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LAS MIL CARAS DEL ROBO

miércoles, 12 de diciembre del 2007 a las 03:34
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Las mil caras del robo

Jhovanny Marte Rosario

22 de noviembre de 2007

2: 05 p.m.

 

En este mundo de astucia y patraña,

Todos hemos aprendido para sobrevivir una maña.

Cubriendo con piel de corderito nuestra identidad de lobo,

para así arrojarnos  con disimulo y diplomacia al fino robo.

 

Roba y deja robar desde Palacio nuestro Presidente:

El esfuerzo  y el erario de nuestra ingenua gente.

Roba agazapado desde la iglesia el  sacerdote:

El albedrío y el raciocinio del religioso por lote.

 

Roba el eficiente policía con fanfarria y gracia,

al individuo que se corrompe  y cae en desgracia.

Roba el maestro con su severidad y falta de paciencia:

El deseo del estudiante y su inteligencia.

 

Roba el comerciante al consumidor con vicio,

Manipulando la balanza con artificio.

Roba el juez con el abogado en connivencia:

El dinero del imputado y su brizna de vergüenza.

 

Roba el doctor con sus ladinas manos:

La esperanza de los enfermos y la de los sanos.

Roba el banquero con negocio  impuro:

Los fondos del ahorrante y su futuro.

 

Roba el patrón  de cada sueldo mensual:

El sudor del empleado como un gran profesional.

Roba el violador en los resquicios de la oscuridad:

A la llorosa doncella su reservada virginidad.

DESEO DE MUERTE

miércoles, 12 de diciembre del 2007 a las 03:29
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Deseo de muerte

Jhovanny Marte Rosario

8 de diciembre  de 2007

12:05 a.m.

-No vale la pena seguir llevando esta vida de ratas. Deseo morir -dijo Agustín. Cabizbajo, al tanto que el brillo de las lágrimas se le fue asomando en los ojillos.

 

Acto seguido, se trepó al framboyán y amarró fuertemente una soga en una rama rústica que sobresalía del árbol como un brazo extendido. Hecho esto, se apeó, relamió su alrededor con la mirada como si buscara a alguien. Como a nadie avistó, dejó escapar un suspiro de hastío y se encaramó en una barrica, justo debajo de su medio de suicidio. Se puso la soga al cuello y casi cuando iba a apartar la barrica con los pies, vio que se acercaba un hombre vestido de frac negro, quien además empuñaba una cinta de medir. Agustín ora tensó la cuerda, ora la blandió y al no recibir la reacción esperada del circundante, vociferó con cierto aspaviento:  

 

 -¡Me voy a quitar la vida! ¡A nadie que me detenga!

 

Sin embargo, el hombre aquel tan solo siguió su camino como si la cosa no fuera con él. Lacerado por el desdén, reanudó la parafernalia de su locura, y ya a un tris de consumar el fatídico hecho, otro hombre de aspecto harapiento pasó por el lugar. Agustín pues, acudió una vez más a la búsqueda de empatía, no obstante, este último ni siquiera volvió la mirada, más bien apretó el paso.

 

Pinchado en lo más profundo por tamaña inconsciencia humana, Agustín sacó el cuello de la soga, bajó de su gólgota y persiguió, indignado, al segundo hombre. Cuando le dio alcance, éste se encontraba charlando sosegadamente con el del frac. Agustín se paró delante de ambos con las dos manos puestas en la cintura, arrojó un escupitajo al suelo y espetó:  

 

 -¡Pero qué almas tan frías tienen ustedes dos, mal nacidos!

 

-¿A qué se refiere, señor mío? -Indagó el del frac, parco, mientras manoseaba la cinta de medir.

 

-¿Y todavía lo pregunta, socarrón? ¿Acaso no se percataron ustedes de que estaba al punto de arrancarme la vida y ninguno hizo nada para evitarlo? ¿De qué diablos están hechos sus corazones? ¿De piedra? ¿De hielo? ¿De mierda? -Profirió Agustín, sulfurado.

 

- Señor mío, le ofrezco disculpas por mi cuota de insensibilidad, pero la neta, la neta es que yo tengo una familia que mantener y mi oficio es el de fabricar y vender féretros. Y pues, como usted entenderá, si la gente no muere, mi familia muere -explicó el del frac, ruborizado.

 

- Yo por mi parte, mi señor... -dijo el otro un tanto contrito -yo no tengo familia, pero yo soy sepulturero. Es decir que si yo no entierro, me entierran a mí.

 

Después de Agustín escuchar y reflexionar la razón de ambos hombres entorno a su displicencia, se retiró, enmudecido, a concluir, sin dar marcha atrás, lo que había empezado...

 

 

 

YO NO LO MATÉ, FUE UN ACCIDENTE...

miércoles, 31 de octubre del 2007 a las 00:27
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Yo no lo maté, fue un accidente...

Jhovanny Marte Rosario

14 de octubre de 2007

9:05 p.m.

 

 

 

"La rabia de los celos  es tan fuerte

que fuerza a hacer cualquier desatino."
Cervantes

 

 

Yo era feliz con él, hasta aquella noche que lo encontré con otra. Entonces no me contuve. Los celos me entorpecieron la razón y quise asesinarlo con una daga, pero yo no lo maté, fue un accidente...

 

Él fue ese tipo de hombre con quien cualquier mujer, digna de su alcurnia, hubiese deseado casarse: atractivo, amoroso, educado, detallista y con un sueldo decente. A mí, lo que más me atrajo de él fue ese halo de misterio en el que siempre se envolvía como ser humano. No lo niego, la curiosidad de conocer más de él fue lo que me arrastró al abismo de mi más lacerante decepción amorosa.

 

Corría el año de 1961. Yo para entonces frisaba la edad de 35 años (4 menos que él). Como mujer de edad madura me sentía en el umbral de la vejez y deseaba a un hombre a mi lado, pero no cualquier hombre, sino uno que me amara, que tomara en cuenta mis sentimientos y que jamás me cambiase por otra -mi mayor temor en la vida-.

 

Era el primer día de clases en la universidad. Yo al igual que los demás estudiantes esperábamos a nuestro primer profesor del día. La sala estaba cargada de un rumor ensordecedor, hasta que él entró, a grandes trancos con maletín en mano, el cual de inmediato colocó sobre el escritorio. Luego extrajo un pañuelo blanco del bolsillo de su chaqueta negra, se secó el sudor de la frente y las sienes, miró el salón de clase de hito en hito, aclaró la voz y dijo:

 

-Nadie quiere morir como es lógico, pero estoy seguro que la mayoría de ustedes, en alguna ocasión, le ha deseado la muerte a alguien. Cada quien tiene sus razones para adoptar tan reptil actitud. Sin embargo, el ser humano tiene dos muertes: una corporal y otra espiritual. Un médico forense es el detective de la primera. Lo demás, déjenselo a Dios.

 

Todos nos volvimos los rostros, extrañados, con tan inusual presentación. Él por su parte se acercó lo más que pudo al centro de la primera línea de estudiantes, nos echó una mirada por encima de sus lentes y expresó:

 

 

-Mi nombre es Carl Cooper Batistte. Soy su profesor titular de Medicina Legal y Forense. Yo les enseñaré a descifrar las causas reales de la muerte de alguien.

 

No sé cómo explicarlo, pero desde que lo vi franquear la puerta del salón, me enamoré de su apariencia tan bien cuidada, luego de su timbre de voz tan suave y sensual, para terminar de ser flechada por su gracia y empatía.

 

 -¡Profesor! -Se dejó oír una voz de repente. Todos volvimos la mirada atrás, casi de manera sincronizada. Era una mujer hindú (deduje su nacionalidad por el bindi azafrán que le vi en la frente).

 

-Díganos, señorita -correspondió el catedrático con amabilidad.

 

- ¿Es cierto que Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel robaban cadáveres para estudiar sus anatomías con más precisión? -inquirió con una mirada diagonal.

 

-Así dicen los libros, señorita -respondió él, entusiasmado. Luego esbozó una sonrisa con marcada connivencia.

 

-¿No es esto una profanación a la memoria de los difuntos, profesor? -conminó alguien más de los presentes.

 

Tras el asedio de la pregunta devino un momento de silencio. Él suspiró con profusión, volvió sobre sus pasos, se sentó en el borde de su escritorio, giró las pupilas de izquierda a derecha y con un aire grandilocuente, replicó:

 

-Arrancarle el hálito de la vida a un ser humano es un acto tan abominable como punible, bajo cualquier circunstancia. Sin embargo, hacerse cargo de los despojos mortales de alguien, examinarlos, descubrir la incógnita de su muerte, sostener un diálogo sosegado con la materia inerte: purificarla, embalsamarla y finalmente mimarla es, señores, un arte reservado tan solo a algunas almas valientes de este mundo. Así pues, como el poeta se inspira en la sutileza de la primavera y forja su etérea poesía, el cantor se embriaga con éxtasis y gorjea como pajarito su lírica, el pintor se enajena de un paisaje subliminal y con los colores de su paleta lo plasma en un lienzo... El médico forense se inspira con la mudez y el frío del cuerpo sin vida, limpia su interior de las corrompidas vísceras, tonifica la piel cetrina con maquillaje y honra su espíritu con mirra, óleo y amor...

 

Todos quedamos pasmados ante tan asombrosa contestación. De modo que nos pusimos de pie y lo aplaudimos con mucha deferencia. Empero mi admiración se desbordó del pecho y se convirtió en esa sustancia espiritual que hace hinchar el corazón hasta dejarlo embobado. Era un llamado al amor. Cupido me jugó sucio.

 

Como el agua no va al animal sediento, sino al revés. En los días postreros me propuse conquistarlo y merced a mis atributos femeninos y a mi sagacidad bruñida por la experiencia, él acabó por fijarse en mí como lo hizo el emperador Julio César ante la reina de Egipto, Cleopatra. Carl nunca se había casado ni tampoco tuvo hijos. Sólo experimentó uno que otro idilio, según él. Algo un tanto inusual en un hombre de su porte y virtudes.

 

Un año y algo después contrajimos nupcias. Mi matrimonio fue lo que se puede decir: el sueño de toda mujer. Como dije al principio, Carl fue un ejemplo de marido: hogareño, detallista, adoraba a los niños, le encantaba cabalgar en el bosque, buen amante en la cama, (aunque algunas noches no se mostraba tan dispuesto a la intimidad). Yo, por mi parte, respetaba esa desgana sexual y lo comprendía, haciendo caso omiso a un precepto tántrico el cual enseña que hacer el amor no es tener sexo. Todo de él me fascinaba excepto el lugar donde trabaja: la morgue. Debido a mi repugnancia hacia los cadáveres, descubierta luego, deserté de la carrera de Medicina y, por su puesto, no iba a visitar a Carl a  la morgue ni por asomo.  

 

Como mujer llegué a pensar que lo que mantenía a raya a las mujeres de él era su  profesión de patólogo. "Es difícil convivir con alguien que manosea tantos cadáveres." Conjeturaba, buscándole una respuesta lógica a mi aprensión. El único motivo que tuve para celarlo fue por causa de Susana, la vecina de al lado. A pesar que, hasta donde supe, ella nunca mostró  estar interesada en él, quizás por la misma razón que expliqué, o tal vez por temor o respeto a su esposo. No lo sé. De cualquier modo, la duda me vino porque Carl pasaba ratos acodado de la ventana que daba al patio de ella, donde ella solía invertir gran parte del dia atareada en su huerta. Ni de él ni de ella hubo nunca un rastro de flirteo. Sin embargo, mi instinto de mujer me hacía creer algo diferente, motivada tal vez por ese sesgo natural que muestran los hombres hacia la infidelidad. Entonces empecé a no creer mucho en lo del hogar perfecto y puse en entredicho la integridad de él. En consecuencia, recurrí a la invasión de su territorio personal, picada por la curiosidad. De este modo desencadené un espionaje intenso: revisaba su cartera a escondidas en busca de alguna carta o foto que lo delatara, examinaba los cuellos de sus camisas tras los rastros de alguna mancha de pintalabios, repasaba la lista de llamadas telefónicas que aparecían en la factura del teléfono, y seleccionaba algunos números telefónicos para luego llamar y comprobar si la persona que fuese a contestar iba a ser alguna mujerzuela, pero nada. Llamaba a su secretaria con frecuencia para preguntar por él, y siempre estaba en su lugar de trabajo. De ella no tenía sospecha porque era una mujer ya entrada en edad y de un aspecto físico no muy atractivo. En varias ocasiones hice que mi mejor amiga se hiciera pasar por una dama enamorada de él para tentarlo y ver la reacción que fuese a tomar, pero de plano le contestaba que era casado. Hurgué en cada rincón de su estudio, en donde pasaba largas horas engolfado en lecturas sobre anatomía humana, pero sólo logré topetarme con uno que otro ratoncito. Todo estaba bajo aparente orden. Mi hombre seguía siendo perfecto ante las evidencias de su lealtad.  

 

Una noche, escuché un bullicio venir de la casa de Susana. Me acerqué a la ventana para husmear lo qué ocurría. "La asaltaron y me la mataron." Escuché que dijo bien clarito el esposo de ella. "¡Por Dios!" Me dije, asustada. La noticia me provocó tanta tristeza que me armé de valor y fui a contarle a Carl lo de la tragedia. No sé aún con qué objetivo específico fui a decírselo, quizás porque, en el fondo, ella era la única mujer con quien lo llegué a celar y de algún modo quería desagraviar mi ojeriza hacia ella. ¿Ruindad? Tal vez. No lo sé.

 

Llamé un taxi y llegué a la morgue de la clínica en la que él fungía como director desde hacía unos meses atrás. Llovía esa noche. Había poca gente en la calle. Cuando llegué no encontré a la secretaria. El lugar estaba casi desolado. La desconfianza volvió a cernerse en mi mente. El ambiente pudo haber sido creado por él mismo para recurrir a su acto de infidelidad con alguna enfermera, por lo que actué con sigilo. Bajé a la morgue a hurtadillas. El ambiente era horroroso, las paredes estaban salpicadas de cuajarones de sangre, los que probablemente fueron a parar allá impelidos por el filo de la sierra cuando hacía crujir los huesos de los cadáveres. El olor fortísimo a aceite de trementina y cinabrio regado en todo el lugar me provocaron algunos vértigos, de los que me sobreponía al instante. Toda esta atmósfera roñosa estimulaba a mi corazón a que latiera de manera acelerada. Casi no llegaba a vislumbrar el escenario de las toberas, donde los cuerpos eran reducidos a pavesa. Sólo la fosforescencia de una luz que se filtraba a chorros por los ventanales, me servía como guía para mis vacilantes pisadas. Por un momento estuve al punto de desmayarme, aterrada por la escena tan escalofriante que se percibía en aquel lugar. Por los truenos supe que la lluvia arreciaba.

 

"No sé lo que hago aquí. Mis celos me han llevado muy lejos. Volveré a casa."  Me dije, avergonzada. Pero en el momento de disponerme a subir las escalaras, un ruido paralizó mi ser y volví la mirada hacia el lugar de aquel ruido. "Hay alguien aquí." Mascullé. Y me decidí a investigar si él estaba adentro. Caminé despacio, de espalda a la pared, mientras a la vista saltaba un cuadro tenebroso: dos hileras de crematorios cerrados, varias jofainas de porcelana emporcadas de sangre, un lote de escalpelos en igual condición, y luego esa mesa de acero en donde les incisan  la piel a los cadáveres, les  aserran los huesos y les sacan las vísceras, para luego dejarlos vacíos, y devolver la nitidez al amarillento cutis con química y maquillaje.  

 

Cuando ya estuve lo suficientemente cerca de donde provino el ruido aquel, vi dos cuerpos a contraluz socavándose sobre una mesa, me acerqué más, levanté la cortina con cautela, observé una lamparita de donde emanaba un hilillo de humo de incienso que cargaba todo el lugar de su aroma. Casi tiesa, seguí girando la cabeza y ahí, sobre una cómoda camilla descubrí al muy maldito. Lo escuché gemir de placer, aunque ella no parecía gozar del pecado. Mi mente se ofuscó a tal grado que fui a la mesita sobre las que reposaban los instrumentos de incisión. Tomé una daga y me propuse acabar con ambos. "Maldita perra." Musité, mientras me acercaba a consumar el crimen. Pero casi llegando, tropecé con una marmita de metal y caí sobre los muy malditos. "¡Isabel!" Vociferó él. El espanto que se dio fue tan grande que se desplomó de su nido pecaminoso y cayó sobre un objeto filoso que había cerca y de un tajo se infringió una herida mortal en el cuello. La sangre bullía profusamente y pronto quedó exangüe. Pero la ira me había cegado tanto que lo único que pensé fue en acabar de una vez por todas con la desvergonzada de su amante. La que creí desmayada. "¡Mírame a la cara puta de la mierda!" Vociferé, mientras la tomaba por el pelo, pero ella no se movía. La giré para saber de quién se trataba. "¡Susana!" Exclamé, aterrorizada. Estaba muerta. Mi esposo, señor Juez, me engañó con un cadáver. Tal vez no fue la primera vez que lo hacía. Yo, aunque deseaba darle muerte al muy desgraciado, yo, señor Juez,  no lo maté, se lo juro por Dios que yo no lo maté, fue un accidente...   

 

AH, ESA, TU VOZ

martes, 30 de octubre del 2007 a las 23:31
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Ah, esa, tu voz

Jhovanny Marte Rosario

 

29 de octubre de 2007

1:35 p.m.

 

Picture 196.jpg

 

 

Para ti y por ti Clary de mi vida.

 

Ah, esa, tu voz:

Rumor de ola que solfea en la lejanía,

y que de a poco me regala alegría.

Chiar de pájaro en arrullo

recogido en su nido.

Sutil silbido de viento

que roza mi ventanal

y me reclama un beso infinito.

Ráfaga atrevida de terneza

que atraviesa las fibras de

mis instintos y los doma con gracia.

 

Ah, esa, tu voz:

Arroyuelo que moja de sosiego

mi alma turbulenta.

Que aplaca mi ira

y doblega mi

bárbara conducta.

 

Sí,

sólo tu voz

puede serenar

mi ferocidad, mi demencia.

Sólo tu voz puede calmarlo todo.

Como la voz de Jesús

cuando le hablaba a la brava

mar y la sometía a su llamado de quietud.

 

Ah, esa, tu voz:

Caída grácil de cascada

que refresca la aridez

de mis desalientos.

Umm, rocío disperso por el campo

que bautiza mis pies de nuevos bríos.

ahh, pareciera como

 si todas las notas dulces del

Danubio Azul fuéronse a adormecer

en tus labios, mujer.

 

Ah, esa, tu voz:

Danza de cisnes enamorados

que distrae mis constantes lamentos.

Aquesta quintaesencia que equilibra

mi universo interno.

Éter misterioso

que nutre mi mundo de armonía.

 

 

Ah, esa, tu voz:

 Gajo de luz

que se escurre sobre mi ventana

y  empapa mi alma de una nueva vida.

 

Sí,

Es como si todas alas

de las mariposas del mundo

fueran a reposarse en tu boca.

 

Así es tu voz, mujer:

Aura boreal silenciosa.

Éxtasis de paz.

Verso embriagado de lirismo.

La mejor intérprete del Amor.

.

 

 

 

 

SOY

domingo, 21 de octubre del 2007 a las 23:59
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SOY

Jhovanny Marte Rosario

20 de octubre de 2007

7: 43 p.m.

 

 

  • 1- SOY UN SER VIVO. SOY ALGUIEN.

Cada vez que me levanto por la mañana agradezco a Dios por el milagro de la vida. Por mi vida. Me toco y me siento, es decir, existo. Soy tangible. Soy alguien. Soy más que una sarta de células. Soy de carne y hueso, pero una carne y unos huesos especiales. Soy un ser humano. Dios me otorgó el privilegio de ocupar un espacio en su universo. Soy su creación. Mi conducta debe estar a la altura de un ser humano. Debo comportarme como un ser humano racional. Yo pienso porque soy un ser humano dotado de la facultad de la reflexión. Debo ser digno de ser llamado ser humano. Tengo aliento, respiro, tengo vida, y una vida privilegiada en condición humana.  

  • 2- SOY AMOR. SOY SENTIMIENTO.

Soy feliz porque doy y recibo amor. En mi corazón no hay espacio para albergar rencores ni resentimientos, sólo hay espacio para amar. Cuando doy amor mi vida se transforma en algo especial. Mi corazón se llena de una satisfacción tan íntima que a nadie digo, porque nadie lo comprendería. Mas me basta con saber que dando amor me humanizo. Y como sé que dando amor se recibe una paz interior indescriptible, no dejo que pase un día sin brindar amor a todo lo que me rodea. Doy amor sin esperar recibir nada a cambio, ya que el amor es ante todo un acto de abnegación, no un acto de egoísmo, o malicia. Doy amor porque el amor me da la oportunidad de asemejarme a un ángel, que sólo sabe dar y sentirse bien con tal cosa. Soy hijo del Ser Supremo, soy hijo del Amor.   

  • 3- SOY DISCIPLINA. SOY METODO.

Sé que todo en esta vida tiene un precio y debo pagarlo. De mi depende mi éxito. Soy la deidad de mi propio sistema de cosas. Y como soy responsable de mi statu quo, pues simplemente no caigo en despilfarro, ni en gula, ni en orgía, ni en desatinos. No soy perfecto, pero sí perfectible. No soy extremista, siempre busco el punto medio de las cosas. Soy Ley de gravedad. Soy Balanza. Soy una estructura humana organizada. Hago lo correcto, no lo que me conviene por egoísmo. Cumplo las reglas de mi ambiente. Soy el constructor maestro de mi propio destino.  

  • 4- SOY AHORRO. SOY PREVISOR.

Como a veces la vida me presenta situaciones dificultosas, me preparo para tales casos de fortuitas carencias. Cobro mi jornal, cumplo con mis compromisos, invierto, ahorro y dejo algo para un merecido disfrute. Soy el contador de mis propias finanzas. Sé cuando algo es accesorio o básico. Le doy el valor al dinero que merece, no más de ahí. No lo adoro, no lo ambiciono ciegamente, simplemente lo busco por necesidad social. El dinero no es ni nunca podrá ser mi dios, sino un recurso más (de los tantos que hay en el mundo) para moverme en la sociedad con decencia. Soy dueño de mi miseria y de mi riqueza. Soy mi propio accionista. Soy mi propio banquero.

  • 5- SOY MAÑANERO. SOY EL RELOJ DE MI TIEMPO.

No permito que la pereza me empobrezca o me haga perder la oportunidad de empezar el día con ventajas. Yo me levanto primero que el sol. Llego a tiempo a mis labores y por tanto, el día me rinde y las cosas me salen como deben ser. Cumplo. Tengo tiempo para todo, porque yo controlo mis actividades. A cada cosa le tengo un tiempo reservado. Evalúo los sucesos del pasado, para mejorar mi porvenir y vivir el presente en abundancia. Sé distribuir mi tiempo de manera tal que todos mis compromisos sociales y personales queden satisfechos. Soy el tiempo de mi tiempo. Todo lo hago pensando en el momento, ya que el pasado se fue y el mañana nunca llegará. Soy el ahora.    

  • 6- SOY SOCIEDAD. SOY CIRCUNSTANCIA.

No estoy sólo. Soy parte de un conglomerado de seres vivos y cosas. Yo soy ellos y ellos son yo. Somos un equipo unido. Yo soy importante para ellos y ellos para mí lo son también. Somos piezas de ajedrez, pero con el mismo valor. Si me dan jaque mate a mí, se lo dan a ellos también y viceversa. Somos un todo. Todos me deben algo y yo les debo algo a todos: compromiso, identificación con el grupo, respeto, dignidad. Soy parte íntegra de mi hábitat. Yo soy el mundo y el mundo es yo.

  • 7- SOY FE. SOY ESTIMA.

Creo en mí: en mis aptitudes, en mis virtudes. Sé que puedo conquistar el éxito. Soy obra hecha a imagen y semejanza de Dios. Soy especial. Soy poder. Soy voluntad. Soy un credo perfecto. Soy un conquistador de la vida. Soy excelente. Soy luz. Soy un milagro de la vida. Soy mi propia fe. Mi religión personal es la autovaloración. Soy una montaña compacta de inquebrantable dureza. Soy fuerte.

  • 8- SOY SALUD. SOY FUERTE.

La vida terrenal no es para siempre, por lo tanto no me la acorto ni con alcohol, ni con drogas, ni con cigarrillos, ni con mi malhumor. Digiero alimentos nutritivos. Me desenvuelvo en un ambiente limpio. Mi aspecto físico está bien cuidado. Mi cuerpo y mi mente, en buen estado, me permiten vivir el tiempo justo en este planeta. La vida no es problemática, es lo que es: una oportunidad que me dio el cosmos para mejorar el sistema,  un chance para dejar mis huellas impresas en los anales de la Historia de la Humanidad. Yo puedo convertirme en parte del problema o en parte de la solución en la Tierra. Como es mi decisión ser lo que deseo ser, opto por ser parte de la solución. De este modo todo esto me trae una satisfacción personal que me da como resultado, salud y longevidad. 

  • 9- SOY TRABAJADOR. SOY DIGNO DEL PAN.

El trabajo que realizo es bueno porque me mantiene ocupado en algo productivo y no me deja caer en vicios nocivos. Cuando trabajo, gano yo y gana la sociedad. El trabajo es un bien común. Como sé que soy un ente creativo y competente, lucho para superarme a mí mismo. Lucho por ser eficiente en mi trabajo. Batallo por aportar ideas para el crecimiento de todos. Combato por realizar mi labor con la mejor de la calidad. Lidio por hacer de mi ambiente laboral un lugar habitable donde prime la solidaridad y el respeto al derecho ajeno. Digiero mi ración de alimento con satisfecho porque me lo he ganado con el sudor de mi frente. Soy el capataz de mi propio trabajo. Soy un trabajador digno de mi jornal.

  • 10- SOY ARTE. SOY INTELECTO.

Así como mi cuerpo me exige alimento sólido, también mi espíritu me reclama su alimento: el Arte. Por eso escucho buena música, leo buenos libros, pinto, contemplo todo lo que sea arte. Al alimentar mi espíritu de arte, se sensibiliza mi alma, a la vez que aumenta mi capacidad de razonamiento. Esta práctica me doma el instinto, a tal grado que doblega las briznas de mi irracionalidad. Si no sé cómo escribir, leo. Si no sé pintar, contemplo. Si no sé esculpir, admiro. Si no sé cantar, tarareo. Si no sé tocar un instrumento musical, lo escucho. Si no sé actuar, soy entonces espectador. No importa, lo importante es estar donde está el arte. Ser parte del arte es hacerme eco de mi condición humana, porque sólo el ser humano sabe forjar arte. Soy arte. Soy sensibilidad.   

  • 11- SOY MEDITACION. SOY CONTROL.

El alma necesita reencontrase con su universo interior, por eso me tomo un momento para estar a solas y poder conectarme con mi propio yo. Esto me da equilibrio mental. Esto me hace sentir bien conmigo mismo y con todo lo que me rodea. Cuando armonizo mi fuero interior, lo exterior se ordena como corolario. Pongo especial atención a mi salud mental ya que de esto depende mi equilibrio emocional. Además como sé que tanto la paz como la guerra empiezan en el corazón, jamás permito que en el mío se suscite el menor brote de barbaridad en perjuicio de la paz de todos. Me controlo. Soy tolerante. Soy armonía. No es difícil. Simplemente controlo mis emociones y mis sentimientos. Soy el domador  del potro salvaje de los instintos. Soy mi propio controlador.        

  • 12- SOY CREYENTE. SOY HIJO DE DIOS.

Sé que Dios existe. Sé que me tiene pendiente. Sé que me dará vida después de esta vida. Sé que mi comunión con Dios sólo Él y yo la comprendemos. Conozco el lenguaje celestial para unirme a Dios. Soy hijo de Dios. No soy un desecho en el universo. Soy alguien importante. Y como Dios sabe lo que yo quiero expresarle antes de que yo lo piense, simplemente le digo: Padre, que se haga tu voluntad y no la mía. Amén.  

Me importa poco

sábado, 13 de octubre del 2007 a las 03:23
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Me importa poco

Jhovanny Marte Rosario

11 de octubre de 2007

(8:45 p.m.)  

 

 

 

 

 

Me importa poco que se apague el Sol para siempre

y que todos nos quedemos a oscuras.

¡Qué me importa eso! 

 

Me importa un comino que el mar se seque por completo

y agonicen todos sus peces.

Sí, qué me importa esa desgracia. 

 

Me importa un bledo que un cataclismo

extermine a toda criatura del reino animal,

o que se derritan todos los glaciares de los polos.

¡Ja, qué me importa a mí ese pendejá! 

 

Me importa un carajo que un agujero negro

se trague todas las estrellas del universo,

o que a todas las personas se le muera un tío.

Sí, me importa un mabí. 

 

Me importa poco que a Dios

se le revelen todos sus ángeles,

o que Satanás se le acabe el carbón del infierno.

Sí, me importa una chupeta. 

 

Pero... pero despertar...

y no encontrarte a mi lado, mujer,

eso sí...

eso sí que me importa.

Mucho.

Ríe

miércoles, 10 de octubre del 2007 a las 00:05
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Ríe

Jhovanny Marte Rosario

 9 de octubre de 20071: 07 p.m. 

 

                                      

 

 

"El día más irremediablemente perdido es aquel en que uno no ríe."                                                                     Nicholas ChamfortRíe.

 

 

Jajajajajaja.

En la época que te toco nacer, disfrútala y ríe.

En el lugar que te puso la vida, mejóralo y ríe.

A los padres que te trajeron al mundo, agradéceles y ríe.

 

Aun sin dinero para pagar tus deudas, ríe.

En los chascos laborales y el desempleo, ríe.

En ese hastío que provoca la rutina, innova y ríe.

En los momentos de soledad, bendícelo y ríe.

En el momento engorroso de levantarte por la mañana,cuando los ojos están aún aletargados y el friíto te pide un poco más de cama, despabílate y ríe.

 

En la falta de fe que manifiestan los demás hacia ti, ríe.

En las pifias académicas, no desaproveches y ríe.

En los desengaños amorosos, no te despeches y ríe.

En la enfermedad, no te desesperes y ríe.

En la cárcel, no te dés por perdido y ríe.

No importa de qué raza seas, valórate y ríe.

No importa tu condición física, sé fuerte y ríe.

No importa tu estatus social, supérate y ríe.

 

En el aparente abandono de Dios, ten otro poco más de fe y ríe.

En la injusticia, reclama tus derechos y ríe.

En la crítica mordaz, concéntrate en tu vivir y ríe.

En la muerte de un ser querido, comode todos es la parca, pues ríe.

En las buenas y en las malas, ríe.

Y cuando estés en el momento lúgubre de tupropia defunción,

haz un último esfuerzo y ríe.

Y si ya no puedes mover los músculos faciales,

entonces ríe con la mirada.

¡No importa!

Lo que importa es reír.

¿Sabes por qué debes reír?

Porque en el poco tiempo que te dan de vida,

no vale la pena pasársela en lamentos.

Jajajajajajajaja.       

GLORIOSA MUERTE

lunes, 08 de octubre del 2007 a las 06:45
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Gloriosa muerte

Jhovanny Marte Rosario

19 de agosto  de 2005

10:36 a.m. 

 

 

 

"La lujuria no duerme. No me importa soy insomne."

Cuando irrumpieron en la iglesia, ya el sacristán dormía. Era una noche serena, la luna rutilaba en el firmamento, sólo el ladrido lejano de un perro corrompía la mudez nocturna de aquella atmósfera. Una vez adentro de la sacristía, dieron un fugaz vistazo al entorno y sin mediar palabras, él empezó a recoger todo tipo de utensilios litúrgicos, mientras ella sostenía, abierta, la ancha talega donde zambullían el botín.

 

–Tengo miedo, Giovanni murmuró ella, volviendo la mirada de izquierda a derecha con marcado reconcomio, mientras él saltaba,  en el intento por alcanzar un ovillo de crucifijos colgados de un gancho de acero incrustado en la pared junto al hábito del sacerdote. 

 

Silencio o despertarás al fariseo, Clara comentó él con chanza, al mirarla de soslayo por encima del  hombro izquierdo.   

 

Ella concentró sus pupilas a una cruz del Redentor que colgaba en la pared y tuvo por un instante la ligera sensación como si  el Cordero de Dios la observaba pertinazmente. Atemorizada,  se acercó, con talega al hombro, a una estatuilla de la Virgen María, la que yacía muda sobre una rinconera, con sus marmóreas manos en actitud de oración, cabizbaja, con su clemente faz. La miró de reojo y por un momento sintió que la Inmaculada oraba por sus pecados, entonces al embargarla un fuerte sentimiento de contrición, se abstrajo por un instante ante la vileza del latrocinio.  Fue pues, cuando él se acercó a ella, le acarició el hombro y díjole con voz suave:

 

No te apenes amor, que Dios no vive aquí, sino en el Cielo, Su verdadera Iglesia es el corazón del hombre, no estas piedras y baratijas ella se persignó y no musitó palabras, atemorizada.

 

Un haz de de luz, el cual se filtraba por una rendija del tablado carcomido, fue a dar en los ojos de ella y fue ahí cuando él pudo apreciar en ellos el fulgor metálico mezclado de espanto y lujuria. Quizás Como una ofrenda paraisiaca enhorabuena. 

 

–Clara, creo que ya tenemos bastante con esto, vayámonos propuso él, levantando la talega a la altura de su tórax, con la misma actitud de un pirata que enseña el botín birlado en alta mar. Ella dio una última ojeada al entorno del sagrado lugar y al sentir la aparente quietud de éste, resolló profusamente como un gesto de alivio.

 

Abandonaron  el lugar, medio agazapados y cuando ya franqueaban el altar, al pasar por la mesa donde se consagra el Cuerpo de Cristo, él la tomó de la mano y se detuvo con malevolencia, la miró con ojos lascivos, pero ella intuyendo el varonil deseo, comentó con voz tierna:

 

No, Giovanni, aquí no mi vida. Es un pecado.

 

Él se aproximó a ella, acarició su larga cabellera, y le susurró al oído:

 

Ni Dios ni Satanás desperdiciarían esta oportunidad si estuvieran en mi lugar. Dicho esto, la besó en el cuello con arrebato y tras el  beso electrizante se fue evaporando en ella, la actitud timorata. La talega cayó al piso y tras ella, sus ropas. Entonces fusionaron sus cuerpos como cal y arena y, ya enredados como hiedras, rodaron por todo el santo piso, socavando sus cuerpos, viendo abrirse a la vez, sobre ellos y debajo de ellos: Cielo e Infierno.

 

Y se amaron sobre la mesa, en el reclinatorio, en los bancos, en el confesionario y mientras sus almas se perdían en su irreverente concupiscencia, sus cuerpos destilaban gotas gruesas de sudor. Y cuando aquel volcán orgásmico hizo erupción sincronizadamente, el fragor de una pistola enmudeció los gemidos del placer para trocarlos en alaridos de dolor. Una sola bala atravesó los pechos de los amantes. Dejándolos… bañados en un charco de sangre. Cuando ambos, quejumbrosos, fueron entornando los ojos y sus espíritus abandonaban ligeramente los cuerpos, él sacó una fuerza descomunal de su interior y viéndola con ojos enamorados le dijo:

 

Mujer, gloriosa muerte esta, bendita seas… mujer.

 

A ella no le quedó más fuerza que para esbozar una leve sonrisa a flor de labios, entonces posó la mano derecha sobre la izquierda de él. Y consumado todo, ambos… expiraron.

 

Malditos herejes, esta es la Casa del Señor, no un burdel condenó el guardián de la iglesia, aún con pistola en mano.

 

Dicho esto, se persignó.Mientras dos luciérnagas surcaban el espacio hasta escaparse por una rendija del techo. A los lejos, el aullido lánguido de un perro sellaba, agridulcemente, el rito de aquella noche.      

Sobre el blog

Literaturaquisqueyana

Literaturaquisqueyana es un espacio creado para compartir Literatura con aquellas personas que realmente se identifican con la magia de la palabra.

La palabra libera, la palabra nos conduce a un éxtasis de satisfacción personal, la palabra nos brinda catarsis, la palabra nos envuelve en un paroxismo vivificador, la palabra nos transporta a dimensiones etéreas, la palabra enamora el corazón. La palabra mal usada puede que mate, pero es nuestra decisión de que ocurra lo lóbrego, porque el control de las emociones que causa la palabra es nuestro.Así como la palabra puede fusilar sentimientos, también puede que dé vida, vida en abundancia.

Aquí podrás acceder a la palabra que mitiga ¿Qué? !No sé! Lo que tú permitas. Aquí la palabra logrará que surja algo de ti ¿Qué? Ya lo dije una vez !No sé! Es una experiencia personal, una mística entre tú y la palabra.

La meta de esta página es y será uno solo: empapar el alma de literatura pura y desinteresada. La Humanidad se ha encargado de ponerle un precio a la palabra ajena. !Han hecho de ella un mercado ignominioso! Pero como paga han recibido un numen anquilosado; por eso a la mía nadie le pondrá un precio porque no está en venta. Así de simple para que nazca espontánea y pura.

Que tu estancia en este lar sea de tu agrado.

Un cálido abrazo,

el autor,


Jhovanny Marte Rosario


Santiago, República Dominicana.


jhovannymarte@yahoo.com

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