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LA VACA

lunes, 08 de octubre del 2007 a las 01:28
guardado en

La vaca

Jhovanny Marte Rosario

9 de agosto de 2007

12: 10 a.m. 

 

 "Sólo hay dos clases en esta tierra de hambre:
    los que nacen pa' morir y los que nacen pa' matar."

Adagio popular   

—¡Qué gorda está Margarita, compadre! —Exclamó Pancho al pasar por el alambrado de la vasta finca de don Rosendo, uno de los hombres más acaudalado de Río Adentro.  

—Ja, es que cuido muy bien a mis vacas, compadre. —Comentó don Rosendo, al tanto que le manoseaba las ancas a Margarita, la más consentida de todo el ganado vacuno. Entonces, hinchado de envanecimiento, se volvió al revejido de Ambrosio y ordenó:  

“Tráigame el caballo, Ambrosio que voy a dar una vuelta por el pueblo. Y llévese luego a Margarita y a La Pinta al pastizal del prado que está cerca del riachuelo.   

 —Sí Patrón, como uté mande. 

—Hoy, Ambrosio debemos ordeñar al menos veinticinco vacas y bañar los caballos. Trabaje, Ambrosio, trabaje mucho. No se amilane como la recua de haraganes que yo he botao´ de esta hacienda. Porque el trabajo, como decía mi padre, dignifica al hombre.  

—No se preocupe, Patrón, deje to´ en mi mano. Siempre me he llevao´ de su palabra sabia. Váyase tranquilo.  

Hacía frío esa mañana. El cielo estaba cargado de nubarrones que tendían como una franja plomiza en todo el horizonte. Las gallinas picoteaban, ansiosas, el maíz del suelo. Un olor fortísimo a café emanaba del fogón de la cocina, en donde estaba Bernarda, la enclenque mucama de la hacienda, en los aprestos cotidianos del desayudo de don Rosendo, el que por lo regular consistía en: un cúmulo de yuca, algunos huevos fritos, dos o tres tajadas de aguacate y un jarro de leche caliente. Y junto a la suculenta pitanza, yacía el fino cachimbo de don Ambrosio, de costado, listo para una buena fumada y ofrendar su especialidad: cáncer de pulmón.  

 —Échemele muy bien los ojos a las vacas, Ambrosio. Mire que en toda esta tierra no hay vacas tan lecheras como Margarita y la otra. Y si ve que va a llover, vuelva de una vez, no vaya a ser cosa que los caminos se enloden y se resbalen las vacas.  

—Claro, Claro, Patrón. Ahora mismo voy a buscar el fuete y el cabestro pa´ arriar las vacas —se dejó escuchar Ambrosio, a la vez que bostezaba ampliamente.     

—Vaya hombre, pero no haraganee mucho que tengo otras tareas que encomendarle. Recuerde que a quien madruga, Dios le ayuda. Uté sabe Ambrosio que las cosas no marchan muy bien que digamos por aquí, pero ya le haré un aumentito tan pronto mejoren los negocios. Así que trabaje mucho. Ah, y recuerde que mi progreso es suyo también.  

— Ya lo sé, Patrón. Ya lo sé.  

No obstante, desde que Ambrosio vino a atarearse en la hacienda de don Rosendo, las cosas fueron prosperando en gran manera. Los establos siempre estaban limpios, los abrevaderos con agua permanente, las leñas cortadas,  los manojos de paja puestos en su lugar, el conuco atendido con esmero, los caballos saludables y briosos, las vacas fértiles y bien cuidadas. Las decenas de litros de leche, la carne y las cosechas de los conucos, le reportaban cuantiosas ganancias a don Rosendo.  La confianza que el amo había depositado en el peón fue tal, que éste se fue desligando de a poco de los trajines de la hacienda, para desde luego, pasearse por todo el pueblo a sus anchas, alternando las juergas en las cantinas con el ron y las mujeres, sumado a su ludopatía.  

—Jum, a mi me parece que hoy va a llover antes de la cuenta —razonó Ambrosio, al sentir una brisita gélida en la piel, la cual le hacía estremecer los huesos a ratos.  

“Será mejor que me apure o me voy a joder. 

Y así fue. Poco más o menos de una hora después, el cielo dejaba caer sus amenazantes goterones de agua.  

—¡Carajo! ¿A dónde estará el tarado de Ambrosio? La gente mientras más vieja se pone, más lenta se torna —comentó don Rosendo, sentado a la mesa del comedor, a la vez que rasgaba con los dientes un trozo de carne de pavo.   

 —¡Caray! No veo a Margarita. ¿Adónde dianche se habrá metido la condena´? —expresó Ambrosio, perturbado. 

La lluvia arreciaba en todo el campo. Ambrosio por su parte fue tras la pista del animal, abriéndose paso entre abrojos y cambronales mientras la lluvia repiqueteaba sobre su cuerpo. Bordeó caminejos. Subió cuestas empinadas. Vadeó el arroyo de la Hondonada. Pisoteó lodo. Clavose espinas. Docenas de cadillos se le fueron adhiriendo al raído y emporcado ropaje. Pero nada. La vaca no aparecía por ningún lado. El tiempo pasaba raudo y Ambrosio no lograba dar aún con el paradero de Margarita. Hasta que al fin la encontró, arrimada a un nervudo framboyán. Cuando Ambrosio llegó a la hacienda, don Rosendo se encontraba en su tina, como de costumbre, dándose un baño de leche para cuidar su rubicundo y grueso cuerpo.    

—Bernarda, dígale al Patrón que yo ya llegué y lo quiero ver pa´ explicarle la razón de mi tardanza—solicitó Ambrosio desde el umbral de la puerta, empapado y hediondo a ubre y mierda de vaca.  

—Mire, Ambrosio el amo está muy molesto con usted por haber uté llegao´ tan tarde. Mejor váyase a su rancho y vuelva mañana tempranito a disculparse, antes de que el Patrón lo corra de la hacienda como a un perro —dijo ella con los ojos desencajados.  

—¡Caray! Ojalá y el Patrón no me eche de la hacienda mañana. Necesito e´te trabajito pa´ mantenerme y enviarle algo a los muchachos. 

—Entonces déjese de hablar bobadas y haga lo que le digo Ambrosio. Váyase y cómase algo que le dejé en la mesa. Pa´que vea  uté lo misericordioso que ej´ el patrón con uté, que a pesar de uté meterle la pata, le mandó algo de comer.  

—Tiene uté razón, Bernarda. No se puede ser mal agradecio´ en la vida. Ha´ta mañana. 

Dicho esto, Ambrosio volvió sobre sus pasos rumbo a su rancho. Se detuvo bajo el alero de éste, a desprenderse el lodo de las botas con un pedazo de madera. Entró y vio, hastiado, constantes goteras que caían de la techumbre de canas. Suspiró hondamente, se despojó de su ropaje y quedó en su huesuda escultura. Entonces se dejó caer en la silla de guano y ahí, en la desvencijada mesa encontró: un pedacito de pan y un jarrito de leche, ya fría. Entonces tomando la vasija por el asa, musitó cabizbajo: 

—¡Caray! Ojalá que no me eche del puesto el patrón. Necesito trabajar…                            

La Santa Cena

viernes, 05 de octubre del 2007 a las 05:45
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La Santa  Cena

Jhovanny Marte Rosario

24 de septiembre de 2007

(7: 20 p.m.)  

 

                                        

 

 

¨Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros,

sería oportuno saber si no se están muriendo de hambre.¨ 

(León Tolstoi) 

 

 

–Tengo hambre, ma –comentó el muchacho, mientras las tripas volvían a producir otro inoportuno borborigmo. 

 

 Ella, acongojada, pasó las descarnadas manos sobre el estómago del hijo y, comentó con un metal de voz casi quebrado: 

 

–No te preocupes, mi´jo que tu papá llegará pronto con la cena. 

 

Él, chasqueó la boca, volvió la mirada a una réplica de La Santa Cena colgada en la pared, luego la volvió a la madre, y curioso, inquirió: 

 

–Ma, ¿Dios existe?  

 

 –¡Claro, mi´jo! 

 

–¿Y a Dios le da hambre como a nosotros, ma?  

 

–Claro que sí mi vida, pero el alimento de Dios es espiritual. 

 

–¿Y Dios tiene mucha comida espiritual en su casa, ma?

 

 La madre se quedó ensimismada por un rato. Pasó la mano sobre la carita lívida del muchacho y soltó un hondo suspiro. 

 

"Ma, ¿Dios tiene mucha comida en el Cielo?"

 

–insistió el vástago, al tanto que se mordisqueaba las uñas de manera recurrente. Ella vaciló por un instante ante la pregunta. Hundió la mirada mortecina a la referida pintura de Da Vinci y dijo, sin bajar el rostro: 

 

–Sí, mi´jo. Él tiene mucho maná.      

 

 –¿Entonces, por qué no nos envía a un ángel para que nos traiga un chin? 

 

–Pues… pues porque Dios y los ángeles están muy ocupados allá arriba en otras cosas. 

 

El muchacho se quedó pensativo por un momento. Se manoseó el estómago… miró a la madre, quien ya se cabeceaba del sueño y dijo:  

 

–Ma, yo quiero ser un dios. 

 

–¡Qué dices, mi´jo! No blasfemes. ¿Para qué quieres ser tú un dios?  

 

–Pues… para… para hacer que los papás de los niños lleguen temprano a la casa con la cena. 

 

En esa se la pasó el muchacho, hasta que la madre se durmió. Cuando de repente, alguien golpeó a la puerta con los nudillos. Ella se despertó de sobresalto. El muchacho fue a abrir y volvió con una funda de papel en la mano. 

 

–Ramoncito, ma. Dijo que papá no viene ahora, que vaya preparando algo con esto. 

 

La madre tomó la funda con ansiedad, la destapó y sacó de ella: dos panes y media libra de azúcar.  

 

–Ma… –¿Qué mi´jo? 

 

–¿Vamos a cenar lo mismo de anoche? 

 

–Sí, pero sólo hasta que tu papá llegue. 

 

La madre echó el azúcar en una lata, la disolvió en agua de tinaja, llenó un jarrito y se lo pasó al hijo, junto con los dos panes. 

 

–Ma… ¿Y tú no vas a comer pan?  

 

–No. Comételo tú, mi´jo, que yo no tengo hambre. 

 

–Ah, ¿Igual que anoche, ma? 

 

El niño mojó los panes en el agua dulce y se los comió con voracidad. Satisfecho, le dio un beso en la mejilla a la madre, le pidió la bendición y se fue a dormir. La madre se quedó de pie bajo el dintel de la puerta con los brazos entrecruzados por debajo de los senos. Meditó casi dos horas. Se cansó de esperar al marido, quien como en otras ocasiones, no se presentó al hogar. Entonces se colocó frente al cuadro de La Santa Cena y, murmurando algo entre los dientes, lo apeó del clavo para cambiarlo mañana por algunos víveres en el mercado. Finalmente se fue a acostar junto al hijo, pero antes guardó su jarro de agua de azúcar en la tinaja, para dárselo al muchacho por la mañana, por si acaso…

Me aterra

domingo, 30 de septiembre del 2007 a las 21:39
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te amo un paquete

Me aterra…

Jhovanny Marte Rosario

27 de septiembre de 2007 (1:45 p.m.) 

                                      

                                te amo un paquete                             

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve;

con lo que se imagina basta.” 

 Jacinto Benavente 

 

  

 

  Me aterra cuando te quedas pensativa,

y te escapas de nuestra realidad. 

 

Me aterra saber 

que  el vacío de tu taciturna mirada

se traga mi presencia a ratos.

Y me pregunto:

¿Será otro que gravita en tu mente? 

 

Me aterra encontrarte ensimismada

en el balcón de tus fantasías,

mientras, el horizonte de la impúdica distración 

me borra de tu mundo.   

 

Me aterra sospecharte,

en tus segundos de fugas,

en las nubes de un desliz imaginario. 

 

Me aterra cuando te abstraes,

acodada a la ventana

y el silencio traba tus palabras,

y se oxida lo que somos

en el escarcha desdeñosa 

de tu retiro ficticio. 

 

Me aterra cuando te embotellas en tu mutismo;  

 y todo lo que te circunda 

deja de ser durante la fuga:

Las flores, la poesía, el hijo, yo… 

 

Me aterra cuando enmudeces

y adoptas una aire de intimidad;

y no me hablas

y no me piensas,

tal vez porque tu boca

la besa otro hombre.

Quizás... quizás porque ya te perdí.       

 

Inconformismo

domingo, 16 de septiembre del 2007 a las 17:22
guardado en

Inconformismo…

Jhovanny Marte Rosario

16 de septiembre de 2007 (8:10 a.m.)         

  

A ti Clary, musa de mi inspiración.  

 

 

 Hay momentos en los que:

Me peleo con la vida,

y rabeo con las circunstancias,

y pataleo por causa de Dios

que no me da la cara,

y araño las paredes del resbaladizo tiempo

que se me escapa tan vertiginoso

 y me mata, puñetazo a puñetazo, la existencia,

y me altero con la brevedad de la alegría

que se estrella de frente con lo fortuito

y ¡zas! Se me trunca en zumo acre que no puedo libar,

y me lamento de no ser como el universo, omnipotente y eterno…,

y me confieso un desafecto de esta vida,

un alma rebelde,

un inconforme, 

un despechado… 

 

Y al punto de saltar en el vacío

 de la desesperanza total,

contemplo,

extasiado,

esa carita tuya radiante de serenidad

y esa sonrisa tuya de ayer,

de hoy

y de mañana,

y mi inconformismo se desvanece,

y me doblego ante tu gratitud por la vida,

y me enamoro del vivir otra vez,

y renazco otra vez,

y sencillamente te amo...

Déjà vu y jamais vu

domingo, 29 de julio del 2007
guardado en

Déjà vu y jamais vu

Jhovanny Marte Rosario

29 de julio de 2007

1: 10a.m.

   

 

Muchas cosas inspiran a un poeta para crear sus poesías:La soledad, la noche, la luna, las estrellas, la lluvia y toda una pléyade de gansadas. A mí, sin embargo, me inspira tú, Clary.    

 

No.

Ya no lo es.

Ya lo nuestro

no es un déjà vu.

No es sueño.

Es real. 

No es una sensación

imaginada.

Ya lo es. 

 

El amor.

Nuestro amor,

todo lo ha convertido

en algo innegable:

Los besos.

Las caricias.

El sexo. 

El amor.

Nuestro amor

todo lo ha vencido:

El tiempo.

La distancia.

El embuste. 

 

Por eso,

ja,

déjalos, ma 

que se perturben

con sus  mamarrachadas.

Déjalos que

sueñen despiertos.

Déjalos que experimenten

intensas sensaciones

de jamais vu

por nuestra causa.

Déjalos que se  ofusquen

con nuestra realidad.

Déjalos que sean infelices

con nuestra felicidad.

Déjalos, ma.

Déjalos. 

Pero antes,

diles que lo nuestro

no sólo son versos

ni fantasia pueril.

Diles que todo es verdad.

Díselo, ma.

Díselo.  

 

Sí.Recuérdales

que tú y yo somos

tangibles y también etéreos

a la vez.

Recuérdaselo, ma.

Recuérdaselo.     

Tengo ganas

viernes, 27 de julio del 2007
guardado en

Tengo ganas

Jhovanny Marte Rosario

27 de julio de 2007 12: 20 a. m.

                                                                                                 

 

Pa´ ti solita, ma.  

 

Tengo ganas. 

¿De qué?

Ja…  

No te hagas.

Tú lo sabes. 

 

Tengo ganas

de tu gana.

 

Tengo ganas

de morder

la fruta de tu sexo.

De castigar la travesura

de tu piel.

En tu lecho.

En cualquier parte. 

 

Tengo ganas

de tragarme el jarabe

 que chorrea

de tu carne.

De madrugada.

A cualquier hora. 

 

Tengo ganas

de empapar la espalda

de tu deseo

con el agua

de mi frenesí. 

 

Tengo ganas

de arañar los gemidos

de tu boca.

De revolcarme

en los rescoldos

de tus pecados.

¡Infierno adentro!

 

 Tengo ganas

de batirme

a duelo contigo.

Yo/ con la espada

de mi lengua.

Tú /con el sable

de la tuya.  

 

Tengo ganas

de cabalgar

en los hipódromos

de tus senos.

En el establo

de la perdición.

A campo abierto.

¡Qué importa! 

 

 Tengo ganas

de tocar el algodón

de tu abdomen.

De sentirte revuelta

en el yerbajo

de mi pecho. 

 

Tengo ganas

de poseerte

y gemir.

De que me goces

y callar.

De perder

los sentidos.

El pudor. 

 

Tengo ganas

de temblar

en tu epicentro.

De hacer quebrar

los cristales

de tu ser. 

 

Tengo ganas

de invocar

tu nombre/

en el éxtasis.

De blasfemar contra Dios/

en la erupción.

En el alud. 

 

Tengo ganas

de vaciar en ti/

lo que te llena

de mí.      

Conseguiré una varita mágica

martes, 24 de julio del 2007
guardado en

Conseguiré una varita mágica

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

22 de julio de 2007

 11: 00 p.m. 

 

  

 

                        

Pa´ ti,  ma... con amor.   

 

 

Sí. 

 

Conseguiré

una varita mágica

y haré que desaparezca

toda la raza humana

de la faz

de la Tierra.

 

Tocaré todos los países

y los convertiré

  en charcuelos

        por doquier.     

 

 

Entonces...

Nos convertiremos

en dos lindas ranitas.

Verdecitas.

Para croar

bajo la luna,

el canto eterno

del amor,

en el silencio

de una 

noche mágica. 

 

 

Tú y yo.

Flotando en el nenúfar

de un amor

puro e infinito.

 

Tú y yo,

chiquita mía.

Eternamente

solitos

en el mundo.  

MARTILLO Y CLAVO

martes, 17 de julio del 2007
guardado en

Martillo y clavo

Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

15 de julio de 20079: 05 a.m. 

                         

 

 

 

A ver, 

¿No es el amor

como martillo

que golpea cuando quiere

y saca chispas de la cabeza

de vez en cuando,

y si le parece,

te inserta el clavo

de una ilusión

en los más profundo

de tu pecho? 

 

Si no lo es,

entonces

contestadme:

 

 ¿No ha sido tu corazón

golpeado cruelmente

por alguien,

alguna vez,

con la fuerza de un martillo

hasta quedar hecho

una mierda? 

 

¿No has sentido incrustrarse

algún día

el clavo de la decepción

en la madera

de tu existencia

hasta sentir el acero frío

del desengaño

desgarrar las entrañas

de tu sosiego?

 

 Decidme: 

¿No te han raspado del pecho

el moho de alguna tristeza

de a poco,

y como un acto

de ingratitud

te lo han devuelto

en dosis aumentadas

hasta corroer,

impotente tú,

lo que pensaste una vez

eterno? 

 

¿Acaso

no ha llegado alguien

a tu vida y ha intentado

extraer de tu interior

el clavo torcido

de un pasado insípido

que te habías empeñado

en no recordar más,

pero que en el intento

ese alguien simplemente

fracasó? 

 

Explicadme:

 

 ¿No se te ha doblado

en el trayecto

el clavo dúctil

de alguna venganza,

que adrede tratabas

hundir en alguien

por no haber cumplido

el pacto de amor,

pero que como paga

a tu impericia

sólo lograste machacar

el dedo torpe

de tu propia desdicha? 

 

¿O no se ha presentado

alguien a tu vida

y ha procurado meterte

en el alma

los clavos inservibles

de un amor indefinido.

Y los incrustó

con acierto,

y afirmó el sueño,

pero pronto los extrajo

a la fuerza

para llevárselos

para siempre? 

 

Decidme: 

¿No es el amor

martillo

y clavo

a la vez?    

 

Sobre el blog

Literaturaquisqueyana

Literaturaquisqueyana es un espacio creado para compartir Literatura con aquellas personas que realmente se identifican con la magia de la palabra.

La palabra libera, la palabra nos conduce a un éxtasis de satisfacción personal, la palabra nos brinda catarsis, la palabra nos envuelve en un paroxismo vivificador, la palabra nos transporta a dimensiones etéreas, la palabra enamora el corazón. La palabra mal usada puede que mate, pero es nuestra decisión de que ocurra lo lóbrego, porque el control de las emociones que causa la palabra es nuestro.Así como la palabra puede fusilar sentimientos, también puede que dé vida, vida en abundancia.

Aquí podrás acceder a la palabra que mitiga ¿Qué? !No sé! Lo que tú permitas. Aquí la palabra logrará que surja algo de ti ¿Qué? Ya lo dije una vez !No sé! Es una experiencia personal, una mística entre tú y la palabra.

La meta de esta página es y será uno solo: empapar el alma de literatura pura y desinteresada. La Humanidad se ha encargado de ponerle un precio a la palabra ajena. !Han hecho de ella un mercado ignominioso! Pero como paga han recibido un numen anquilosado; por eso a la mía nadie le pondrá un precio porque no está en venta. Así de simple para que nazca espontánea y pura.

Que tu estancia en este lar sea de tu agrado.

Un cálido abrazo,

el autor,


Jhovanny Marte Rosario


Santiago, República Dominicana.


jhovannymarte@yahoo.com

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