  la noche para el día: dos fenómenos que se repelen y dos verdades que son apariencias.

Pensamiento del autor. 

 

1- Pregunto: ¿Es realmente la persona que tenemos al lado exactamente lo que siempre habíamos deseado como pareja? Seamos honestos en esto. La mayoría de personas, por no decir todos, antes de tomar la decisión de casarse con alguien ya han tenido dos o tres fracasos amorosos. Todo lo que ocurre fuera de esta realidad es una excepción extrañísima. La especie de personas que se llegan a casar con el primer novio o con la primera novia sin llegar a ser infiel es una especie en peligro de extinción, sino ya extinta. Más aún, es difícil en estos tiempos que la mujer de hoy en día, por ejemplo, llegue virgen al matrimonio, ya la conservación del himen para ofrendárselo en bandeja de plata al afortunado Romeo es un asunto desfasado, por no decir un milagro social.   Nada de esto puede considerarse una inmoralidad o un acto de rebeldía; sino simplemente que el mundo se va adecuando, como siempre ha debido ser: libre de toda payasada de humanos y de todo egoísmo personal.

Admitámoslo sin ironías, por lo general, nunca nos llegamos a casar con la persona de nuestros sueños. El amor es un asunto circunstancial. Ahí te veo, ahí te aprovecho. Sin embargo, le ocultamos este pequeño detalle a nuestra pareja para no llegar a herirla y en consecuencia, para no aguar la fiesta antes de que empiece la embriaguez del lazo conyugal.

No obstante, no dejemos que esta cruda realidad afecte nuestra visión en el amor, y más aún, nuestros objetivos sentimentales. Cuidemos lo que nos encontramos en el camino como un verdadero tesoro, sobre todo si la persona que corresponde nuestros sentimientos conserva y práctica los principios y valores humanos que nos conducen, si no a la felicidad, a algo parecido a ella.

Nunca exijas demasiado en el amor, pero tampoco seas en extremo conformista. Tú mereces lo mejor, no lo olvides. La perfección no existe en nadie, pero al menos tratemos de hacer vida de pareja con alguien que valga la pena como ser humano. Aunque el dinero suele comprar los cuerpos más bellos y fogosos, tú no te desalientes que aunque el grupo que negocia sus sentimientos es mayoría y no para de crecer, tú no te desalientes y no pierdas la esperanza en el amor fuera de este vil trueque de sentimientos. Recuerda que aunque la cizaña sea más que el trigo, esto no significa que todo está perdido, ni que todos seamos malditos.

En la loca ruleta rusa de la vida no siempre se le debe de pegar el tiro al más desaventajado, a veces las cosas se revierten a nuestro favor. Ten fe, pero como muy dice la frase popular: A Dios rogando y co el mazo dando. Aunque lo que tengas al lado no es exactamente lo que esperabas como pareja, no seas tan estricto (a) contigo mismo (a), mira que de cualquier yagua vieja puede salir tremendo alacrán. ¿Verdad?

Quiero compartir un consejito muy sabio para tu felicidad: Si quieres reducir el riesgo de infidelidad en tu pareja, a la hora elegir a tu pareja, haz un balance de cuerpo y corazón, es decir que debes seleccionar a alguien de belleza aceptable para ti, pero que tenga un buen corazón. En última instancia, la belleza del corazón será siempre lo más fiable para tu felicidad.  ¿Por qué? Pues porque en un buffet la mayoría de los cubiertos van a pinchar las mejores carnes del manjar, pero los vegetales (lo mejor para la salud) son rechazados por la colectividad. Es decir que en sentido general la belleza física es procurada por casi todos y esto aumenta el riesgo de que otros quieran despojarte de tu pareja. Es como dejar un venadito muerto en medio de una docena de buitres hambrientos. La consigna es pues: ni muy bonito ni muy feo, sino aceptable. Pero recuerda, esto no es póliza de seguro en el amor, ya que sólo busca reducir la probabilidad de perfidia, lo demás es asunto de integridad personal.

 ¿Qué tú le das mucho amor y que no la engañas para recibir lo mismo? No seas ingenuo y no te creas el último vaso de agua del desierto, que siempre habrá quien se entregue más que tú a una relación. ¿Qué eres un experto en la cama y que la enloqueces con tus técnicas de amar? No seas tonto, siempre hay alguien más toro que tú, dispuesto a dar más por menos. Nunca te creas el creador único y definitivo del Kamasutra en el cuerpo de alguien. El mundo está lleno de seres que no dejan de forjar extravagancias exquisitas en el arte de amar. Aun así, para la fidelidad en el amor no hay garantías, así que cruza los dedos y espera hasta el final, pero que esto de la infidelidad no consuma tu espíritu, ni mucho menos te robe el sueño, simplemente ama con intensidad a quien tienes al lado hasta que esa persona no se canse de ti o te traicione o viceversa.

Si llegas a ser una víctima más del engaño, no cometas el error de perdonar, olvida a ese falso amor que jugó con tus sentimientos y busca tu felicidad en otro cuerpo, en otro corazón. No olvides que lo que menos tenemos en la vida es tiempo para malgastarlo por alguien que no te respeta y que en conclusión, no vale la pena. Tampoco vayas tachando a todo el mundo de traicionero, porque hay de todo en la viña del señor. Los cordones umbilicales no se cortan todos con el mismo bisturí. El mal no deja de atacar, pero el bien no se cansa de resistir. Para ese que juega con tu tiempo y sentimientos: Borrón y cuenta nueva. Nadie es indispensable en la vida y todos somos sustituibles. Recuérdalo siempre.

2- Ahora bien, posiblemente te llegues a preguntar: ¿Por qué ya mi pareja no es tan detallista como antes? ¿Es que ya no me ama? ¿Es que tiene a alguien más? La neta es que toda relación amorosa empieza tan ardiente como un horno encendido, pero luego se nos va apagando el hacho de a poco; es decir que la fiebre de enamorar y dejarnos enamorar se nos va bajando gradualmente hasta llegar a su mínima expresión, o más bien diría, al nivel en donde siempre debió empezar: el punto medio, el punto de equilibrio en donde van a parar todas las cosas este mundo.

El amor es la única edificación humana que, por lo general, el ser humano la empieza a construir de arriba hacia abajo. Primero la atracción física, luego el flechazo, más tarde el asfixie, para terminar como termina un volcán después de hacer erupción y vomitar todo de su entraña, aplacado. Si embargo, el verdadero fuego empieza con una llamita que si no la apaga el viento, puede llegar a consumir todo un bosque entre sus feroces llamas. El amor es neciamente al revés, empieza como un fuego devorador para terminar en una flébil llamita, la que a la mínima brisita, se apaga. Y es que todo lo nuevo provoca curiosidad y euforia al principio, luego la decadencia. A cada alba le llega su ocaso. Nada es eterno. Todo es perecedero.  

 Como es natural, todo lo nuevo es motivo de aleluya para el ser humano. Por esta razón no es raro vernos hoy vueltos locos y sin ideas por un nuevo amor y mañana comportarnos con marcada indiferencia con ese amor. No es raro, así es en cierta medida, la naturaleza humana: insaciable y paradójica. Por eso, la innovación en la pareja es una difícil tarea que debemos tratar de sostener todo el tiempo, pero esto intento de resucitar osamentas antiquísimas no constituye una certeza absoluta de que una relación, que va en aparente picada hacia su abismo, se salve. La única esperanza de que la relación continúe viva es que la pareja se ame mutuamente con entrega y sin trampas, de no ser así, seremos víctimas seguras del juego sucio de la infidelidad. Ojo con esto.

 Recuérdalo siempre, el único oxigeno efectivo para que la relación amorosa siga respirando es el amor mismo, el amor mutuo de la pareja, lo demás es aire enrarecido para los pulmones de los sentimientos, es veneno, es peligro.

 No obstante, aunque todo tiende a ser desgastable en la vida, en la práctica, debemos seguir conviviendo con nuestra pareja, para evitar quedarnos solos en nuestra postrimería. Sin embargo, todo aquel que pueda vivir solo sin resentir con el mundo, pues que lo haga, siempre y cuando esto signifique menos vacío existencial, es bueno. Porque hay quien puede ser más feliz solo que acompañado. Sobre todo cuando la persona está dedicada al Arte o la Ciencia. En la vida todo es posible. Aunque lo natural sea vivir en pareja, esto nunca llegará a ser una regla obligatoria, porque cada quien tiene derecho a buscar y percibir la felicidad del modo que más le convenga siempre que no perjudique a los demás.

 Un ejemplo muy vivido por todos es el siguiente: Al principio de la relación, nuestra pareja se dirige a uno con palabras afables y es difícil que no recurra a las normas de cortesía para solicitarnos algo,  o externarnos algún cumplido: (por favor, gracias, me disculpo, perdóname por lo que dije, ¿te gustaría…? ¿Ya comiste? Espero tu llamada. Soñé contigo anoche. Y un largo etcétera de detalles, los que nos envuelven el alma en una burbuja mágica.

 Sin embargo, pasado un tiempo, la pareja entra en confianza con uno (el principio de la desdicha) y todo se vuelca en perjuicio del amor. Pasamos de la civilización a los tiempos primitivos, en donde hasta el sexo ya no se conquista, sino que se exige y en el peor de los casos ya ni se disfruta, por lo que cuando se procura la intimidad se llega por compromiso conyugal y nada más.

 Por otro lado,  nos quedamos esperando los regalitos de antes como se quedan esperando los niños a Santa Claus: cada año más desencantados. Las cartas de amor se convierten en mitos, las palabras dulces que nos hacían enrojecer las mejillas ya son historias muertas del ayer, de los besos ardientes de antaño que nos trasportaban a la luna se nos convierten en exhibiciones de piezas de museo con restricciones. Ya no nos invitan a salir, nos ordenan ir, cuando no nos saltan con la vieja historia de nunca acabar del derecho a la privacidad que cada quien tiene, nos exigen que se les dé espacio para realizarse como personas. En fin, ya la sábana con la que ambos solíamos arroparnos con complacencia, ahora nos resulta dizque muy pequeña y entonces se cumple la sospecha, cada quien tendrá su propia sábana y quizás, camas separadas. ¡Adiós a los besos apasionados! ¡Adiós a las veladas románticas! ¡Adiós a la magia!  ¡Adiós al sexo con pasión!  ¡Y bienvenida a la realidad de todo!

 Es pues una realidad que con el tiempo muchas parejas llegan a detestarse como se odiarían una pantera y un tigre metidos en la misma jaula. Aun así, muchos permanecen juntos por compromiso social, a veces por los intereses económicos envueltos, otras veces por el "bienestar" de los hijos, o simplemente por miedo al cambio, y en última instancia para evitar la fatiga de tener que empezar desde cero con alguien más, para orbitar otra vez en la misma elíptica de escenas repetidas.

 Como bien dije anteriormente, tú mereces tener a alguien que valga la pena a tu lado, pero si notas que ya la relación está rayando en estos espasmos amorosos mi mejor sugerencia es la ruptura amorosa y un cambio de 180° a tu vida. Total, la gente nace sola y se muere sola. ¿O acaso has visto un amor siamés? ¡Pamplinas! Grávalo en la tabla de tu corazón, el amor es situacional, no es destino, no nace, se hace. Y como muy bien dicen por ahí: mejor solo que mal acompañado, por su puesto, sin resentimientos ni vacíos existenciales.

  

3- ¿Realmente amas a quien tienes a tu lado, o más bien están juntos porque una fuerza mayor fuera del amor los mantienen juntos? Con el tiempo llegamos a confundir la costumbre con el amor. "Buena" alucinación. Pero con el paso de los años pasamos de ser amantes deseados, a ser amigos de cama y a veces un gobierno de facto, algo así como un invasor, que es lo mismo que fastidio disimulado. Duele saberlo, pero es la realidad. Adaptación es la solución.

 Convivir prolongadamente con alguien pueda que provoque unos síntomas de empatía similar al que podría manifestar un rehén con un captor bonachón, con quien la víctima podría llegar a identificarse.  Este es el clásico Síndrome de Estocolmo. Algunas parejas siguen juntas (sin amor) por agradecimiento, otras por la pena que le provocaría abandonar después de tanto tiempo a quien estuvo a su lado en las buenas y en las malas. El punto es, que todas estas situaciones crean un estado de confusión tal en la pareja, que es difícil saber  si lo que se vive es amor  o es un simple hábito, como el que suelen presentar los hermanos que no llegan a separarse del todo.  

 

4- Creer en el Destino en el amor es la forma más ingenua de autoengaño. La Ley de Causa y Efecto es la lógica de todo lo que existe en el Universo. Fuera de esta razón de existencialismo nada se da. Si te cae una piedra en la cabeza es porque alguien la arrojó de algún lugar. Una casa no se desploma sola, alguna fuerza mayor hace que colapse: el tiempo que todo lo pudre o la mano del hombre que tanto construye como destruye. El azar no existe. Es pura imaginación pueril pensar lo contrario de la lógica de las cosas. De cualquier modo, no es tan malo autoengañarnos un poco con esto del destino en el amor, ya que de algo mágico debe alimentarse el corazón.

 Un ejemplo claro de lógica es el siguiente: Si viajas a Canadá y te enamoras de alguien en ese país, que también te corresponde, no vengas luego con el cuento viejo del Destino. Simplemente viajaste a esa nación  y las circunstancias provocaron el encuentro y punto. El Universo no conspiró para que se diera ese episodio en tu vida. Dios no intervino en las fibras de sus corazones para que surgieran de ambos la química de amor. Además Dios no es ni puede ser alcahuete de nadie, no debe interferir  en los asuntos de los seres humanos para poder estar libre de culpa el día del Juicio Final. En algo estoy más que de acuerdo en el amor, y es en que la historieta de las almas gemelas no es, ni ha sido, ni jamás será algo real, pero al menos nos entretiene un poco y además evita que el corazón se oxide.   

  

5- Los años convividos con alguien provocan bostezos a la relación, sobre todo cuando alguien se casa muy joven. En este caso los suspiros se multiplican para luego convertirse en un mal llamado: hastío. Siempre debemos estar preparados para lo peor en una relación, pero claro, sin dejar de intentar de inyectarle vida a la misma. Como todos sabemos, no siempre se gana en el amor, muchas de las veces se pierde. Por lo tanto, siempre conserva una coraza para los dardos críticos que te hostigarán por todos los flancos, y por su puesto, ten preparada una buena garganta para los tragos amargos de las desilusiones. Recuerda esto siempre: a la guerra se va a perder o a ganar. ¿Es guerra el amor? Para muchos es sólo una escaramuza, para otros un Armagedón. Lo cierto es que todos entramos al juego de los sentimientos y cada quien recibe en el proceso lo que da, uno menos, otros más.

 ¿Qué es lo que hace de eso que nos parecía un sueño hecho realidad que se convierta en todo una pesadilla? Este fenómeno de desamor no es complejo explicarlo. ¿Qué le suele ocurrir a dos hierros que constantemente se friccionan durante varios años? Obviamente se carcomen hasta descomponerse. ¿Ocurre lo mismo en el amor? En sentido general, sí. O a caso ya se nos olvido el refrán español que dice: "tanto va el cántaro al pozo hasta que se rompe." ¿Qué significa esto? ¿Qué debemos constantemente cambiar de pareja hasta que nos llegue la vejez? Por su puesto que no. Lo que sí debemos hacer para, más o menos, evitar ser víctima del aburrimiento con la pareja es: Primero: estar consciente de que el descenso de la pasión en el amor es algo natural. Segundo: no quedarnos de brazos cruzados hasta esperar que la relación se convierta en una carga insostenible sentimentalmente, es decir, hacer cosas nuevas en pareja sin caer en extravagancias de las cuales deba uno arrepentirse luego, cometer algunas locuras espontáneas, retozar de vez en cuando es aprovechable en cierta medida…. Y tercero: dar libertad a la pareja para que se realice como ser humano. No encadenar, no poseer, no esclavizar, no obsesionarse con su persona, en pocas palabras no joderle la existencia al otro.  De este modo los años en convivencia con otra persona no le harán mella a la relación.

 Compartir espacio con otra persona no sería tan complicado si no existieran las obsesiones, el juego del triángulo amoroso y la monotonía en la actividad amorosa. El amor no es aburrido, uno es el aburrido que aburre el aburrimiento de otro aburrido. No seamos perezosos pues y convirtámonos en verdaderos artistas en el amor. De no ser así, mejor no nos enamoremos, de este modo ni llegaremos  a frustrarnos tanto en esta vida y evitaremos que seamos la causa de que otros también se resientan del amor.  

 

6- El amor no es material, pero la carne sí que lo es. Por esta razón y otras, inmanentes al caso, es ya común que mucha gente subaste sus sentimientos al mejor postor. Sacrifican el amor por intereses personales. Unos lo hacen por su carácter larvario y acomodaticio, otros por la más vil de las codicias, en este grupo entra la mayoría: Jovencitas que se casan con señores que podrían ser perfectamente sus papás o abuelos. Muchachas que se entregan a un extranjero por el pasaporte con el fin de "salir" de la miseria (en el caso de quienes nacen en países tercermundistas). Personas que se fijan exclusivamente en el atractivo físico de alguien, aunque ese alguien sea una verdadera mole de mediocridad y pobreza espiritual. En este sentido de indignidad nos vendría muy bien la siguiente pregunta: ¿Te quedarías con la pareja que tienes ahora si llegaras a ser millonario con un billete premiado de la lotería? O al revés: ¿Se quedaría tu pareja contigo si fuera ella quien se sacara el premio? La gran mayoría de las personas de seguro que dirían que por nada en la vida dejarían a su compañero (a). Sin embargo, estoy más que seguro que pasado un tiempito un porcentaje bien alto de personas manipularían la situación con mucha estrategia para divorciarse o separase de su pareja. Y luego… ¡la "buena" vida con alguien diferente! Te has puesto a pensar por qué un tipo de poco atractivo físico y probablemente poco intelectual, pero quien es rico lleva en su carro, a su lado, una mujer joven y bella. Nada más lógico. ¡El dinero le proporciona ese lujo! ¿Quién ha visto en las sociedades de este mundo a una jovencita bella y rica ir en pos de un señor pobre y quien le dobla la edad?

Este mundo está plagado de discriminación y prejuicios por todos los puntos cardinales. El materialismo se ha apoderado de los sentimientos. El capitalismo ha dañado el amor. La Tierra está llena de corruptos y corruptores, de manipulados y manipuladores, de sádicos y masoquistas. De lobos y zorras. De extintores de sentimientos, de locos y malditos. Pero dentro de esa gran mayoría torcida, existe esa maravillosa minoría que no se doblega ante nada, esos que no comercializan sus principios. ¿Estás  tú entre los buenos de la película? No es raro que los amores subliminales de Romeo y Julieta hayan sido producto de una novela trágica de un escritor europeo y romántico. Cuando la gente escucha la palabra éxito la asocia por lo regular con dinero. Esto no es extraño en un mundo en donde hasta el oxígeno que se respira le gravan impuestos. Y es que nadie quiere habitar una casa de cartón ni encontrar en la mesa mendrugo y agua, y en el peor de los casos, nada. A todo esto mi progenitor solía decir que la peor enfermedad de este mundo es la pobreza y la vejez su agravante. No obstante, sé que la pobreza en un ser humano es relativa; ya que hay  quienes tienen mucho y no son felices; y hay quienes no son del círculo de los adinerados y, sin embargo, su satisfacción por la vida es envidiable.  En resumidas cuentas, en el punto medio de las cosas, siempre encontraremos la solución a todos los conflictos de nuestra existencia. Ni vendas tus sentimientos ni tampoco lo pongas en baratillo. Defiende tu dignidad a ultranza. Que se pierda todo menos tu derecho a la felicidad.  

 

7- Todo queremos amar y ser amados, pero es más cómodo que te demuestren amor de mil maneras a tu demostrar que amas a alguien. El ser humano siempre busca un modo de evitar responsabilidades que signifiquen esfuerzos de toda índole. Toda mujer sueña con tener a un hombre que la haga sentir mujer, no que la haga aparentar mujer, del mismo modo el hombre busca a esa mujer que lo haga sentir hombre y no que lo haga parecer un hombre en todos los sentidos.

Estoy seguro que todos sabemos cuál es la forma de hacer sentir a alguien, como lo que debería ser y no como lo que debería aparentar; pero a todo esto surge la gran interrogante: ¿Estás tú en disponibilidad de pagar ese elevado precio en el amor? He ahí la cuestión de toda relación amorosa. No obstante, hay quien tiene esa disponibilidad de entrega a la pareja, pero resulta que la pareja no muestra con hechos palpables que ama, he aquí la disyuntiva, este tipo de pareja dispareja es una perfecta candidata para el inscribirse en el club de las parejas potencialmente arruinadas. ¿Por qué? Pues dime, ¿Cómo puede un solo lado de pinzas cortar un alambre? Nunca lo hará. Del mismo modo es el amor: un asunto de dos.

A mi parecer, en la gran mayoría de relaciones sentimentales se da que uno está enamorado, pero el otro no. ¡Fracaso a la vista! Y el amor es, como escuché decir por ahí, la cosa más exigente: a todo o no nada. Y es que también en el amor, no son todos lo que están ni están todos los que son. Hay de todo en la viña del señor, pero en nuestra viña sólo hay dos cosas seguras: seres que aman sin ser de igual modo correspondido, y seres que son correspondidos, pero que no aman. Y esto, en el fondo, duele. No hay dudas, hace daño. Para todo esto, prepárate. El juego es simple: o te adaptas al sistema o el sistema acabará por hacer que te suicides. Mantén los ojos bien abiertos para todo y, que tengas mucha suerte en el amor, aunque la única suerte que conozco es el amor mutuo que tan solo se alimenta del fruto de la entrega incondicional y el esfuerzo de perpetuarse por los siglos de los siglos.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así será todo

lunes, 12 de mayo del 2008 a las 00:43
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ASI SERA TODO

Así será todo

Jhovanny Marte Rosario

6 de mayo, 2008

2: 23 p.m.

 

 

Habrá una última guerra

como nunca ojos humanos

habían podido contemplar.

Más horrenda y terrible

que el mismo Armagedón.

 

Sí.

 Cuando ya el planeta esté

insalvablemente atosigado

por la contaminación,

y el aire se haga irrespirable,

y las nubes dejen caer ácido y lodo,

y los ríos estén intoxicados,

y las raíces de las plantas secas,

y los animales demacrados,

entonces llegará la hora final,

el momento de la catástrofe suprema.

 

Será la última ofensiva entre los humanos,

en la que no habrá tregua alguna

para pensar en paz,

sino sólo en destrucción, y en lágrimas,

y en lamentos, y en muerte.

 

Yo, entonces,

escalaré el monte más cercano,

quizás un árbol,

para contemplar

cómo se devoran unos con otros

cual bichos espantosos

 y me reiré de tal circo,

luego bajaré lleno de escalofrío  

 al recordar… que soy uno de ellos,

y lloraré amargamente entre las ojivas.

 

Tras algunos días de bajas humanas,

los océanos y mares se desbordarán

y arrasarán con todo en el planeta.

¡Será La Gran Némesis de Natura!

 

La Tierra quedará desolada

y sin nosotros. Vacía.    

 Alegra tal vez, porque

ya no será más lastimada.

 

Cientos de siglos después,

volverá la vida a germinar,

como en su génesis.

 

Sin embargo, esta vez,

cuando los animales vean

el primer intento de aparición humana,

a nadie que lo dude:

lo aplastarán con saña

y el más terrible deseo de venganza.

 

Porque en lo adelante,

el mundo será de los animales

y de las plantas,

y de las piedras,

y del silencio.

 

Como siempre debió haber sido;

aunque yo no hubiese existido para  

presagiar esta nefasta realidad

y tú tampoco para maldecirme ahora.

La Antorcha Olímpica

martes, 06 de mayo del 2008 a las 01:36
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LA ANTORCHA OLIMPICA

 

La Antorcha Olímpica

Jhovanny Marte Rosario

5 de mayo, 2008

5: 15 p.m.

 

 Dedicado a mi amada madre, Sofía Rosario

Aunque esa tarde harineaba menudamente, ya a ambos lados de la avenida se apreciaban dos hileras de personas que se extendían en el horizonte. Todos esperaban, ansiosos,  la llegada de la famosa Antorcha Olímpica. Ciento de decenas de personas portaban cámaras digitales, unos para tomar fotos, otros para grabar la Llama Olímpica.

La multitud aparentaba estar muy entusiasmada con el singular evento, excepto una mujer, Juana Isabel, " La Primitiva, " como le apodó la gente por vivir en una especie de cueva no muy lejos de aquel lugar, por donde pasaría la atleta con la tradicional tea encendida. Sin embargo, Juana Isabel no moraba en aquella caverna porque fuera una loca de la calle, sino porque la pobreza la había empujado a alojarse en ese lugar, tal y como se contaba de Diógenes el Cínico en Grecia, aunque este hombre lo hiciera por una radical filosofía de simplificar la vida a su mínima expresión con el ejemplo.  

Como casi todo el pueblo miraba a esta mujer como a una crápula social y nunca como un ser humano con derecho a ocupar un espacio en el Universo con dignidad, Juana Isabel se fue refugiando cada vez más en su propio modus vivendi. Sin embargo, su actitud recia y firme nunca la dejaron caer en la mendicidad, por lo que para ganarse el pan: de día limpiaba cristales de vehículos en los semáforos, y de noche  se entregaba a la prostitución; aunque esto último pensaba dejarlo en cualquier momento.  

Cuando las personas avistaron a la atleta acercarse con la Llama Eterna empezaron a ovacionarla llenas de júbilo, al tanto que los flashes de las cámaras se sucedían como relámpagos en el cielo. En lo alto de la tarima principal, saludaban contentos: el presidente de la nación, la primera dama, el  gobernador y un grupo diverso de funcionarios, entre ellos, el secretario de deportes. Esa tarde apostaron policías antimotines y varios agentes secretos en lugares estratégicos, como si se tratase de las pomposas celebraciones que suelen hacerse por motivo de la independencia nacional de una nación.  

Para sorpresa de la masa, y pasmo del mundo, cuando la atleta estuvo bien cerca de Juana Isabel, ésta se le vino encima y  le  arrebató el hacho olímpico, acto seguido emprendió la huida. Se escabulló entre los matorrales y fue saltando obstáculos de manera admirable. De inmediato, una avalancha bravucona de agentes policiales y una legión de  personas indignadas corrieron tras la mujer, como si se tratase de un fugitivo  extremamente peligroso.

–¡Atrapen a la ladrona! –vociferó, furioso, un oficial de la uniformada.

 

En la desordenada carrera, unos se fueron de bruces entre las breñas, otros dejaban de correr, exhaustos, mientas que La Primitiva, conocedora del terreno, iba esquivando todo. Uno de los policías hizo un disparo al aire para tratar de atemorizarla, pero no funcionó, la mujer aceleraba más y más rápido como alma que lleva el diablo. Algunas personas, ya enojadas con la situación, empezaron a arrojarle todo lo que llevaban: botellas de soda, cámaras, relojes, cepillos de pelos, hasta zapatos, pero nada parecía detenerla, lo único que dejaba a su paso era el humillo y olor a azufre y cal de la candela. Tan pronto Juana Isabel llegó a la boca de la cueva, se metió en ella y la tapó con algunas ramas. Pero pronto fue retirada por dos policías. En un par de minutos, la cueva ya estaba llena de gente.

–¡Arriba las manos, señora! –ordenó un oficial, apuntándole con una pistola.

–¡No me mate, policía por amor a la Virgencita de la Altagracia! Yo sólo quiero hacerle un té a mi hijo que tiene calentura  –explicó ella, a la vez que señalaba hacia un montón de sacos de pita cerca de unas rocas.

Todos volvieron la mirada al lugar que ella señalaba y ahí,  vieron, atónitos unos y confundidos otros, a un niño de algunos dos años, tiritando de frío, lívido y asustado.

Entonces una voz murmuró de entre la muchedumbre:

–Esta mujer es la más digna  atleta de la abnegación.  

 

Amantes

jueves, 24 de abril del 2008 a las 04:27
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AMANTES

                                                             

 

Amantes

Jhovanny Marte Rosario

6 de abril, 2008

7:24 p.m.

 

Se hunde el sol

en el horizonte

y desfallece la luz,

y yo yo empiezo a saltar

el cercado en pos de

tus caricias.

 

Palmo a palmo

la oscuridad

  adormece los pudores,

mientras se atizan los deseos

en los corazones.

 

En lo alto,

la luna se confabula

tras una nube viajera,

y yo / yo trepo ahora

la hiedra de tu ventanal,

y como cuatrero

 empiezo a saquearlo todo.

Y túja, tú a entregar

las alhajas de él, mías,

de todos y de nadie.

 

–¿Y él don? – indago mientras

mi lengua serpentean

 sobre tu cuello.

 

–En sus negocios – me respondes

entre una sonrisa oblicua

y preludios de gemidos.

 

 Damos rienda suelta al frenesí,

y hacemos nuestra la baldosa,

y la alfombra, y la trementina,

y como volcán en plena erupción,

nos abandonamos al clímax,

al pecado.

 

Como la otra vez,

saciadas las carnes,

recojo mi ropa,

te susurro palabras

de amor al oído,

y me marcho

como ladrón

con botín en mano.

 

Quizás para retornar otro día.

Tal vez / para no volver jamás

 

La Última Cena

jueves, 17 de abril del 2008 a las 15:11
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La última Cena

                                                                        

 

 

La Última Cena

Jhovanny Marte Rosario

24 de septiembre de 2007

 (7: 20 p.m.)

 

 

¨Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros,

sería oportuno saber si no se están muriendo de hambre.¨ 

(León Tolstoi)

 

–Tengo hambre, ma –comentó el muchacho, mientras las tripas volvían a chillarle.

 

Ella, apenada, pasó las descarnadas manos sobre el estómago del hijo y comentó con un metal de voz casi quebrado:

 

–No te preocupes, mi´jo que tu papá llegará pronto con la cena.

 

Él, chasqueó la boca, volvió la mirada a una réplica de La Última Cena colgada en la pared, luego la volvió a la madre, y curioso, inquirió:

 

–Ma, ¿Dios existe?

 

 –¡Claro, mi´jo!

 

–¿Y a Dios le da hambre como a nosotros, ma?

 

 –Claro que sí mi vida, pero el alimento de Dios es espiritual.

 

–¿Y Dios tiene mucha comida espiritual en su casa, ma?

 

La madre se quedó ensimismada por un rato. Pasó la mano sobre la carita lívida del muchacho y soltó un hondo suspiro.

 

"Ma, ¿Dios tiene mucha comida en el Cielo?" –insistió el vástago, al tanto que se mordisqueaba las uñas de manera recurrente.

 

Ella vaciló por un instante ante la pregunta. Hundió la mirada mortecina a la referida pintura de Da Vinci y dijo, sin bajar el rostro:

 

–Sí, mi´jo. Él tiene mucho maná.

 

–¿Entonces, por qué no nos envía a un ángel para que nos traiga un chin?

 

–Pues… pues porque Dios y los ángeles están muy ocupados allá arriba en otras cosas.

 

El muchacho se quedó pensativo por un momento. Se manoseó el estómago… miró a la madre, quien ya se cabeceaba del sueño y dijo:

 

  –Ma, yo quiero ser un dios.

 

–¡Qué dices, mi´jo! No blasfemes. ¿Para qué quieres ser tú un dios?

 

–Pues… para… para hacer que los papás de los niños lleguen temprano a la casa con la comida.

 

En esa se la pasó el muchacho, hasta que la madre se durmió. Cuando de repente, alguien tocó a la puerta. Ella se despertó de sobresalto. El muchacho fue a abrir y volvió con una funda de papel en la mano.

 

–Ramoncito, ma. Dijo que papá no viene ahora, que vaya preparando algo con esto.

 

La madre tomó la funda con ansiedad, la destapó y sacó de ella: dos panes y media libra de azúcar.

 

–Ma…

 

–¿Qué mi´jo?

 

–¿Vamos a cenar lo mismo de anoche?

 

–Sí, pero sólo hasta que tu papá llegue.

 

La madre echó el azúcar en una lata, la disolvió en agua de tinaja, llenó un jarrito y se lo pasó al hijo, junto con los dos panes.

 

–Ma… ¿Y tú no vas a comer?

 

 –No. Come tú, mi´jo, que yo no tengo hambre.

 

–Ah, ¿Igual que anoche, ma? ¡A ti nunca te da hambre, ma.

 

El niño mojó los panes en el agua dulce y se los comió con voracidad. Satisfecho, le dio un beso en la mejilla a la madre, le pidió la bendición y se fue a dormir. La madre se quedó de pie bajo el dintel de la puerta con los brazos entrecruzados por debajo de los senos. Meditó casi dos horas. Se cansó de esperar al marido, quien como en otras ocasiones, no se presentó al hogar.

 

Entonces se colocó frente al cuadro de La Última Cena y, murmurando algo entre los dientes, lo apeó del clavo para venderlo o tal vez para cambiarlo mañana por algunos víveres en el mercado. Finalmente se fue a acostar junto al hijo, pero antes guardó su jarro de agua de azúcar en la tinaja, para dárselo al muchacho por la mañana, por si acaso…

 

 

Cuando amanezca

jueves, 17 de abril del 2008 a las 05:51
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Cuando amanezca

Cuando amanezca

Jhovanny Marte Rosario

15 de abril, 2008

2:30 a.m.

 

Mañana…

Mañana cuando amanezca/

 sé que no te despertarás

por el tibio rayo de sol

que, sigiloso, se escurre por la ventana,

ni por el anticipado canto del gallo

que se desgañita al alba,

ni por ese tétrico doblar

de las viejas campanas

de la capilla,

mucho menos por el habitual

murmuro de la gente

antes de irse al trabajo,

ni aun por el chirrido maldito

 de los goznes de tu puerta.

 

No,

nada de eso te hará despertar tan ágil,

como el frío antártico

de mi beso de hasta nunca,

amor perjuro / amor dañado…

Sobre el blog

Literaturaquisqueyana

Literaturaquisqueyana es un espacio creado para compartir Literatura con aquellas personas que realmente se identifican con la magia de la palabra.

La palabra libera, la palabra nos conduce a un éxtasis de satisfacción personal, la palabra nos brinda catarsis, la palabra nos envuelve en un paroxismo vivificador, la palabra nos transporta a dimensiones etéreas, la palabra enamora el corazón. La palabra mal usada puede que mate, pero es nuestra decisión de que ocurra lo lóbrego, porque el control de las emociones que causa la palabra es nuestro.Así como la palabra puede fusilar sentimientos, también puede que dé vida, vida en abundancia.

Aquí podrás acceder a la palabra que mitiga ¿Qué? !No sé! Lo que tú permitas. Aquí la palabra logrará que surja algo de ti ¿Qué? Ya lo dije una vez !No sé! Es una experiencia personal, una mística entre tú y la palabra.

La meta de esta página es y será uno solo: empapar el alma de literatura pura y desinteresada. La Humanidad se ha encargado de ponerle un precio a la palabra ajena. !Han hecho de ella un mercado ignominioso! Pero como paga han recibido un numen anquilosado; por eso a la mía nadie le pondrá un precio porque no está en venta. Así de simple para que nazca espontánea y pura.

Que tu estancia en este lar sea de tu agrado.

Un cálido abrazo,

el autor,


Jhovanny Marte Rosario


Santiago, República Dominicana.


jhovannymarte@yahoo.com

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